Manuel R. Mora | Hace 8 añosPorque Trujillo quedará para siempre como el pintor que plasmó, no solo con su inigualable maestría, sino con toda la intensidad de sus sentimientos, el espíritu más profundo de Panamá. De su Panamá: un Panamá donde la lujuriosa vegetación surge en sus lienzos impetuosa y feraz y donde hombres y mujeres adánicos llenan espacios que se resisten –sobre todo en la intención del pintor— a ser invadidos por la destructora codicia humana y a mantenerse, contra viento y marea, con el solo grito de socorro de su color y sus formas, tan “trujillescas”. Trujillo, a lo largo de su vasta obra pictórica, fue un explorador incansable de esa misteriosa relación, casi arcana, del hombre con la naturaleza: de un hombre que deviene en un ser destructivo y una naturaleza que se resiste a ser aniquilada. Una crónica reeditada, en definitiva, del “¿ubi sunt?” de los clásicos, una novísima lectura de la nostalgia edénica.