Fernando de Szyszlo (1925-2017) fue un pintor que buscó, a través de su obra, integrar al Perú a la modernidad artística, sin renunciar a sus raíces; oponiéndose celosamente al provincialismo y a la banalidad artística. Llegó a ser considerado, como el primer pintor abstracto de ese país, consolidándose, además, como uno de los máximos exponentes del arte abstracto en toda Latinoamérica. En efecto, Szyszlo nació en Lima, Perú en 1925, hijo del diplomático y físico polaco Wtold Szyszlo y María Valdelomar.
La pintura de Fernando de Szyszlo es valorada principalmente por su capacidad para reconciliar el pasado precolombino con la modernidad, al lograr crear un lenguaje visual único que trasciende la simple abstracción, para convertirse en una exploración profunda de la condición humana y la identidad latinoamericana. Su estilo se caracteriza por una rigurosa técnica, mediante el uso intensivo del color, texturas profundas y un enfoque emocional de los elementos que componen su trabajo, con lo cual evoca el mito y la identidad peruana, sin caer como ya advertimos, en el indigenismo figurativo convencional.

La extraordinaria riqueza de sus intensos colores contrastantes -especialmente rojos y negros- además de la incorporación magistral de exuberantes texturas y empastes, le aportan una dimensión etérea y a la vez matérica a la abstracción de su obra.

A diferencia de la abstracción geométrica convencional, muy propia del cubismo y el surrealismo que caracteriza la obra de otros artistas abstractos de su generación, De Szyszlo propone una especie de -abstracción lírica- creando atmósferas sugerentes, en lugar de formas o figuras rígidas. De esta forma, presenta un delicado equilibrio técnico entre estructuras precisas y pinceladas gestuales, impregnadas del predominio de luces y sombras, que caracteriza su estilo, el cual el propio artista en alguna ocasión denominó: -su manera de sentir la pintura-.
El legado artístico de Fernando de Szyszlo, abarca por tanto, una cosmovisión que trasciende la mitología incaica que lo inspira, al explorar temas trascendentales como la vida y la muerte, a través del uso intencional de luces y sombras que permiten la incorporación de atmósferas, en ocasiones sombrías y misteriosas, pero a la vez poéticas y emocionales, producto de la vibrante paleta de colores que el artista incorpora de manera simultánea, en sus emblemáticos “tótems”, elementos siempre presentes en el discurso general de su arte.

Cuando el pintor cumplió sus 90 años, la Editorial Alfaguara publicó en el 2016 sus memorias, bajo el título La vida sin dueño. En esas páginas, de Szyszlo narra con sencillez y erudición, su largo recorrido vital como artista, emparejado con los grandes cambios sociales y políticos acaecidos en Perú, así como sus esfuerzos vivenciales por hacer del arte una forma de expresión extramuros y trascendente, haciéndola prevalecer ante los vientos del indigenismo parroquial, que marcaba la pauta en materia de expresión artística, ante los ojos del mundo, sobre todo, en la época inicial de su carrera como artista.
A través de su pintura impregnada de belleza y de misterio, De Szyslo supo convertir el arte, en ese espacio, por cierto, ilusorio, donde podemos refugiarnos y vivir, al amparo de la ingravidez de sus luces y sus sombras, que sugieren el difícil, pero a la vez, esperanzador camino, por el que nos toca transitar a los latinoamericanos, en el esfuerzo colectivo de soltar las ataduras culturales que, todavía persisten y nos anclan al pasado limitando nuestro pleno desarrollo.
El autor es pintor y escritor.


