Luego de 45 años de litigios en Colombia y en Panamá, el abogado Nelson Delgado estuvo escarbando entre sentencias viejas y encontró los apuntes de un relato incompleto.
Alguna vez le dio dizque por ficcionar en ellos todo un sistema judicial y avanzó como pudo, sin hallar la manera de vertebrarlos. Lo impidió el ejercicio de la abogacía.
Delgado tiene publicados ensayos jurídicos bien documentados. Doctrinas tenidas en cuenta por otros juristas. Artículos publicados en revistas legales.
Pero una cosa es conceptuar sobre un tema que de por sí es toda una galaxia, como lo es el derecho, y otra dejarse llevar por la intuición para crear una narración con sentido completo. Muy pocos salen bien librados del experimento.
El retiro voluntario de Delgado lo liberó de los despachos y le abrió el espacio para releer los viejos apuntes. Consultó con su hija mayor qué hacía con ellos. Su respuesta fue un veredicto: solo queda terminarlos.
El autor cumplió la orden en cuestión de meses y los ensambló el año pasado en una novela de 159 páginas titulada La Fiscal y sus secuaces, disponible en Amazon.
Él define su breve obra como el resultado de cuatro décadas de ejercicio profesional, en una época de retiro en la que las experiencias judiciales vividas le dan para relatarlas.
La Fiscal y sus secuaces transcurre en este país, aunque alumbra los sistemas judiciales latinoamericanos. Es la narración de dos extranjeros que llegan a Panamá a vivir su amor, pero terminan aplastados por una serie de eventualidades que arrojan a ella a una cárcel y a él al delirio.
Destaca el autor que “la novela retrata realidades sociales del acontecer diario que deben ser escrutadas por la rama judicial”, pero que las ocultan “funcionarios del censurable Sistema de Justicia”.
Es notorio el tono de ensayista de Delgado cuando justifica su libro. Muy diferente es el ritmo galopante de sus personajes. Hombres y mujeres que avanzan asfixiados por calles, moteles, juzgados y celdas, mientras el lector se pregunta por qué diablos también lo subyugan esta fiscal y su bandola.

Amazon promociona la historia diciendo que mantendrá al lector en “ascuas de principio a fin”. La plataforma se queda corta en la descripción de la novela porque está hecha de una fina arquitectura. El que hizo la reseña en Amazon o el algoritmo a cargo —cualquiera de los dos, da igual— debió resaltar en el autor su conocimiento del oficio de escribir. Su capacidad de hacerlo en diferentes planos sin perderse en ellos. Sin enredar al lector y sin malograr la obra.
Lo fácil habría sido un relato lineal tan predecible como una sentencia: empieza en los hechos y concluye en el Publíquese y Cúmplase. Y vaya a saberse si se queda en veremos. Salvo unos pocos apartes abordados por la opinión del autor, La Fiscal y sus secuaces cumple su promesa de ser un thriller imposible en un mundo posible, el de los sistemas judiciales.
El autor es periodista.

