La llegada de los españoles a Guatemala no dista mucho de lo que fue en el resto de los países de este continente.
Sin embargo, la cultura maya es tan arraigada que nunca quedó eliminada del todo cuando llegaron los conquistadores en 1524 a estas tierras.
El resultado, un sincretismo absolutamente equilibrado entre ambas culturas y religiones.
El municipio de Chichicastenango, en el departamento de El Quiché, no era un asentamiento maya, sin embargo, era un lugar ceremonial de estas tribus.
Para 1547, por ejemplo, se construye la iglesia Santo Tomás y es fundada sobre un templo maya. Cuando visite este templo, procure no subir por las escalinatas que están al frente, ya que, según los mayas, usted va dejando una estela de su energía que no debería estar en un sitio sagrado. Suba entonces por la escalera lateral.
Esto demuestra una mezcla entre ambas religiones y culturas que se equilibra con la participación de ambas tendencias.
La mezcla fue, en realidad, una estrategia: a los españoles les convenía tener a los indígenas en un mismo sitio, adorando a su deidad, por lo que la movieron esperando poder atrapar a aquellos que estaban escondidos en el valle.
Entonces la tolerancia no era más que una conveniencia para lograr el control de las comunidades indígenas.
Hoy en día estas personas viven el sincretismo de manera cotidiana.
Los mayas suben al cerro Turkaj en busca de una piedra que representa a este que es el dios Mundo, equivalente a Pachamama para Suramérica.
Frente a esa deidad hacen un circulo de azúcar blanca que representa la madre Tierra, una cruz que representa los cuatro elementos, y los cuatro puntos cardinales en donde se colocan las velas y los inciensos para colocar dentro las ofrendas, como pan, ron, flores, huevos, incienso, tamales, plantas energéticas y hasta gallinas para sacrificar. Un chamán orienta al devoto y le hace una limpieza que cumpla con lo que él necesita.
Cuando todo esto culmina, todas las ofrendas son ceniza y la persona la traslada hasta algunas iglesias en donde no hay sacerdotes católicos pero sí mayas.
Así se ve cómo los rituales que ellos deben cumplir para agradecer o pedir sobre algún objetivo en particular es llevado hasta las instalaciones de una iglesia sobre bases de madera que utilizan los sacerdotes mayas para diferentes peticiones.
Sin embargo, Chichicastenango y su sincretismo es reflejo de un hecho histórico para la cultura y la religión local.
Un sacerdote dominico que limpiaba el altar de la iglesia de Santo Tomás, encontró un escrito maya; al traducirlo al castellano (por ser conocedor de la lengua local) se da cuenta de que se trata del libro sagrado de los mayas, el Popol Vuh.
La traducción, que en un principio fue hecha por Francisco Ximénez, pasa a manos del Instituto Carnegie de Washington con la intención de perfeccionar las traducciones que él había hecho. Sin embargo, y para lamento de los guatemaltecos, los escritos jamás regresaron a su lugar de origen.

