Solo una palabra./Una palabra y se inicia la danza/de una fértil miseria». El verso sonó como un disparo, fue un asombro por allá en los noventa, cuando leí por primera vez la Summa de Maqroll el Gaviero. El libro, Los elementos del desastre, el poema, Una palabra. Y así empezó el asomo, la inmersión al final de la lectura en una de las obras poéticas más enriquecedoras y lúdicas hasta el magisterio a las que uno se puede someter.
Álvaro Mutis (Bogotá, 1923-Ciudad de México, 2013), uno de los grandes escritores hispanoamericanos del siglo XX, y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y Premio Cervantes, es recordado este año, el año de su centenario, con la publicación de su poesía reunida, Summa de Maqroll el Gaviero (Lumen, 2023), que incluye siete poemas que no están en la edición de Visor (1992), y con un excelente prólogo del también poeta colombiano William Ospina.
Al llegar a Mutis, lo primero que uno se pregunta es, ¿eso se puede hacer en poesía? No es lo original de la poesía en prosa o la prosa narrativa, quizás lo que desafía al lector primerizo y luego lo subyuga es la frondosidad, el crepitar de las imágenes que sin sonar rítmicas parecen cobrar su sonido en la imaginación del lector. La voz poética, su búsqueda, esta permeada de viaje, de ciudad y campo, y juega con las formas para ahondar todo lo posible en el fondo perseguido por sus versos.
Reseña de los hospitales de Ultramar (que cumple 50 años de su publicación), tiene esa vocación de ser prosa y verso, relato y poesía, tal como lo consigna Mutis en una suerte de nota introductoria: «Los siguientes fragmentos pertenecen a un ciclo de relatos y alusiones tejido por Maqroll el Gaviero en la vejez de sus años…» Esto nos lleva al siguiente tema que jalona toda la obra de Mutis, y que sin lugar a duda es de los motivos más atractivos de su trabajo: ¿de dónde viene Maqroll?, ¿por qué gaviero?, ¿por qué un personaje desde el cual construir la voz poética y crear la mirada sobre el mundo? El personaje es la medida del mundo de Mutis, que consigue encerrar en él todos los «posibles», todos los «quizás», y todos los «aquí y ahora» y «mañana» y los «ayer», enumerando en el alma de un solo ser de palabras todos los fuegos que son el fuego: «¿Quién convocó aquí a estos personajes?/¿Con qué voz y palabras fueron citados?/¿Por qué se han permitido usar/el tiempo y la substancia de mi vida?/¿De dónde son y hacia dónde los orienta/el anónimo destino que los trae a desfilar frente a nosotros?». (Son los primeros versos de Invocación, poema incluido en la estrofa 10 de Caravansary).
Me instalé hace tiempo en Los elementos del desastre, donde, desde el primer verso de «204», la voz poética interpela, cómplice, al lector: «Escucha Escucha Escucha…» y comienza el viaje, («La voz de este relato mana de ciertos rincones a donde no puedo llevaros…» (Hastío de los peces), y esa Oración de Maqroll, al filo del desacato espiritual y el fervor, y así todo el libro, pasando por Una palabra, que es para mí el gran poema de este libro: «Cuando de repente en mitad de la vida llega una palabra jamás/antes pronunciada,/una densa marea nos recoge en sus brazos y comienza el largo/viaje entre la magia recién iniciada,/que se levanta como un grito en un inmenso hangar abandonado/donde el musgo cobija las paredes…».
Esta Summa… empieza con La creciente, «Al amanecer crece el río, retumban en el alba los enormes troncos/que vienen del páramo…», los sonidos, la voz poética, y termina, «Pienso a veces que ha llegado la hora de callar, pero el silencio sería entonces/un premio desmedido,/una gracia inefable que no creo haber ganado todavía», los últimos versos del último poema, Pienso a veces, dibujando quizás el carácter de la obra poética de Álvaro Mutis, esa que ruge fuerte en la madrugada para no dejar de cantar nunca, para no desaparecer aunque vuelva la noche del olvido. Definitivamente, Mutis, no ha ganado todavía el silencio, y parece que no lo ganará nunca.
El autor es docente, periodista y filólogo

