CONTRAPUNTEO: Té

El té, por tradición, es como una pausa en el día. Ya sea como el foco de una reunión social o una celebración más ceremoniosa, el consumo de té lleva consigo una historia y evolución impresionantes, y abarca una gran variedad de culturas. Los chinos lo descubrieron, pero cada país lo ha hecho suyo.

Mi papá me enseñó a tomar Earl Grey como los ingleses. Mi mamá y mi abuela me instruyeron sobre las infusiones con hojas de mastranto y de hierba de limón salidas de nuestros jardines. El té con raspadura es sinónimo de vacaciones en tierras altas durante mi infancia. Aunque fui amante del café con leche desde los 13 años (o mejor dicho, leche con café), hace años lo cambié por el té, y ya no hay vuelta atrás.

Compro té compulsivamente; solo en la oficina tengo 12 cajas distintas (incluso, mis compañeros me compran por bolsita de vez en cuando, y hasta me piden recomendaciones).

Una de mis experiencias más sublimes en años recientes fue participar en una ceremonia japonesa del té. Me paso leyendo acerca de los orígenes de cada tipo. No hay nada más reconfortante para mí que el silbido de la tetera cuando el agua está lista. Hasta colecciono teteras antiguas. Y al final de la jornada de trabajo, nada como una taza de manzanilla con vainilla y miel para relajarme.

Cada taza es una experiencia diferente. Cada sabor es una introspección, cada uno despierta un recuerdo distinto. Hay tanta variedad de sabores y texturas, de infusiones y mezclas, de sensaciones y olores. El té puede ser consumido a cualquier hora del día. Sus propiedades e infusiones son tan variadas, que hay algo para todo momento: aquellos que ayudan a despertar los sentidos en la mañana; los que contribuyen a la buena digestión; los que ayudan a relajarse y descansar; y están los que simplemente son deliciosos.

Lamentablemente en Panamá no hay una cultura fuerte del té (todavía); vivimos en un país muy caluroso como para consumir bebidas calientes. Es difícil encontrar lugares donde se pueda conseguir una mayor variedad, y por lo tanto, sueño con el día en que pueda abrir mi propio local, igual que los proliferantes coffee shops, pero dedicado al té. O mejor, ojalá que alguien lo hiciera por mí. Más placentero que encontrar un lugar donde sentarse a disfrutar una buena taza, es encontrarse con alguien más que comparta la misma pasión por esta bebida multifacética.

(La autora es diseñadora gráfica y animadora digital)

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