Panamá mantendrá sin cambios su Esquema Nacional de Inmunización. En Estados Unidos (EUA), el gobierno del presidente Donald Trump impulsa modificaciones a las recomendaciones federales de vacunación infantil, entre ellas una mayor separación entre algunas vacunas.
La decisión estadounidense, anunciada el 10 de agosto, plantea limitar a 11 las vacunas consideradas esenciales para todos los niños y propone administrar por separado algunas inmunizaciones. Entre ellas está la vacuna MMR, que protege contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis.
El cambio ha generado un debate sobre los calendarios de vacunación infantil, el peso del riesgo individual frente al poblacional y las posibles consecuencias de espaciar algunas dosis.
En Panamá, el Ministerio de Salud (Minsa) sostiene que el esquema nacional responde a la realidad epidemiológica del país y no contempla modificarlo como consecuencia de las medidas adoptadas en EUA.
El tema también ha llegado al ámbito científico. El infectólogo pediátrico Xavier Sáez-Llorens advierte sobre los posibles riesgos de reducir o separar las vacunas. Por su parte, el epidemiólogo y director del Centro Carson, Jean Paul Carrera, plantea que los esquemas deben revisarse periódicamente a partir de la evidencia científica y que cualquier modificación debe evaluarse mediante indicadores epidemiológicos.

¿Qué cambió en EUA?
El presidente Trump firmó una orden ejecutiva que impulsa una reducción de las recomendaciones federales de vacunación infantil a 11 inmunizaciones consideradas esenciales. También planteó separar la MMR en vacunas contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, así como administrar otras vacunas infantiles en visitas diferentes.
La administración Trump ha defendido el cambio como una forma de ofrecer lo que considera una protección “de referencia” y de acercar las recomendaciones estadounidenses a las de otros países desarrollados.
La decisión también ha estado acompañada de cuestionamientos sobre la cantidad de vacunas que reciben los niños y de afirmaciones sobre una posible relación entre las vacunas y el autismo.
Sin embargo, la evidencia científica disponible no respalda una relación causal entre las vacunas infantiles y el autismo. Organizaciones médicas y expertos han señalado que las modificaciones anunciadas no están sustentadas en nueva evidencia que demuestre que espaciar las vacunas sea más seguro o eficaz.
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El cambio tampoco significa que todos los estados estadounidenses deban aplicar automáticamente el mismo calendario. Aunque el gobierno federal establece recomendaciones, los estados mantienen competencias sobre sus políticas de vacunación y los requisitos para la asistencia escolar.
Minsa: Panamá no cambiará su esquema
El Minsa, a través del Programa Ampliado de Inmunización (PAI), mantiene su posición de no modificar el esquema nacional como consecuencia de las decisiones adoptadas en EUA.
En marzo pasado, cuando el gobierno de Donald Trump anunció medidas relacionadas con la obligatoriedad de algunas vacunas, la jefa del PAI, Itzel de Hewitt, dejó clara la posición de Panamá.
“Nosotros no vamos a cambiar nuestro esquema porque cada país es soberano en sus acciones de salud pública”, afirmó Hewitt en ese momento.
La funcionaria explicó que cada país es soberano para establecer sus políticas de salud pública y que las decisiones sobre vacunación deben responder a su realidad epidemiológica.

