Las calles de La Villa de Los Santos se visten de alfombras multicolores elaboradas con flores, sales de colores y marmolina; el incienso inunda el aire y las danzas tradicionales llenan plazas y avenidas, impresionando a propios y extraños.
Cada año, 60 días después del Domingo de Resurrección, la fe católica celebra en diferentes iglesias alrededor del mundo una de las festividades más importantes de esta religión: el Corpus Christi.
El objetivo de la celebración es proclamar la fe de los feligreses y exaltar la Eucaristía, es decir, el cuerpo y la sangre de Cristo representados en el pan y el vino consagrados en el Santísimo Sacramento. Se trata de una celebración donde la fe también se convierte en arte, y cada año esas expresiones artísticas son más impresionantes.

La celebración se realiza en distintos puntos, pero tradicionalmente algunos de los escenarios más vistosos se encuentran en Parita, provincia de Herrera, y en La Villa de Los Santos. Artistas, familias, artesanos y voluntarios pasan la noche del miércoles y la madrugada del jueves en vela, recreando en las calles imágenes representativas de santos y vírgenes.
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El jueves de Corpus Christi, la celebración inicia en horas de la mañana con una misa tradicional que incluye representaciones dentro del templo. Posteriormente, se realiza una procesión en la que el Santísimo Sacramento recorre algunas calles del pueblo, donde ya han sido dispuestas las alfombras por las que transitarán los feligreses.
Danzas en la celebración religiosa
Además de la belleza de las alfombras, otro elemento característico de esta celebración religiosa son las danzas tradicionales. Entre las más conocidas están las de los diablicos sucios y los diablicos limpios, para las cuales los participantes utilizan máscaras y elaborados trajes que representan a las fuerzas del mal.

A través de bailes, movimientos y dramatizaciones, estos grupos recrean la lucha entre el bien y el mal, que culmina con la rendición de los diablos ante el Santísimo Sacramento, símbolo de la victoria de Cristo. Con el paso de los años, estas expresiones se han convertido en algunas de las manifestaciones folclóricas más importantes de Panamá.
Además de los diablicos sucios y los diablicos limpios, algunas comunidades mantienen representaciones como la Montezuma Española, una danza dramática que recrea episodios históricos y religiosos transmitidos de generación en generación.
Esta tradición desafía el paso de los siglos. Nacida en la Edad Media, pasó a formar parte de nuestra cultura como una herencia de la llegada de los españoles a estas tierras.

















































