Uno de cada tres niños en Panamá vive en pobreza; en comarcas supera el 80%

Más de 482 mil niños viven en pobreza en Panamá, con brechas territoriales que superan el 90% en algunas zonas como la comarca Ngäbe Buglé y evidencian la desigualdad que enfrenta la niñez.

Uno de cada tres niños en Panamá vive en pobreza; en comarcas supera el 80%
En Panamá, la pobreza es más marcada en las comarcas indígenas. En esas áreas del país, alcanza el 90% de su población. Archivo

Panamá ha aprendido a medirse en cifras de crecimiento. Sin embargo, hay indicadores que, más que avances, revelan las grietas de ese progreso. Uno de ellos es la pobreza infantil.

Un reciente estudio titulado “Pobreza infantil en Panamá: un abordaje territorial de la pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia”, presentado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Banco Mundial y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), pone en evidencia una realidad persistente: el 35% de los niños, niñas y adolescentes del país vive en condición de pobreza, mientras que el 16% lo hace en pobreza extrema.

Detrás de ese porcentaje hay una cifra que dimensiona el problema: más de 482 mil niños viven en pobreza en Panamá. Se trata, además, de una población más vulnerable que el promedio nacional, ya que la pobreza infantil supera en 13 puntos a la registrada en la población total, lo que confirma que la niñez enfrenta condiciones más adversas que el resto de la sociedad.

Las cifras, más allá de su peso estadístico, delinean una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto el crecimiento económico ha logrado traducirse en bienestar para la niñez?

El dato nacional, aunque contundente, no alcanza a describir la magnitud del problema. El informe introduce un elemento clave en el análisis: el territorio.

No todos los niños en Panamá enfrentan las mismas condiciones. Y esa diferencia no es marginal: es determinante.

En las comarcas indígenas, el 83% de la infancia vive en pobreza y el 55% en pobreza extrema, cifras que contrastan drásticamente con otras regiones del país. Allí, la pobreza no es una excepción ni una fase transitoria. Es una condición estructural.

Pero incluso esas cifras quedan cortas frente a algunos territorios específicos. En determinados distritos del país, la pobreza infantil supera el 90%, reflejando niveles extremos de exclusión que convierten la desigualdad en una condición casi total.

Este contraste revela la existencia de un país fragmentado, donde el lugar de nacimiento condiciona de forma directa las oportunidades de desarrollo.

Uno de cada tres niños en Panamá vive en pobreza; en comarcas supera el 80%

Desigualdad dentro de la desigualdad

El estudio va más allá de las diferencias entre regiones y muestra que las brechas también se reproducen dentro de las propias provincias.

En Veraguas, por ejemplo, la pobreza infantil alcanza apenas el 15.7% en el distrito de Santiago, mientras que en Santa Fe se eleva a 78.7%. La distancia no es solo geográfica. Es social, económica y estructural.

De hecho, el informe advierte que distritos dentro de una misma provincia pueden duplicar o incluso triplicar los niveles de pobreza, lo que evidencia la profundidad de las desigualdades territoriales.

Este tipo de disparidades pone en evidencia las limitaciones de las políticas públicas diseñadas desde promedios nacionales, que tienden a diluir las realidades locales.

La medición a nivel de corregimiento permite observar con mayor precisión dónde se concentra la pobreza y, en consecuencia, dónde deberían concentrarse los esfuerzos del Estado.

El informe insiste en una idea que redefine el problema: la pobreza infantil no puede entenderse únicamente como falta de ingresos.

En términos concretos, significa que un niño puede no comer adecuadamente, no asistir a la escuela o crecer sin acceso a servicios básicos que condicionan su desarrollo.

Acceda al estudio completo aquí:

Adjuntos

Informe FINAL Pobreza Infantil_comp.pdf

Sus efectos son más amplios y, en muchos casos, irreversibles.

“La pobreza afecta negativamente el desarrollo cognitivo, físico y emocional de los niños y no se limita a la falta de ingresos. Se traduce en menos oportunidades, menor acceso a servicios de calidad y mayores barreras para su desarrollo integral”, señaló Sandie Blanchet, representante de la Unicef en Panamá.

En otras palabras, la pobreza infantil no solo condiciona el presente, sino que compromete el futuro.

Los datos también permiten identificar patrones claros en los hogares más afectados.