Esa posición se mantiene ante las nuevas recomendaciones anunciadas en EUA. La decisión estadounidense no implica una modificación del esquema de inmunización que se aplica en Panamá, que responde a las necesidades epidemiológicas y sanitarias del país.
De acuerdo con el Minsa, el PAI cuenta con unas 20 vacunas que protegen contra enfermedades específicas, además de vacunas para el manejo de brotes e inmunoglobulinas.
El esquema panameño ha incorporado vacunas combinadas y otras inmunizaciones conforme han cambiado las necesidades de salud pública. Una vacuna puede ser retirada cuando la enfermedad que previene ha sido controlada o eliminada, pero estas decisiones deben considerar la evidencia científica y la situación epidemiológica nacional.
La política de inmunización panameña está respaldada por la Ley No. 48 del 5 de diciembre de 2007, que regula el proceso de vacunación y establece disposiciones para la prevención de enfermedades inmunoprevenibles.
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Xavier Sáez-Llorens, pediatra infectólogo e investigador del Hospital del Niño
Es una decisión nefasta para la salud infantil, basada más en ideología que en ciencia.
Sáez-Llorens advierte sobre los riesgos
El infectólogo considera que los posibles riesgos de reducir las vacunas infantiles y separar la MMR pueden superar cualquier beneficio teórico.
El especialista sostiene que la hipótesis de que administrar varias vacunas simultáneamente podría contribuir al autismo ha sido refutada por estudios epidemiológicos de gran tamaño. Además, enfatiza que no existe evidencia de que separar la MMR o administrar las vacunas en diferentes visitas disminuya el riesgo de autismo.
A su juicio, la modificación estadounidense tampoco responde a nueva evidencia sobre la seguridad de las vacunas, sino que supone un cambio en un esquema construido durante décadas con base en evidencia sobre eficacia, inmunogenicidad, seguridad y epidemiología.
Para Sáez-Llorens, uno de los principales riesgos es que separar las vacunas termine provocando una menor cobertura de vacunación.
Una vacuna combinada permite proteger al niño contra varias enfermedades en una sola visita. Si la MMR se divide en tres consultas, aumentan las posibilidades de que alguna de esas citas no se concrete.
La pérdida de citas, los problemas de transporte, el ausentismo laboral de los padres, las dificultades económicas y el abandono de dosis posteriores pueden dificultar el cumplimiento del esquema.
El especialista advierte que esto puede profundizar las desigualdades, porque los niños de familias con mayores barreras sociales pueden tener más dificultades para acudir a múltiples citas médicas.
Espaciar las vacunas también puede prolongar el período durante el cual los niños permanecen vulnerables a enfermedades prevenibles.
El objetivo de un calendario de vacunación, explica Sáez-Llorens, es proteger al niño cuando comienza a estar expuesto al riesgo y no cuando resulta más conveniente desde el punto de vista logístico.
Esto es especialmente relevante frente a enfermedades como el sarampión, la tosferina, la enfermedad neumocócica, la meningitis por Hib, la poliomielitis y la varicela.
El especialista considera desafortunado el momento de la decisión estadounidense debido al resurgimiento del sarampión y al descenso de las coberturas de vacunación. Por su elevada transmisibilidad, pequeñas disminuciones en la cobertura pueden tener consecuencias epidemiológicas importantes.

Carrera: los esquemas deben evaluarse con evidencia
El epidemiólogo Carrera plantea una mirada complementaria sobre el tema.
Desde una perspectiva científica, señala que los esquemas de vacunación deben revisarse periódicamente a medida que cambia la epidemiología de las enfermedades y se genera nueva evidencia.
Carrera explica que la vacunación basada en el riesgo y la decisión compartida entre el profesional de salud y la familia no son conceptos nuevos, pues ya forman parte de las recomendaciones para determinadas vacunas y situaciones clínicas.
“Más que centrarnos en el número de vacunas, lo importante es evaluar cada recomendación según la carga de enfermedad, el riesgo individual y poblacional, y la evidencia disponible sobre seguridad y efectividad”, plantea.
A su juicio, los efectos de cualquier modificación deben observarse mediante indicadores como las coberturas de vacunación, la incidencia de enfermedades prevenibles, las hospitalizaciones y la aparición de brotes.
Confusión para las familias
Sáez-Llorens también advierte que la modificación puede generar confusión entre los padres estadounidenses debido a la coexistencia de diferentes recomendaciones.
La Academia Americana de Pediatría mantiene sus recomendaciones rutinarias de vacunación infantil, mientras el gobierno federal impulsa un esquema diferente. A esto se suma que los estados conservan competencias sobre los requisitos de vacunación escolar, por lo que no necesariamente todos aplicarán las mismas reglas.
Para el pediatra infectólogo, una política de inmunización requiere claridad y uniformidad para garantizar que los niños reciban las vacunas necesarias en el momento adecuado.
También plantea sobre una posible erosión de la confianza en la ciencia y en el sistema de salud pública. La vacunación depende no solo de disponer de vacunas, sino también de la confianza de las familias, la aceptación, la adherencia y coberturas suficientemente altas para mantener la inmunidad colectiva.
Mientras EUA abre un nuevo debate sobre cuántas vacunas deben recibir los niños y cuándo administrarlas, Panamá mantiene su esquema sin cambios. El desafío, más allá del número de vacunas, sigue siendo garantizar que cada niño reciba la protección necesaria en el momento adecuado y que las decisiones de salud pública se mantengan guiadas por la evidencia científica, la realidad epidemiológica y la confianza de las familias.

