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‘Yo pude salir adelante gracias a personas que se acercaron a donar sangre’: Gabriel Rebollón

El doctor Gabriel Rebollón Guardado es médico de medicina general, preventiva y corporativa. En 2006, siendo estudiante de medicina, formó parte de un grupo que conoció de primera mano la escasez de sangre en los hospitales panameños y se organizó para promover la donación voluntaria. De ese grupo nació la Fundación Sangre Panamá, de la que Rebollón es presidente y director ejecutivo.

En el año 2005, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 14 de junio como el día mundial del donante de sangre.

¿Cómo llegaste a ser el presidente de Sangre Panamá?

Nací con un hermano gemelo que se llamaba Raúl y, en ese momento, ambos necesitamos donaciones de sangre. Para mis papás fue bastante difícil. Yo pude salir adelante; mi hermano, lamentablemente, falleció. Crecimos entendiendo que yo pude salir adelante gracias a personas que se acercaron a donar sangre. Cuando empecé a practicar en el hospital como estudiante de medicina, encontré situaciones muy parecidas: pacientes con su vida en riesgo por no tener sangre. Con mis colegas y hermanos, que también son médicos, decidimos hacer algo. Así surge el movimiento.

Cuando me llega un mensaje por WhatsApp de “se necesitan pintas de sangre para tal persona en tal hospital”, ¿qué está ocurriendo por la parte de atrás? ¿Mi sangre a dónde va si decido donarla? ¿Va a un banco de sangre? ¿Va a un hemocentro? ¿Se la dan a un vampiro?

Cuando vemos esos mensajes en redes es porque el sistema de salud ya no tiene la oportunidad de brindar esa unidad. También es una familia desesperada. Cuando las personas van a donar a nombre de esa persona, la unidad entra al grupo disponible del banco y se puede utilizar para esa persona o, si ya hay del mismo tipo, queda disponible para otra.

¿Tenemos una cultura de donación?

Al panameño le gusta ayudar. La donación la dividimos en tres grupos: la de reposición, que va dirigida a un familiar; la voluntaria, que se dona al hospital sin asignación a nadie, y la remunerada, que es ilegal.

‘Yo pude salir adelante gracias a personas que se acercaron a donar sangre’: Gabriel Rebollón
Doctor Gabriel Rebollón. Anel Asprilla

Abogado del diablo: si la gente no está donando, ¿por qué no pagar por hacerlo?

Cuando ofreces dinero, pones en riesgo que el donante sea honesto. Una unidad de sangre se convierte en parte del tratamiento de los pacientes y, como cualquier medicamento, tiene que ser un producto seguro. Nadie quisiera recibir una unidad que no cumple con los criterios de seguridad.

Importante hacer la aclaración, porque cuando pienso en un banco de sangre, pienso que es algo separado, una institución aparte. ¿Quiénes tienen bancos de sangre, quiénes no, se comparte la sangre?

Existe una red nacional de bancos de sangre que incluye a hospitales públicos y privados. Es una forma en la que los hospitales se mantienen en comunicación para, en caso de que requieran unidades de sangre o tengan que distribuirlas dentro del sistema, también compartir buenas prácticas. Cada hospital público o privado tiene su banco, a excepción de algunos que mantienen unidades de transfusión o de almacenamiento, pero reciben las unidades de otros hospitales dentro de la red. No existe el concepto de una institución aparte que tenga una reserva adicional a las de cada hospital.

¿Cómo estamos en términos de la cantidad de sangre que tienen estos bancos para poder suplir la necesidad?

Hay muchos panoramas. Uno puede ser que el banco no tenga el tipo de sangre porque es un tipo difícil, por decir O-, que existe en un porcentaje más bajo de la población; o puede ser un tipo positivo que la mayoría tiene, pero que a su vez se utiliza mucho. El segundo es que hay ciertos hospitales donde el criterio para realizar una cirugía es asegurar que el paciente cuente con las unidades de sangre, plasma o plaquetas. Entonces se le pide al paciente que las consiga, no necesariamente porque no haya, sino para asegurar que, cuando el proceso se haga, cuente con eso.

