Los sobrevivientes de la tragedia del autobús 5B-54, en Los Planes, distrito de Gualaca, provincia de Chiriquí, en la que perdieron la vida al menos 40 personas migrantes, siguen su proceso de recuperación, algunos todavía hospitalizados.
Aquel fatídico viaje dejó secuelas, sobre todo en uno de los grupos más vulnerables: niños, niñas y adolescentes. De momento, la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) informó que ha identificado a familiares de cinco de los 16 menores de edad que viajaban en el autobús 5B-54.
De ese total, nueve son niños y niñas que se mantienen en el Hospital Materno Infantil José Domingo De Obaldía y seis son adolescentes que se encuentran en el Regional Rafael Hernández. Ambos centros hospitalarios están en Chiriquí.
Se contactó al director médico del Hospital José Domingo de Obaldía, Johny Parra, quien informó que todos los niños que están hospitalizados en ese centro ya salieron de cuidados intensivos y están en diferentes salas en proceso de recuperación.
“Es una buena noticia y algunos de ellos ya han conversado con sus padres. Se puede decir que se encuentran estables”, acotó Parra.
En ese contexto, Senniaf detalló que algunos adultos, también víctimas del accidente y que podrían ser familiares de los menores de edad, están todavía convalecientes, por lo que ciertas entrevistas no han sido posibles.
Según la entidad, continúan preliminarmente verificando los vínculos entre los pasajeros del bus accidentado y también procurando el contacto con familiares en sus países de origen, en conjunto con otras autoridades y la asistencia de delegaciones diplomáticas.
Eso implica un abordaje psicoterapéutico de corta estancia para no revictimizar a los afectados y respetando los tiempos de recuperación dictaminados por los médicos.
Además, plantearon que la verificación de los vínculos se realiza a través de documentación, asistencia de las embajadas o consulados, entrevistas y, de ser necesario, pruebas de ADN.
En medio del drama, hay personas que esperan reencontrarse con alguno de sus seres queridos. Tal es el caso del ecuatoriano José Pérez, quien desde su país contó a La Prensa que en el accidente, ocurrido el pasado 15 de febrero, perdió a varios familiares; no obstante, le llegaron noticias de que uno de sus sobrinos está vivo.
“Nosotros no tenemos los recursos para trasladarnos a Panamá. Suplicamos a las autoridades de ambos países que nos ayuden con más información, sobre el estado de salud de nuestro familiar y cómo podemos hacer para reunirnos con él”, puntualizó.
El suramericano perdió en esta tragedia a su cuñada Gladis Maritza Llasag, quien viajaba junto a su esposo Jonathan Javier Cruz. Su destino final era Estados Unidos, donde los esperaban otros familiares.
Los números
Los informes del Servicio Nacional de Migración dan cuenta que, hasta el pasado 15 de febrero, cruzaron Darién 7 mil 626 menores de edad, de un total de 38 mil 112. Eso supone un 20% de todos los migrantes que arribaron al país, por esta peligrosa zona selvática.
Para tener una idea, durante las largas jornadas a pie por la selva, los caminantes se exponen a múltiples peligros, incluyendo la violencia sexual, tráfico y explotación, así como a la falta de agua potable y alimentos, picaduras de insectos, ataques de animales salvajes y el crecimiento súbito de ríos.
A su vez, los menores de 5 años, quienes representan el 50% de la niñez migrante, son particularmente vulnerables a sufrir diarrea, deshidratación y otras enfermedades.
Organismos internacionales como la Agencia de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) hace un llamado a los distintos países de la región a tomar acciones para proteger a la niñez migrante, sin importar su origen.
No acompañados
Uno de los principales problemas que están detectando las autoridades es la cifra de menores de edad que llegan a Darién, sin la compañía de sus padres.
De hecho, el 2022 cerró con una cifra nunca antes vista de niños que llegaron a las estaciones receptoras de Darién o albergues sin la compañía de sus progenitores: en total, niños, de los cuales se comprobó que 295 venían bajo la tutela de un tío o hermano mayor, con permiso de sus padres en su país de origen. Mientras, en otros 118 casos, los padres se quedaron rezagados en la selva y llegaron días después a Darién.
Además, hubo tres casos en los que no se pudo dar con el paradero de un familiar. En estas situaciones generalmente se presume que los progenitores fallecieron durante la exigente caminata, entre ríos y jungla, la cual puede tomar hasta siete días.
Según Senniaf, cuando detectan a menores de edad que viajan con familiares que no son sus padres, la entidad intenta verificar, por medio de las distintas embajadas, la autorización y vínculos consanguíneos de parentesco. La mayoría de estos casos se da con adolescentes entre 15 y 17 años de edad.


