El último informe de vigilancia genómica sobre el SARS-CoV-2 del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) correspondiente al mes de junio muestra que el sublinaje BA.5 de la variante Ómicron representa el 11.1% de las muestras secuenciadas del virus.
La subvariante BA.5 gana terreno en Panamá, ya que para mediados del pasado mes de junio era de 5%, según los reportes del Icges.
Los científicos en junio pasado secuenciaron un total de 198 casos, de los cuales 22 (11%) correspondieron al sublinaje BA.5. Mientras que la predominante fue una recombinación entre BA.1 y BA.2 con 92 casos (46.5%) seguida por 76 (38.4) de BA.2.
También circula la BA.4, ya que con la secuenciación genómica se detectaron 6 casos (3%). El resto fue de BA.1, según el documento del Instituto Gorgas.
La pregunta que surge entre la población es por qué esta subvariante es un asunto importante, pues los estudios científicos señalan que la nueva subvariante BA.5 es muy distinta a la versión original de Ómicron y que la inmunidad producida por una infección previa con otras variantes no protege contra la BA.5, y aunque las vacunas protegen contra la forma severa de Ómicron, no lo hacen eficientemente contra dicha infección.
Es decir, que las personas que se enfermaron de covid-19 recientemente pueden volver a ser vulnerables al virus SARS-CoV-2.
El infectólogo, pediatra e investigador clínico, Xavier Sáez-Llorens, manifestó que la subvariante de Ómicron BA.5 es mucho más transmisible y evade parcialmente la respuesta inmune inducida por vacunación o infección previa.
Además, añadió que luego de la eliminación de la obligatoriedad del uso de la mascarilla, debe haber, por tanto, educación permanente sobre las herramientas de protección personal.
Recientemente, el secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Eduardo Ortega Barría, explicó que esta subvariante BA.5 tiene entre 20% y 30% más de probabilidades de transmitirse sobre las otras variantes, por lo que la expectativa es que reemplace a esos otros sublinajes.
De acuerdo con Ortega Barría, hasta ahora no existen diferencias clínicas claramente establecidas con otras subvariantes. Por el momento, la información que tienen sobre este sublinaje corresponde a una publicación en modelos de animales, que da cuenta, por ejemplo, que en hamsters parece ser más virulenta. Pero hasta ahora no hay evidencia en humanos.