¿Cómo estamos en términos de donación voluntaria y hacia dónde queremos ir?

La OPS y la OMS establecen que los países deben tener un 100% de donación voluntaria. Cuando empezamos hace 20 años, el porcentaje era bajísimo.

Hace unos años manejaban cifras de 1%, 6%...

Hoy día estamos en un 13%. Ha sido un trabajo titánico. Tenemos el gran reto de llegar al 100%, y es algo que podemos lograr.

Yo pensaba que era una pintita de sangre para una sola persona. ¿Cuánto ayuda realmente la donación de una persona?

Una unidad de sangre se divide, como mínimo, en tres componentes: glóbulos rojos, plasma y plaquetas. En hospitales pediátricos, se puede dividir en múltiples unidades para ayudar a más bebés. Y podemos hacerlo cada tres meses, a partir de los 18 años y hasta los 65. Los extranjeros en Panamá también son bienvenidos a hacerlo.

¿Cuáles son algunas de las barreras que ves al momento de donar sangre?

Una de las primeras es que no todo el mundo conoce el concepto de donar sangre o la función de un banco. Número uno: hay que educar y hay que visibilizar. Lo otro son las personas que están tomando algún tipo de medicamento, que limita temporalmente la donación: antibióticos, anticoagulantes, analgésicos, tratamientos para el acné. Pero hay otros que, de acuerdo con la condición de la persona, la excluyen.

¿Eso necesita reforma legal? Porque está la ley del hemocentro, que existe desde 2018. Si ya está la ley, es un asunto de ejecución. ¿Nos hace falta ejecución o más ley?

El hemocentro era parte de una ley que incluía una actualización en la reglamentación. Esa parte se hizo, pero hoy lo que requerimos es actualizar el reglamento de evaluación del donante y eso no necesariamente tiene que ser una ley, sino algo que tienen que hacer las autoridades. También hay un anteproyecto en la Asamblea que habla sobre diferentes métodos para incentivar a otros sectores a apoyar esta causa.

La comunidad LGBTIQ+, tengo entendido, no puede donar sangre. ¿Esto está fundamentado en ciencia?

Estos reglamentos fueron creados bajo otro panorama tecnológico y social. Hoy las pruebas son mucho más específicas. Lo que se requiere es una actualización de los reglamentos. El fin es que la donación sea un proceso inclusivo, cumpliendo los requisitos.

¿Desde hace cuánto no se actualizan, más allá de este tema?

Las tecnologías avanzan y permiten que causas que antes eran factores excluyentes ya no lo sean. Hace 20 años, las personas con tatuajes estaban excluidas permanentemente, porque los centros no cumplían los requerimientos. Hoy, un centro de tatuajes debe cumplir los mismos estándares que una institución de salud, y pasaron de una exclusión permanente a una ventana de seis meses. Uruguay actualizó su reglamento para permitir que más comunidades donen. Canadá hizo investigación, evaluó estadísticas y fue disminuyendo limitantes hasta que hoy permite que esas personas sean donantes.

Hace poco, en enero, se habló de un desabastecimiento. ¿A qué respondió eso?

Las autoridades dijeron claramente: si no aumentamos el número de donantes voluntarios, en pocas semanas vamos a tener una escasez grave. Ese tipo de llamados no se hacen siempre; usualmente, los anuncios se hacen cuando ya no hay sangre. Esta fue una situación diferente, que permitió que hospitales y organizaciones trabajaran de manera conjunta. Desencadenó un movimiento muy bonito.

¿Qué puede hacer una persona que está leyendo esto?

En Instagram, busquen @sangrepanamá. Y, segundo, busquen el banco más cercano a su casa o a su trabajo y anímense a donar. No tienen que esperar a que sea para alguien que conocen. La necesidad de sangre en los hospitales es diaria. Es una urgencia nacional.


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