9:59 a.m. - KUNMING, China (AP). -El laboratorio al aire libre de Zeng Yawen en las terrazas de las colinas del sur de China es un tesoro de potencial genético: arroz que prospera en temperaturas inusualmente frías, grandes altitudes o suelo seco, arroz rico en calcio, vitaminas o hierro.
"¿Ve esas plantas? Pueden tolerar el frío", dice Zeng mientras camina por cuadrantes de campos de pruebas cultivados con diferentes variedades de arroz en las afueras de Kunming, capital de la provincia china de Yunnan.
"Podemos extraer el gen tolerante del frío de esta planta y usarlo en una variedad de arroz manipulada genéticamente para mejorar su tolerancia al frío", dijo Zeng.
En un lugar montañoso como Yunnan, y en muchas otras partes del mundo en desarrollo, esa ventaja pudiera significar la diferencia entre el hambre y una vida pasable. Y China está lista ahora a acudir a la biotecnología para conseguirlo.
El alza de los costos, el crecimiento poblacional y la sequía y otros contratiempos vinculados al calentamiento global están presionando las reservas alimentarias en el mundo, y los altos precios de la comida están acusando disturbios y elevando el número de personas que pasan hambre a 923 millones, dicen estimados de la ONU.
Con pronósticos de la que la demanda de alimentos aumentará en la mitad para 2030, nunca ha sido mayor el incentivo para usar la ingeniería genética para aumentar las cosechas y proteger cultivos de insectos y otros daños.
En Europa, África y Asia, gobiernos que se han resistido a importar alimentos modificados genéticamente y prohibido esas cosechas ahora están aliviando las restricciones. Mientras, están realizando más aceleradamente sus propios estudios, pese a cuestiones persistentes sobre la seguridad de esa tecnología.
"Voces influyentes en todo el mundo están llamando a una revisión del debate sobre modificación genética", dice C.S. Prakash, profesor de genética molecular de las plantas en la Universidad de Tuskegee, Alabama.
"La biotecnología ofrece herramientas para ayudar a resolver el problema de la sostenibilidad del suministro de alimentos".
La manipulación genética para insertar genes deseables o acelerar cambios logrados tradicionalmente con cruces e injertos puede ayudar a hacer las cosechas resistentes a insectos y plagas y permitirles tolerar herbicidas. El ganado puede ser alterado también, insertando un gen de un animal en el ADN de otro animal.
Muchos investigadores consideran que esos métodos son esenciales para una segunda revolución verde, ahora que las ganancias de la primera, a mediados del siglo XX, están disminuyendo.
Los cultivos modificados genéticamente son cosechados ampliamente en Canadá, Argentina y Estados Unidos, donde casi toda la soya, la mayor parte del algodón y una creciente porción del maíz son diseñados para tolerancia a herbicidas o resistencia a insectos. Una variante de papaya modificada para resistir virus es cosechada comercialmente en China y Hawaii.