La pobreza impacta con mayor intensidad a los niños en la primera infancia, una etapa crítica para el desarrollo de habilidades. De hecho, el 37% de los niños entre 0 y 6 años vive en pobreza, una incidencia superior al promedio nacional.

Uno de cada tres niños en Panamá vive en pobreza; en comarcas supera el 80%

Además, es más frecuente en hogares numerosos y en estructuras monoparentales lideradas por mujeres. Entre los niños en pobreza extrema, una proporción significativa vive en hogares con jefatura femenina, lo que evidencia una dimensión de género en la desigualdad.

El tamaño del hogar también incide de forma directa: mientras en hogares con dos niños la pobreza ronda el 21%, en aquellos con cuatro hijos puede alcanzar el 50%, reflejando cómo las condiciones económicas se deterioran conforme aumentan las cargas familiares.

Estas condiciones, lejos de ser aisladas, tienden a acumularse, generando entornos donde las oportunidades son limitadas desde el inicio.

El resultado es un ciclo que se reproduce de generación en generación.

El desafío de la política social

Desde el Gobierno, el informe es visto como una herramienta para afinar la respuesta institucional.

La ministra de Desarrollo Social, Beatriz Carles de Arango, destacó que el documento ofrece evidencia clave para comprender la magnitud de la pobreza infantil y orientar políticas públicas más focalizadas.

“El informe permite dirigir los esfuerzos hacia una atención más equitativa y efectiva, priorizando a las poblaciones más vulnerables”, indicó.

En esa línea, el Mides, con apoyo del Banco Mundial y Unicef, impulsa iniciativas orientadas a mejorar la eficiencia del gasto social y ampliar la cobertura de programas dirigidos a la niñez.

Entre ellas figuran el Registro Social de Hogares, que busca optimizar la identificación de beneficiarios; el etiquetado presupuestario de niñez, para dar seguimiento a la inversión pública; y un Presupuesto Basado en Resultados para la Primera Infancia.

A esto se suma la expansión de los servicios de atención integral, a través de los Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (CAIPI), con énfasis en las zonas con mayores rezagos.

Invertir en la niñez: una decisión estratégica

Desde el Banco Mundial, el enfoque es claro: atender la pobreza infantil no es solo una obligación social, sino una inversión en el futuro del país.

“Asegurar que la niñez que más lo necesita reciba apoyos oportunos desde la primera infancia es clave para desarrollar las habilidades que sostendrán la productividad, el empleo y el crecimiento en el largo plazo”, señaló Juan Pablo Uribe, director de la División del organismo para Centroamérica y República Dominicana.

La advertencia no es menor. Sin intervención temprana, las brechas tienden a ampliarse, y con ellas, las limitaciones para el desarrollo económico.

Panamá ha demostrado capacidad para generar riqueza. Sin embargo, la distribución de esa riqueza sigue siendo desigual, especialmente cuando se observa desde la perspectiva de la infancia.

Uno de cada tres niños en Panamá vive en pobreza; en comarcas supera el 80%

Además, aunque la pobreza ha mostrado una tendencia a la baja en las últimas décadas, el informe advierte que esta reducción se ha estancado en los últimos años, lo que plantea nuevos desafíos para la política pública.

El documento plantea, de forma implícita, una deuda pendiente: convertir el crecimiento en oportunidades reales para todos.

Cerrar las brechas territoriales no es una tarea inmediata ni sencilla. Requiere inversión sostenida, políticas diferenciadas y, sobre todo, una comprensión más precisa de la realidad social del país.

El costo de no actuar

Ignorar la pobreza infantil tiene consecuencias que trascienden lo social.

Cada niño que crece en condiciones de pobreza enfrenta mayores dificultades para acceder a educación de calidad, integrarse al mercado laboral y contribuir al desarrollo del país.

Cada brecha que no se cierra hoy se traduce en una desigualdad más profunda mañana.

La pobreza infantil, vista desde el territorio, funciona como un espejo incómodo.

Refleja no solo las carencias de ciertos sectores, sino también las limitaciones de un modelo de desarrollo que no ha logrado integrar a todos.

Mientras el lugar de nacimiento siga determinando el destino de un niño, Panamá continuará dividido entre quienes acceden a oportunidades y quienes quedan al margen.

Cerrar esa distancia no es solo un reto social. Es, en esencia, el desafío más importante para el futuro del país.


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