El bestiario de Roosvelt Díaz

El bestiario de Roosvelt Díaz
Roosevelt Díaz Arosemena - Bestia flechada

Roosvelt Díaz (1963-2021) nació en Chitré, provincia de Herrera. Desde los inicios de su formación como artista, inevitablemente se nutrió de los fundamentos temáticos y estéticos, que identifican como hilo conductor, a la denominada Escuela de Azuero. Es por ello que, en el conjunto de su obra plástica de predominantes texturas terrosas y presencia iconográfica precolombina, se percibe la técnica y contenido visual primigenio encarnado en la obra del maestro Raúl Vásquez, su mentor. No obstante, en su desarrollo gradual como artista, Roosvelt Díaz logró producir y consolidar una propuesta de impronta propia, pletórica de una exuberante riqueza cromática, creando un submundo personal con los recuerdos visuales, entresacados de su entorno en aquel terruño interiorano donde nació.

De ese submundo onírico que le sirvió de inspiración, emergen confusos y alienantes, los pequeños gusarapos de las charcas, los perros y los gatos de las calles cotidianas, iguanas y lagartijas entrelazadas en su natural jolgorio y vital entre mezcla, además de extrañas formas desconocidas, que constituyen el presupuesto de un bestiario tropical amenazante, pero a la vez cotidiano y sublime. Todos estos elementos dan forma a una corte de monstruos de apariencia lúdica que se entronizan de manera armónica en nuestros sentidos, gracias al imaginario desbordante que Roosvelt Díaz, incorpora con maestría en cada uno de sus cuadros.

El bestiario de Roosvelt Díaz
Roosvelt Díaz.

Su arte podría considerarse como una aproximación o recreación estética de la naturaleza. Animales como lagartos, serpientes, iguanas y armadillos, nos vienen a recordar que el mundo de los humanos y el de los animales es uno solo. Haciendo gala de un poderoso sentido de la imaginación, Roosvelt Díaz construye criaturas híbridas entre lo humano y lo animal, que pueden ser a la vez, inquietantes y divertidas. Su fauna exótica habita en espacios con texturas iridiscentes, produciendo un efecto vibrante en los movimientos entrelazados de sus seres fantásticos, que parecen cobrar vida ante el espectador.

El artista nos propone, además, conceder una mirada, a ese pequeño espacio de la realidad muchas veces imperceptible que nos circunda, para detenernos a escrutar en sus diminutos habitantes, lo que tienen de inocentes y de terribles. Con relación a lo anterior, el maestro Pedro Luis Prados en el 2021, dijo refiriéndose al artista a raíz de su muerte, lo siguiente: “Ese bestiario sobrecogedor que surge como primera instancia de la impresión visual de su obra, no es, ni más ni menos, que nuestros permanentes acompañantes en la confusa fauna del trópico y que, de manera simbiótica, conviven en nuestros propios espacios”.

En efecto, los animales fantásticos de Roosvelt Díaz y su visión del mundo, no están alejados de la realidad en la que se crió. Son producto de los recuerdos de su niñez en el campo interiorano, donde la arcilla tiene otra impronta y un singular colorido. Donde las iguanas, ardillas y conejos muletos, forman parte del acontecer rural cotidiano. Su obra posee un lenguaje cargado de símbolos que convierten a los objetos y animales de su infinito bestiario, en pequeños mensajes, que nos conducen al significado profundo de lo humano.

El bestiario de Roosvelt Díaz
Su obra se nutre de imágenes cotidianas transformadas por la imaginación, dando lugar a un lenguaje visual donde lo real y lo onírico se entrelazan.

Otro de los aspectos más significativos y trascendentes de su obra, consiste en cómo logra que la figuración se encamine hacia la abstracción de manera sutil, transfiriendo al lienzo esta percepción visual, cuando las figuras se conjugan en coloridos esquemas de carácter circular, lo que le confiere a la imagen, una carga visual única y pletórica de elementos entrelazados y complementarios en perfecta armonía.

En el año 1996, su obra “Nidal de bichos” fue galardonada en la III Bienal en Panamá. A propósito de esta obra, recuerdo que, por coincidencia, lo visité en su estudio, en el momento en que estaba por iniciar el embalaje de la misma para enviarla al concurso, y antes de hacerlo, me pidió opinión. Le dije con total sinceridad que sin duda él sería el ganador.

Su sonrisa tímida de muchacho campesino, de hablar comedido y mirada esquiva nos dejó una obra madura y cimentada. Es el legado de un artista consagrado al arte. Su obra es un culto a lo ritual, a las tradiciones y a lo mítico que anida en la conciencia colectiva del panameño. Vivirás por siempre en nuestro recuerdo Maestro.

El autor es escritor y pintor.


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