El miércoles 1 de mayo de 2013, un heredero millonario llamado Jean Pigozzi envió un email a Jeffrey Epstein con el asunto “Panama.J” y una imagen adjunta: la vista de un horizonte de playa con la inmensidad del Pacífico panameño, desde la isla privada en Veraguas hoy conocida como Simca.
Pigozzi es un inversor ítalo-francés excéntrico que registra muchos de sus movimientos sociales con una cámara diminuta. Asiduo a eventos exclusivos —desde cumpleaños de celebridades como Naomi Campbell hasta cenas con actores como Robert De Niro o empresarios como Eric Schmidt—, ha consolidado una reputación de jet-setter global que mezcla arte, riqueza y conexiones de élite.
Aunque su nombre ya era conocido en ciertos círculos, los archivos judiciales del caso Epstein, publicados por la justicia estadounidense, revelan algo que hasta ahora nadie había contado: Pigozzi, dueño de la isla Simca frente a Coiba, mantuvo un vínculo estrecho y fluido con este agresor sexual. Los intercambios conectan Panamá, poder político y dinero internacional.
Revista Concolón, en alianza con La Prensa, analizó los documentos judiciales acumulados desde 2005 y publicados recientemente en justice.gov/epstein. Los correos y archivos permiten reconstruir partes desconocidas de su red de contactos y más de 700 menciones a Panamá dentro de ese universo.
A la foto de la vista infinita del Pacífico, Pigozzi agregó más en sus envíos a Epstein en 2013: terraza panorámica, pabellón circular, espacios con obras de arte importadas de alguna parte.
La isla Canales de Tierra, a la que él mismo rebautizó como isla Simca por la histórica marca de automóviles de su familia, la había comprado un año antes gracias a las gestiones del entonces presidente de Panamá, Ricardo Martinelli (2009-2014).
Martinelli y Pigozzi: ¿una historia de amor?
La historia de Simca no fue limpia ni libre de controversia.
Vecinos de Pixvae y Bahía Honda, comunidades rurales costeras, denunciaron que fueron presionados para ceder sus tierras. El propio Martinelli llegó a la zona para obligarlos: el 7 de abril de 2012 visitó Pixvae junto a Pigozzi, reunió a la comunidad y le advirtió: “De meterse con este hombre [Pigozzi], los meteré presos a todos en La Joyita”.
Algunos se negaron y, según testimonios publicados aquella época por La Prensa y otros medios, fueron trasladados a la capital, encerrados e interrogados sobre su disposición a vender la tierra. Martinelli tuiteó: “Deseándole a todos una feliz Cuaresma. Yo fui a la isla Canales, ahora llamada Simca, que está frente a Coiba. Espectacular todo y diferente”.

Pigozzi barnizó la adquisición con un proyecto de investigación científica y siempre hizo sentir bien a Martinelli, quien ha visitado la isla con la devoción de un groupie para luego mostrarlo en sus redes sociales.
“Con mi gran amigo, el socialite y act Jean Pegosi (SIC), en su paradisíaca isla frente a Coiba llamada Simca, tal como los antiguos carros familiares vendidos a la Fiat. Nada más precioso. La semana pasada estaba Mick Jagger visitándolo”, publicó en su perfil de Facebook en 2022.
Un año después, cuando la justicia adelantaba el proceso por lavado de dinero por el que terminaría condenado y asilado en Colombia, volvió a compartir más fotos de su visita a Simca, con un tono festivo y cercano.

Mucho antes de eso, Pigozzi hablaba en el mismo tono con Epstein.
Epstein y Pigozzi: más que una conexión epistolar
Los archivos judiciales muestran que Pigozzi intentó contagiar a Epstein el entusiasmo por Panamá. Y no solo a él: celebró su cumpleaños 60 en el país con ricos, famosos y políticos. Epstein fue invitado. Cuando no asistía, la publicista Peggy Siegal lo mantenía al tanto. En los correos aparece un mundo de eventos sociales que podían ocupar páginas de revistas internacionales, y otro que solo emergió cuando la justicia estadounidense comenzó a investigar el entramado de relaciones del financista.
Según los documentos, el interés por Panamá no se limitaba a Pigozzi. Otros amigos y contactos de Epstein también frecuentaban el país.
“We are at a very small marina on the coast of Panama for the next two weeks and will be in Florida mid February”, escribió uno de ellos desde una marina en el país del Canal.

En otro intercambio, Jean-Luc Brunel —un colaborador cercano que también fue acusado de delitos sexuales— planteaba sin rodeos la posibilidad de viajar: Do you want to go to Panama?
El magnate incluso estuvo tentado de comprar una propiedad en el país, pero alguien le advirtió que no le gustaría —you wouldn’t like Panama place—. Aun así, viajó en varias ocasiones y llegó a analizar oportunidades vinculadas al puerto de Hutchison, cuyo contrato acaba de ser declarado inconstitucional, y a la minera Cerro Quema. Panamá aparecía, una y otra vez, como territorio de interés.
En mayo de 2013, Epstein pidió más.
“Do you have photo of Panama?”, le escribió a Pigozzi, solicitando nuevas imágenes y detalles de la isla de la que tanto hablaba. Lo que siguió fue un flujo de fotografías y comentarios que fue más allá de la postal del Pacífico panameño.
“¿Ninguna chica?”, respondió en una.

“Me gusta el pelo rojo. Luce divertida”, escribió Pigozzi al comentar la imagen de una mujer que fue borrada del archivo. Epstein respondió con una identificación breve.
La réplica de Pigozzi cerró el intercambio con crudeza: “Me gusta ella. Sin tetas. Pequeño problema”.
Y, como si nada, concluyó: “Estoy en Panamá. Visita Vanity Fair online”.
Todo vuelve, inevitablemente, a la isla. Allí estuvo también Martinelli antes de ser condenado, y él mismo lo retrató en Instagram: música, cercanía, copas en alto, en otra noche donde el poder pareció celebrarse como si nada hubiera pasado.


