Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa: dos soledades

Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa: dos soledades
Ilustración generada por IA que muestra a Gabriel García Márquez y a Mario Vargas Llosa.

No todos los encuentros literarios dejan huella. Algunos, como el que sostuvieron en 1967 Gabriel García Márquez (1927-2014), de Colombia, y Mario Vargas Llosa (1936-2025), de Perú, se convierten en documentos que engrandecen la historia de la literatura latinoamericana.

Hoy, ese diálogo se publica en el libro Dos soledades: un diálogo sobre la novela en América Latina (Alfaguara, 2021), y su lectura revela la profundidad de dos escritores que, aun jóvenes, ya proyectaban la grandeza que los consagraría.

Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa: dos soledades
Dos soledades: un diálogo sobre la novela en América Latina.

Encontré el libro casi por casualidad, en una librería de la Ciudad de Panamá. El nombre captó mi atención, considerando las figuras literarias en portada, y al abrirlo sentí que había adquirido un documento con un valor histórico invaluable. Esa sensación de hallazgo me hizo obtenerlo de inmediato; pensé que era necesario dedicarme a leer esta joya. Y, a medida que avanzaba en su lectura, confirmaba que estaba frente a un gran tesoro que todo lector curioso o aspirante a escritor debería conocer.

Esta obra presenta, en su primera parte, el diálogo perdido entre los dos premios Nobel de Literatura, complementado, en su segunda parte, con anexos que no funcionan como simples añadidos. Más bien operan como guías útiles que nos sitúan en el año 1967, explicando por qué la conversación fue extraordinaria. Aquí se cruzan dos estilos de creación literaria: García Márquez, con su memoria familiar y la tradición oral caribeña, capaz de transformar lo cotidiano en mito; Vargas Llosa, con su técnica estructural y su ambición narrativa, haciendo de cada relato una construcción rigurosa.

Más allá de la admiración mutua entre los escritores mencionados, el diálogo entre ellos nos enseña sobre el oficio de escribir. Cada reflexión desmiente la idea de que la novela surge solo de la inspiración. Detrás de Cien años de soledad hay disciplina, planificación y obsesión por la coherencia. La conversación demuestra que escribir es un ejercicio que exige concentración, soledad y una relación íntima con la memoria, la historia y la imaginación.

El título, Dos soledades, refleja esa dualidad: por un lado, la singularidad de cada escritor; por otro, la soledad que toda creación demanda. Pero esa soledad se comparte a través del diálogo y la obra. Acercarse a estas páginas es entender cómo se forjan mundos literarios, cómo se transforma lo vivido en mito y cómo técnica y pasión pueden coexistir para producir una novela que trasciende fronteras.

Este diálogo se inscribe en lo que los críticos han llamado el Boom latinoamericano, movimiento que cambió nuestra manera de leer y escribir entre las décadas de 1960 y 1970. Fue una revolución literaria: escritores que jugaron con el tiempo, con la estructura, con la memoria y con la historia; que introdujeron el realismo mágico y abrieron nuevas formas de narrar América Latina. Entre sus exponentes destacan, además de García Márquez y Vargas Llosa, Carlos Fuentes (1928-2012), con su mirada sobre México y la modernidad, y Julio Cortázar (1914-1984), con sus juegos narrativos y rupturas de lo cotidiano, junto a otros autores que redefinieron la novela latinoamericana y proyectaron nuestras historias al mundo.

Según el curador y colaborador de la edición, Juan Gabriel Vásquez, “en este libro hay más lecciones valiosas sobre el oficio de novelista que en cualquier facultad de literatura”. Este comentario no solo subraya el valor didáctico de la obra, sino que también refuerza la idea de que se trata de un documento imprescindible para comprender cómo piensan y crean dos gigantes de la narrativa.

El valor histórico y literario de Dos soledades: un diálogo sobre la novela en América Latina radica en su capacidad de transportarnos a ese instante preciso: dos voces extraordinarias intercambiando ideas con respeto y manteniendo su independencia creativa. Es una clase magistral sobre cómo la literatura puede reflejar la realidad de un continente. Cada página nos recuerda que detrás de una obra maestra hay siempre esfuerzo y también soledad.

El autor es docente y periodista.


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