

Las medidas antidrogas del presidente filipino, Rodrigo Duerte, han incrementado el número de ingresos a centros de rehabilitación por temor a los asesinatos que tanto policías como ciudadanos tienen permiso de cometer en plena calle.








Un grupo de conservacionistas intentan salvar la majestuosa águila de Filipinas, diezmada por décadas de destrucción de su hábitat y por la caza.