Chéchere es un sustantivo definido por la Real Academia Española como un coloquio nativo de diversos países hispanos latinoamericanos como “trasto (‖ cosa inútil)”. Precisamente, “no es s-util”, la última exhibición de la iniciativa emergente La Búsqueda, es una oda al chéchere desde la perspectiva de género, que invita a “relacionarse con el checherero desde la condición femenina.”
El color rosa pastel de la primera sala inmediatamente invita al espectador a sumergirse en la acumulación y apego nostálgico a objetos triviales, específicamente aquellos de las décadas entre 1990 y 2010 que corresponden con la infancia millenial a la cual pertenecen la mayoría de les artistas exponentes: Maia Alfaro, Megan Carrera-Raleigh, Carola Gelabert, Momo Magallón, Liz Rodríguez, Mila Saer, y Mandarina Verde.
La totalidad de las obras fueron fabricadas específicamente para esta exhibición que abarca tres salas del edificio de la YMCA-Panamá.

Un diorama, de Rodriguez, con muñecos de papel en forma de Furby y Barney, me hacen recordar el mismo peluche de Barney que fue mi compañero de cama desde que tengo memoria hasta que eventualmente lo tuve que dejar ir “porque ya estaba grande”.
Gelabert, con un amplio historial en el collage, salta de la página con la instalación, “La Llegada”. Tres ponys rosados de felpa atados con cadenas y dominados por un Kirby de papel maché entronizado sobre un porta macetas forjado en hierro, inspira una metáfora al apocalípsis que la pubertad supone para la infancia femenina y sus vestigios.

A pesar de la dominancia de estas figuras más representativas en la sala, la muestra no sólo se enfoca en el culto a la nostalgia del kitsch de la cultura popular plástica anglosajona filtrada en la niñez latinoamericana. La decadencia doméstica y el rechazo al despojo de objetos que alguna vez fueron funcionales es palpable.
También están las obras de Alfaro y Carrera-Raleigh. Ambas artistas elaboran ensamblajes pictóricos con trazos abstractos a partir de objetos averiados: un colchón con aspecto viejo y desollado (Alfaro), pinturas abstractas enmarcadas por arcos rotos, volutas de lo que alguna vez fue quizá una silla (Carrera-Raleigh). El performance y la escultura de ensamblaje de Magallón también hacen eco de este apego ansioso al cachivache emotivo.
Los juegos de té de plástico, las manualidades de kinder de fieltro, las decoraciones de cumpleaños temáticos, los estuches con forma de mariposa, los ganchitos, los legos, los cartuchos de super, desbordan sus brazos en la pieza de videoarte. La abrumadora cantidad de plástico, persistente a la degradación que sobrevive infancias y perdura en la adultez.
En 2024, el podcast Code Switch de la National Public Radio (NPR) diseccionó la relación entre el imaginario del girlhood (la infancia femenina) y su intersección con la blanquitud, y su representación y la iconografía de Taylor Swift como emblema de la infancia y adolescencia femenina. Las anfitrionas del podcast puntualizan la pregunta sobre quién decide cómo se ve el girlhood y quién tiene el privilegio de ser percibido como niña.
Si bien esta muestra no hace ninguna referencia a la cantante estadounidense, la parafernalia de referencias a objetos de la industria del mercado infantil de la cultura popular del norte global (Barney®, My Little Pony®, Furby®, Teletubbies®, Trollz®, Hello Kitty®, etcetera), y su énfasis a cómo estos objetos habitan lo cotidiano, evidencia la influencia anglosajona sobre las infancias femeninas de nuestro contexto social.
La sala del detrás de escena curatorial de la muestra, ofrece atisbos a estas indagaciones de género, poder, y raza. En un mapa conceptual que conecta los distintos conceptos que explora la muestra, hay un resalto sobre la dicotomía entre lo barato y lo valioso.
Chevasco, una de las curadoras, teoriza desde una captura de pantalla virtual “quizás esta exposición es sobre cómo cada persona interpreta lo objeto” ¿Es el checherero el residuo exportado del capitalismo yankee? No es una pregunta que esta muestra responde explícitamente pero sin duda se anexa al compendio de obras istmeñas que transpiran esta influencia.

Aún así, estos juicios de valor, se reflejan en la obra de Saer, tatuadora de vocación que debuta como pintora en esta muestra. Con virtuosismo pictórico, Saer coloca una rendición de Hello Kitty® contra símbolos de la precariedad tropical como el abanico de pie. De forma similar, en el diorama de Rodríguez un cuerpo se encoge dentro de una casa es el trasfondo de estas figuras de la cultura popular anglosajona.
Lo más valioso de esta muestra es la complejidad de diálogos, y afectos construidos entre sus exponentes durante los 6 meses de investigación y curaduría. Desde la autogestión han recontextualizado la escasez, el objeto, lo doméstico, la infancia, y el género, de formas no tan s-utiles.
La muestra estará en exhibición hasta el 26 de octubre, para más información revisar cuenta de Instagram @estamosenlabusqueda
