El estadounidense capturado la semana pasada en Puerto Armuelles, Barú, era uno de los principales ejecutivos de la empresa que realizaba los trabajos de mantenimiento del Gulfstream II HP-1A, el avión utilizado por la Presidencia de la República hasta el año 2009.
Jald Jensen, de 73 años de edad, era el gerente de ventas de BizJet International Sales and Support Inc., una subsidiaria con sede en Tulsa, Oklahoma, de Lufthansa Technik AG. Desde hace 14 años está acusado de pagar sobornos a funcionarios gubernamentales de Panamá y México, a cambio de recibir contratos de servicios aeronáuticos con el Estado, pero en Panamá vivía tranquilo y dedicado a sus negocios.
Ya hay tres personas que se declararon culpables por este caso; Jensen era el único imputado que permanecía en paradero desconocido, hasta que la Interpol lo ubicó y coordinó su captura, junto con agentes del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), en Puerto Armuelles, donde aparentemente residía desde hace años e incluso manejaba un negocio.
El pasado 18 de mayo, el Tribunal Superior de Apelaciones de la provincia de Chiriquí autorizó la extradición de Jensen para que enfrente los cargos de blanqueo de capitales y conspiración para violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés). Ahora, las autoridades estadounidenses tienen hasta 60 días para formalizar la solicitud y completar los trámites. Mientras tanto, permanecerá detenido.
El ‘oficial 6′: un mecánico
Según la acusación presentada el 3 de febrero de 2012 en la Corte de Distrito Norte de Oklahoma (documento que por años estuvo sellado por orden del tribunal), Jensen era parte de un “esquema” que operaba con el único fin de pagar sobornos a funcionarios extranjeros, entre el año 2004 y marzo de 2010. El grupo utilizaba eufemismos como “commissions”, “incentives” y “referral fees”.
En lo que respecta a Panamá, la acusación apunta directamente a un individuo identificado como el “oficial 6”, que en aquella época era el jefe de mecánicos de la Autoridad de Aeronáutica Civil (AAC) y, por tanto, tenía potestad e influencia sobre los trabajos de mantenimiento y reparación del Gulfstream II HP-1A. Su nombre no aparece en el escrito de acusación, que tiene 22 páginas.

Jensen afronta 11 cargos de blanqueo y conspiración, y uno de esos cargos tiene relación con una transferencia de $20,000 al “oficial 6”, desde una cuenta bancaria de BizJet en Tulsa, realizada el 2 de marzo de 2007. Además, la compañía le compró un teléfono celular.
La Prensa pudo observar que, entre 2008 y 2009, BizJet recibió hasta 14 órdenes de compra y contratos directos con la AAC, que juntos suman poco más de $1 millón. El más cuantioso es una reparación por $235,535. No obstante, informes de aquella época indican que la cifra sería mayor, ya que la AAC tenía contratos con BizJet desde 2004, los cuales totalizaban $2.8 millones.
En algunos casos, los sobornos eran canalizados a través de una empresa fachada llamada Avionica International & Associates Inc., que supuestamente prestaba servicios de corretaje a las aeronaves, pero en realidad operaba en una casa propiedad de Jensen en Van Nuys, California. Jensen era el único empleado y director de Avionica.
Tres condenados afuera; ni uno en Panamá
Los otros tres cabecillas de la red ya se declararon culpables y reconocieron su participación en los delitos.
Se trata de Bern Kowalewski, antiguo CEO de BizJet, que se declaró culpable en julio de 2014, luego de ser capturado (en marzo de ese mismo año) en Ámsterdam, Holanda.
En tanto, Peter DuBois, exvicepresidente de Ventas y Mercadeo, y Neal Uhl, exvicepresidente de Finanzas, se declararon culpables el 5 de enero de 2012.
En lo que respecta a BizJet, Lufthansa Technik AG firmó un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense el 14 de marzo de 2012, en el que se comprometió a pagar una multa de $11.8 millones.
En Panamá, el caso ha quedado impune: nadie fue condenado por estos delitos.

En abril de 2014, la Fiscalía Superior Especializada contra la Delincuencia Organizada solicitó el archivo provisional del expediente, a la espera de que las autoridades de Estados Unidos respondieran unas asistencias judiciales. No se ha sabido más sobre el asunto.
En cuanto al Gulfstream II, en 2009 hubo cambio de gobierno y el nuevo presidente (Ricardo Martinelli) consiguió que Taiwán donara $22 millones para comprar un Embraer EMB-135BJ Legacy, que es el avión presidencial que opera hasta la fecha, aunque actualmente está en mantenimiento.
Por un tiempo, el Gulfstream II estuvo abandonado en un hangar en el aeropuerto Marcos Gelabert, de Albrook. Martinelli no lo quería porque decía que era “de la época de Elvis Presley”. Hubo intentos por licitarlo, pero luego de varias convocatorias, que fueron declaradas desiertas, la nave se remató en poco más de $227,000.

