De Rufino Tamayo a Sergio Hernández

De Rufino Tamayo a Sergio Hernández
Rufino Tamayo fue un pintor mexicano.

Por fortuna, el arte latinoamericano está muy bien representado en el escenario mundial, y en ese contexto sobresalen dos grandes pintores vanguardistas mexicanos que se suceden en el tiempo: Rufino Tamayo, quien falleció en 1991, y Sergio Hernández, que le ha dado continuidad a su legado. Ambos de Oaxaca, la cuna de los grandes pintores mexicanos.

El color y la textura son rasgos de una pintura siempre moderna y siempre primitiva que caracteriza la obra de estos dos grandes artistas. Tamayo utilizó la densidad del color y la calidez de sus texturas terrosas para recuperar ese sentido primigenio de la creación plástica, logrando calar con sus creaciones, en los orígenes de la pintura misma, redescubriendo de esta forma, la autonomía de la figura, la independencia de la composición, y la libertad del color, siempre por encima de los significados, directrices y normas que dicta la academia.

De Rufino Tamayo a Sergio Hernández
Obra de Rufino Tamayo (Cortesía).

Por ello su estilo es difícil de encasillar en los convencionalismos pictóricos tradicionales. Tamayo fue un artista que perteneció a su tiempo, y logró desarrollar un arte complejo y al mismo tiempo muy simple, entrelazando tradición y vanguardia, sin quedar atrapado en el facilismo del arte costumbrista ejerciendo el oficio de pintor, de manera extraordinaria y sorprendente. Por ello, sus obras de valor contemporáneo, tienen un mensaje místico cifrado en el tiempo y un espacio indefinido y atemporal. Supo conjugar con maestría su herencia mexicana y el arte prehispánico con las vanguardias internacionales, creando verdaderas obras maestras que perdurarán en el tiempo.

En tiempos modernos, para acercarse a la obra de Rufino Tamayo y comprender la magnitud de su talento es imprescindible visitar el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, y admirar allí sus murales marcados por el color, la perspectiva, la armonía y la textura. Sin duda Rufino Tamayo fue y seguirá siendo uno de los pintores mexicanos, y por ende latinoamericanos, más reconocidos a nivel mundial.

Por su parte, Sergio Hernández es considerado hoy por hoy, luego de la muerte de Tamayo, el artista mexicano más importante y representativo con que cuenta este país. Aunque no fue su maestro de manera directa, Sergio Hernández reconoce a Rufino Tamayo como la más fuerte influencia que ha tenido en su pintura.

De Rufino Tamayo a Sergio Hernández
Sergio Hernández. Foto tomada de https://www.mexicoescultura.com/

Sus obras, de intenso colorido monocromático con veladuras, marcas y texturas combinadas con gruesas capas de pintura y arena, utiliza en ocasiones técnicas más propias de la alquimia para obtener sus vibrantes colores, muestran un mundo mágico extraído de sueños, historias o relatos prehispánicos o pasajes literarios, en donde insectos con cuerpo humano, animales surrealistas, circos y selvas alucinantes, son los actores y centros de acción de sus creaciones artísticas. Su fecunda imaginación echa mano de las mitologías y los arquetipos que la cultura mexicana ha creado a lo largo de la historia para representar lo sagrado, lo deseado y lo temido: monstruos de nuestra razón, jardines fantásticos, acervos entomológicos de la biología y el sueño.

De Rufino Tamayo a Sergio Hernández
Obra de Sergio Hernández (Cortesía).

Como otros artistas mexicanos, siguió el camino de la migración, que lo llevó de su natal Oaxaca a la ciudad de México y luego a París, donde exploró la expresión figurativa, que desde mediados del siglo XX había emergido en el viejo continente. Sintió especial interés por la obra del español Antoni Tapies y el cubano Wifredo Lam. En Francia conoció a su coterráneo Francisco Toledo, quien lo orientó en sus primeros acercamientos al gran arte europeo y con el que coincidió más adelante, de vuelta en México, con la ejemplar defensa del patrimonio artístico y cultural de Oaxaca.

La paleta moderna de Sergio Hernández ha logrado alcanzar plena madurez artística. Su obra moderna, continúa impregnada del mundo indígena y oaxaqueño con los códices e imágenes que atesora en su memoria, producto de las aguas nutricias de todos los afluentes de los que ha bebido. Allí, en la tranquilidad de su estudio en Oaxaca, el maestro continúa reinventándose a sí mismo cada día, produciendo arte para la posteridad.

El autor es escritor y pintor


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