Radares y microcámaras forman parte del arsenal con el que los técnicos buscan los restos óseos de Miguel de Cervantes entre los escombros de la cripta de la iglesia de las Trinitarias de Madrid.
Los especialistas reanudaron el 17 de enero los trabajos para localizar los restos del autor de las andanzas de El Quijote, tanto en los nichos de las paredes como en el suelo de la cripta.
Así lo explicó el georradarista Luis Avial, quien accedió el 17 de enero a la cripta de esta iglesia, de unos 70 metros cuadrados de base y que se encuentra a cinco metros de profundidad, y en cuyas paredes ya se ha localizado una treintena de nichos.
El regreso de los investigadores a la iglesia de las Trinitarias madrileña, considerado Bien de Interés Cultural, ha tenido un parón de varios meses por trámites administrativos y el período navideño, tras lo que se inicia ahora esta nueva fase del proyecto.
Dirigida por Avial y por el forense Francisco Etxebarría, en esta segunda fase de la búsqueda del autor del Quijote trabajará una treintena de especialistas en intervención arqueológica, infografía y fotorradar, análisis antropológico de los restos y estudio de textiles.
Entre ellos se encuentra el alpinista Asier Izaguirre, que se encargará de, si es necesario, introducir en algún nicho el cableado de las microcámaras.
El equipo procede desde el fin de semana a realizar pruebas de georradar, termografía infrarroja y fotografía para determinar si hay o no nichos en el suelo.Según relató el georradarista, estos días, además de retirar el material, se limpiará el polvo para evitar que pueda entrar en los nichos.
Se colocarán también sensores de humedad y temperatura para preservar la cripta que, sin contar con los trabajos de búsqueda de los restos de Cervantes, no había sido abierta desde el final de la Guerra Civil (1936-39), señaló Avial.
Una vez preparada la zona, ventilada y limpia, será a partir de este viernes 23 de enero cuando comience el trabajo de los forenses que, a través de una cámara que se irá introduciendo en los nichos, analizarán los restos óseos de cada uno de ellos para comprobar si alguno pertenece a Miguel de Cervantes.
Estos forenses pueden determinar a través de la cámara, ha dicho Avial, si los restos pertenecen a un hombre, a una mujer o un niño. Por ello, cuando aparezcan algunos de los que se sospeche que puedan pertenecer al autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se abrirá el nicho para analizarlos, explicó Aviar.
Miguel de Cervantes, que nació en Alcalá de Henares en 1547 y murió en Madrid en 1616, fue enterrado junto a su esposa Catalina Salazar con un modesto hábito de la orden terciaria y sin objetos personales o adornos.
Para su identificación hay otras pistas: su gran nariz, el hecho de que solo le quedaban seis dientes y las señales que pudieron dejar en su esqueleto los dos arcabuzazos recibidos en el pecho y otro en la mano izquierda sufridos en 1571 en la Batalla de Lepanto.
