El Brujo: Julio Zachrisson es el título de la película documental de 80 minutos, dirigida por Félix Guardia y producida por Tomás Cortés, que se exhibe en cines de Panamá, y que, con muy buen tino, intenta rescatar la memoria de este artista panameño, recorriendo su universo pictórico, su personalidad y sus variadas vivencias.
Se trata de un artista cuyo legado abarca casi seis décadas de prolífica creación entre pinturas, grabados y esculturas. En su particular lenguaje visual, Zachrisson conjugó el saber y la cultura ancestral de los pueblos originarios, con la tradición barroca de España y el humor zalamero y picante del trópico panameño.
Julio Zachrisson (1930 -2021) nació en el barrio de San Felipe, y a los 23 años salió del istmo en busca de su destino, con la absoluta convicción de llegar a ser pintor. Su primera escala fue en México, donde adquirió sus primeras destrezas en el arte del muralismo y el grabado. Pronto viajó a Europa donde encontró en el manejo del ácido y el metal una identificación plena con su espíritu indomable y agreste. De sus viajes y estancias en Italia, Francia y España, aprendió, exploró e integró gran parte del humor y misticismo simplista y en ocasiones la grotesca ironía, que caracteriza el conjunto de su obra.

Se estableció finalmente en Madrid, donde no solamente forjó su segunda patria, sino que allí consolidó su carrera como artista del grabado, técnica que dominó a la perfección. Tardó doce años en regresar a Panamá, desde su establecimiento en España. No obstante, nunca abandonó sus raíces. La panameñidad es muy evidente en su obra, a pesar de los años de ausencia.
Tanto es así, que el propio artista dijo en una ocasión: “Que nadie me confunda con un cosmopolita… un cosmopolita es un ser sin raíces. Siempre que por los caminos del mundo tropecé con algo sorprendente, al contemplarlo y sentirlo como mío, evocaba con fuerza mi procedencia… lo fundamental de mi visión del mundo, se encuentra aquí, en mi paisaje, en mi país.”
Zachrisson transformó con maestría el arte del grabado, creando obras con voz propia que unen la técnica y la imaginación, a una aguda y punzante crítica social, rodeada de magia e ironía siempre amena y refrescante.
Cada trazo marcado por el ácido sobre la lámina de cobre, habla de un artista que entendió la creación artística, como un acto de libertad absoluta, haciendo convivir en sus obras tanto a santos como a demonios; cuerpos y sombras en perfecta simbiosis. Lo sagrado y lo profano se entrelazan en una especie de conjuro estético, en cada una de sus creaciones.
La maravillosa colección privada del artista fue donada al Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (MAC), y la misma incluye todos los géneros practicados con maestría por Zachrisson -grabados, dibujos, pinturas y esculturas-, algo que nunca antes pudo verse en Panamá, donde el artista realizó muchas exposiciones en diversos espacios a lo largo de su vida, pero nunca de esta magnitud. Se trata de un muy generoso regalo no solo al MAC sino a Panamá y a los panameños. “Ahí tienen ustedes mi obra, que es el testimonio de mi panameñidad”, dijo al respecto el artista.
En 1997, el Gobierno de la época le otorgó a Julio Zachrisson la Orden Belisario Porras, como maestro y mentor de nuevas generaciones de artistas. En aquella memorable ocasión, Julio Zachrisson, nos recordó a todos que -el arte es una forma de desobediencia poética-.
Siempre pendiente de su patria a pesar de la lejanía. Curioso y atento, interesado por la gente común, la música y la alegría del panameño. Ese hombre que, como decía su compañera de vida Maricé Torrente: “mantenía vivas en el interior todas las edades. La curiosidad del niño, el ímpetu del joven, el temple del adulto, la sabiduría del anciano”.
Aunque ciertamente difícil de entender y apreciar cabalmente, la temática de su obra vanguardista es una crónica de lo que sucede en Panamá, Una interesante mezcla de nuestros mitos y leyendas con nuestra dura y cruda realidad contemporánea. Ciertamente Zachrisson será reconocido como uno de los artistas panameños más relevantes del siglo XX, a la par de los grandes maestros de la plástica latinoamericana.
El artista falleció en Madrid en la madrugada del sábado 18 de diciembre del año 2021 a los 91 años. Tras su muerte, la familia de Zachrisson, por medio de su albacea, concretó un convenio con la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R. que permitió la recepción por parte de esta institución, del importante legado del artista en calidad de archivos personales, bocetos, libretas de apuntes, fotografías, etc., que narran distintas etapas y facetas de la vida del pintor, en cumplimiento de la voluntad del artista, quien en vida dejó saber que deseaba que su memoria artística y documental reposara en Panamá.
Termino esta reseña, reiterando que la película “El Brujo: Julio Zachrisson”, constituye a no dudarlo, un importante y oportuno homenaje a su legado. Se trata de un retrato íntimo y profundamente humano del artista. Fue filmada mayormente en la residencia del artista justo frente a la Plaza de toros de Las Ventas en Madrid. En palabras de sus productores -la película no busca explicar el arte de Zachrisson, sino dejarse hechizar por su visión del mundo-.
El autor es escritor y pintor.

