Panamá vuelve a mirar hacia una de sus deudas históricas: la educación. Tras años de diagnósticos repetidos, promesas políticas y reclamos ciudadanos, la Asamblea Nacional se prepara para recibir una nueva propuesta de reforma educativa que promete abrir un debate largamente postergado.
El diputado independiente y presidente de la Comisión de Educación, Cultura y Deporte de la Asamblea Nacional, Jorge Bloise, confirmó en entrevista con La Prensa que presentará el proyecto durante estos días, antes de que concluya el actual periodo de sesiones ordinarias. Su intención es que la discusión formal inicie en el siguiente periodo legislativo.
“Vamos sí o sí con la reforma educativa; no podemos seguir igual”, afirmó Bloise, al defender la urgencia de transformar un sistema que, a su juicio, se quedó atrás frente a las necesidades del país.
La iniciativa legislativa surge en paralelo a los esfuerzos del Ministerio de Educación (Meduca), entidad que también trabaja en su propio proyecto de reforma educativa para modernizar el sistema nacional, lo que anticipa un debate amplio sobre el rumbo que debe tomar la enseñanza en el país.
El anuncio llega en un momento especialmente sensible. Panamá mantiene brechas de aprendizaje frente a otros países de la región, enfrenta planteles con problemas estructurales, deficiencias de conectividad y una creciente percepción de deterioro en la calidad educativa.
Bloise aseguró que la reforma fue uno de sus compromisos centrales desde antes de llegar a la Asamblea. Recordó que, incluso durante su campaña, ya planteaba la necesidad de impulsar cambios profundos en el sistema educativo.
“Tenemos 30 años hablando de educación, pero ha sido muy duro que eso se materialice. Diagnósticos sobran; lo que hace falta es ejecutar”, sostuvo.
Ahora, dijo, busca dejar en manos del país una propuesta concreta que recoja consensos construidos durante años y que permita modernizar una estructura legal considerada obsoleta por distintos sectores.
Aunque el texto completo será revelado al momento de su presentación, el diputado adelantó que la iniciativa se sostendrá sobre cuatro pilares principales: currículo, evaluación, descentralización y carrera docente.
En currículo, el debate apunta a revisar qué están aprendiendo los estudiantes y si los contenidos responden a las exigencias del mercado laboral, la innovación y la ciudadanía actual.
En evaluación, se busca establecer mecanismos más eficaces para medir resultados, corregir fallas y elevar los estándares de calidad.
La descentralización, explicó, permitiría una mayor capacidad de decisión en las regiones educativas y comunidades, mientras que la carrera docente incluiría ajustes relacionados con formación, méritos y desarrollo profesional.
“Son temas no negociables que vamos a defender”, afirmó.
‘Le estamos cerrando puertas a miles de jóvenes’
Uno de los mensajes más duros de Bloise estuvo dirigido a las consecuencias sociales del rezago educativo. Según expresó, Panamá no puede seguir permitiendo que la escuela pública falle precisamente a quienes más dependen de ella.
“No podemos seguir dejando a niños, niñas y jóvenes atrás en un sistema que les está cerrando las puertas”, manifestó.
El diputado vinculó directamente la calidad educativa con la pobreza, el empleo y la inseguridad. A su juicio, mientras el país no eleve el nivel de enseñanza, seguirá limitado en competitividad y movilidad social.
“La educación es la llave para salir de la pobreza, para conseguir un mejor trabajo y para crecer como ser humano”, recalcó.
Bloise también respondió a quienes interpretan sus cuestionamientos como ataques personales contra la ministra de Educación Lucy Molinar. Negó esa versión y aseguró que sus críticas están dirigidas a problemas estructurales del sistema.
“No es nada personal. Lo que pasa es que hay muchas carencias y sería ser cómplices quedarnos callados”, dijo.
Entre los asuntos que considera urgentes mencionó la alimentación escolar, la falta de computadoras, el acceso irregular a internet, la infraestructura deficiente y la escasa capacitación docente.
Sostuvo que Panamá ha crecido económicamente durante décadas, pero no ha logrado convertir ese crecimiento en una educación pública robusta y competitiva.
“Seguimos por debajo de la media regional y así no vamos a avanzar como país”, señaló.
Quizás una de las frases más impactantes de la entrevista fue la relacionada con el sacrificio económico de muchas familias panameñas.
“Aquí hay mucha gente endeudada por pagar un colegio particular, porque sienten que es la única esperanza de que sus hijos tengan una buena educación”, afirmó.
La observación refleja una realidad creciente: hogares que recurren a préstamos o ajustan severamente sus finanzas para costear educación privada ante la pérdida de confianza en la oferta pública.
Para Bloise, ese fenómeno evidencia una fractura profunda en el sistema y una señal de alerta que no puede seguir ignorándose.
Detalles del anteproyecto:
El reto político
Presentar el proyecto será apenas el primer paso. La iniciativa deberá superar debates legislativos, negociaciones entre bancadas y, eventualmente, la sanción del Ejecutivo.
El diputado dijo esperar respaldo multipartidista y pidió que el debate no se limite a la clase política. Invitó a docentes, padres de familia, estudiantes, universidades, empresarios y sociedad civil a involucrarse.
“Este esfuerzo tiene que ser ciudadano. La educación que queremos para nuestros hijos la tenemos que construir entre todos”, sostuvo.
Panamá ha intentado en distintas ocasiones impulsar una gran reforma educativa, pero los procesos han tropezado con resistencias políticas, gremiales o falta de continuidad.
La propuesta anunciada por Bloise vuelve a colocar el tema en la agenda nacional. Esta vez, en medio de una economía exigente, empleos más competitivos y ciudadanos que demandan mejores oportunidades para sus hijos.
La incógnita ya no es si el sistema necesita cambios. La pregunta es si el país, finalmente, está dispuesto a hacerlos.


