El ingenio de los panameños Nadir Artura y Jonathan Guerra le ha dado la vuelta al mundo en las últimas semanas, luego de diseñar y dar vida propia a un traje de baño creado en impresión tridimensional (3D).
Dicho prototipo, llamado “Waves” (Olas, en inglés), está impreso en poliácido láctico, un plástico biodegradable que se obtiene a partir de almidón de maíz, yuca o de caña de azúcar, y ha sido objeto de atención en diversos portales como 3dprint.com, The Creators Projects y Discovery News Online.
Se trata de una prenda volumétrica, que fue estructurada de tal manera que transmitiera la sensación de movimiento.
Para darle forma a esta indumentaria, se utilizó la impresora tridimensional Makerbot Replicator, generándose el traje de baño en 14 piezas, las cuales fueron unidas usando un cautín, que calienta las piezas y las suelda juntas. Su impresión tomó unas 75 horas.
La idea de recrear el traje de baño forma parte del trabajo de graduación de Artura, que está por finalizar la licenciatura en Diseño Textil e Indumentaria en la Universidad de Palermo, Buenos Aires (Argentina).
Artura recibió el apoyo de Jonathan Guerra, generalista en 3D, para las funciones de modelado y la impresión del prototipo, tarea que este realizó en Panamá desde CascoStation, un espacio de coworking ubicado en el Casco Antiguo, donde se cuenta con impresoras 3D.
“Mi aporte al proyecto consistió en toda la parte técnica. Agarré las ilustraciones de Nadir, las pasé al programa de modelado 3D donde creé el traje en 3D. Luego de realizado y aprobado por Nadir, dividí el traje en 14 pedazos para que se pudiera imprimir en la máquina”, afirma Guerra, quien es egresado de la carrera de animación en tres dimensiones de la Nueva Escuela de Diseño y Comunicación de Buenos Aires, en Argentina.
Concepto marino
El proyecto busca aprovechar “las siluetas y texturas infinitas que pueden ser logradas a partir de impresión 3D”, señala Artura, quien afirma que por esto decidió buscar un concepto que permitiera formas orgánicas, “influenciado a su vez por la naturaleza y el mar que rodea mi país, el concepto del movimiento de las olas. Así, el prototipo intenta recrear la fuerza de una ola cuando choca con el mar o la costa. La intención era capturar la suavidad y la agresividad que se aprecian en los segundos que lleva dicho fenómeno natural”.
Indumentaria y tecnología
Nadir Artura y Jonathan Guerra se valieron de la tecnología para recrear un proyecto que conjuga la creación y producción de indumentaria con la innovación.
Estando ella en Buenos Aires (Argentina) y él en Panamá, se comunicaron a través de emails, Skype y Facebook para fusionar sus destrezas con el fin de hacer “Waves”.
Este tipo de impresión no es más que un método de fabricación por capas, mediante una impresora que lee archivos digitales de topologías 3D, explica Guerra.
Artura diseñó el prototipo en su tesis para recibirse de diseñadora de modas, título que obtendrá este año. Guerra se encargó del modelado e impresión del mismo.
En entrevista a La Prensa brindan detalles sobre el proceso, el rol de la impresión 3D y cómo visualizan la moda del futuro.
¿Cómo surge la idea de combinar la moda con la tecnología?
N.A.: La propuesta de crear prendas a partir de la impresión 3D surge como una alternativa al paradigma que dicta cómo debe ser construida una prenda, tomando en cuenta que las técnicas tradicionales en la industria de la indumentaria han variado poco en los últimos siglos (...) Al buscar un tema vigente y viendo cómo nuestra sociedad depende de la tecnología, decidí optar por un tema coherente con la actualidad e investigar avances tecnológicos aplicados al área del diseño. Hace un par de años había conocido la impresión 3D, y recientemente entré en contacto con impresoras 3D. ¡Ver cómo un archivo digital se materializaba en átomos y formaba objetos me voló la cabeza, parecía de película de ciencia ficción! Desde entonces, tuve curiosidad por trabajar con la técnica.
¿Cuánto demoró el modelado y la impresión?
J.G.: El modelado demoró aproximadamente seis horas entre cambios y revisiones. Luego lo exporté y lo preparé en el software de la máquina [la impresora 3D que fue una Makerbot Replicator 2]. Fueron 14 piezas que demoraron entre cuatro y ocho horas cada una en imprimir. La impresión tomó 75 horas aproximadamente.
¿El proceso de impresión se realizó con pausas de por medio o se dejó la máquina trabajando sola?
J.G.: Imprimía entre dos y cuatro piezas por día, porque solo contaba con una máquina. La impresora se puede dejar desatendida, pero dado que la impresión toma bastante tiempo la vigilaba esporádicamente para asegurarme de que todo estuviese en orden.
¿Qué fue lo más difícil de este proceso?
J.G.: Dividir las piezas de tal forma que tuviese suficiente área para pegarlas, pero manteniéndome dentro del espacio de impresión.
¿Qué inversión requirió la impresión?
J.G.: Comprar el rollo de plástico, que fluctúa entre $45 y $60. El distribuidor Makerz tiene un stock de plástico en el espacio de Coworking [CascoStation] y en ese momento nos prestó una máquina [impresora 3D].
¿Cómo contempla la moda del futuro?
N.A.: Se están desarrollando textiles inteligentes a partir de nanotecnología, microelectrónica y muchas otras técnicas que buscan satisfacer las necesidades de los usuarios, textiles que cambian su estructura al verse influenciados por variaciones. Estos se aplican principalmente al área deportiva y de la salud, pero siento que la moda del futuro intentará aplicarlos a las prendas de uso cotidiano.
Tecnología adaptable
La impresión tridimensional (3D) es también un recurso que está presente en vitrinas de alta moda y otros ámbitos.
A juicio de Nadir Artura, la impresión 3D viene a llenar un vacío en el mundo del diseño, y es aplicable a todos los campos, desde el diseño de vitrinas, accesorios, indumentaria, mobiliario y muchos otros.
“La ventaja es que con ella se pueden obtener resultados precisos de lo que se desea construir. Por lo tanto, se sabe antes de imprimir cómo será el objeto, esto limitará el margen de error”.
La impresión 3D también permite ahorrar energía, tiempo, disminuir el desperdicio de materiales y reduce costos. A la vez, añade Artura, provee al creativo independiente, que no cuenta con un gran equipo de trabajo, herramientas para desarrollar prototipos increíbles.
“Hasta ahora la única limitación que tiene esta tecnología es la dimensión limitada de las máquinas, ya que las máquinas de escritorio-que son las más accesibles económicamente (la más chica del mercado cuesta unos $200)-tienen un espacio que no puede producir objetos muy grandes”.
