Una águila harpía de tamaño real, pulpos, peces, plantas tropicales y escenas inspiradas en los puertos del Pacífico son algunas de las imágenes con las que el pintor panameño Andrés Silva Vignoli busca contar una historia sobre Panamá desde el otro lado del mundo.
En la actualidad desarrolla una residencia artística de seis meses en Koganecho Art Residence, en Yokohama, Japón, donde acaba de presentar la exposición individual Sin precio: Relatos de un puerto, una propuesta que entrelaza la biodiversidad, la migración y la historia marítima panameña con la realidad cotidiana de una de las principales ciudades portuarias del país asiático.

“Mi trabajo es una forma de conectar con lo que dejé atrás en Panamá”, comenta Silva Vignoli durante una entrevista virtual con La Prensa desde Japón. Aunque ha vivido durante años en Europa, asegura que fue precisamente la distancia la que le hizo redescubrir la riqueza natural del istmo.
“Uno camina por la ciudad de Panamá y puede ver periquitos, gavilanes, mapaches. Hay muchísima vida alrededor y muchas veces no nos detenemos a observarla. Estando lejos empecé a apreciarla mucho más”, explica.

Esa biodiversidad se ha convertido en el lenguaje visual de su obra. Sin embargo, sus pinturas no buscan únicamente representar la fauna panameña. A través de ella aborda temas como la migración, el intercambio cultural, el comercio colonial y la relación entre las personas y los ecosistemas.
La reciente exposición surgió precisamente de las similitudes que encontró entre Panamá y Yokohama. Ambas ciudades miran hacia el Pacífico, viven del movimiento constante de mercancías y personas y mantienen una estrecha relación con el mar.

“Cuando uno cruza el Puente de las Américas y ve la fila de barcos esperando para transitar por el Canal entiende esa conexión con el comercio y la migración. Aquí, en Yokohama, también se vive esa relación con el puerto todos los días”, señala.
En varias de sus obras aparecen peces, pulpos y otras especies marinas que sirven para reflexionar sobre el impacto del consumo humano y la contaminación por plásticos en los océanos, un problema que, asegura, ha observado incluso en playas remotas de Panamá.
Durante la exposición, uno de los cuadros que más despertó curiosidad entre el público japonés fue una pintura del águila harpía (ave nacional de Panamá) realizada a tamaño real. Muchos visitantes se sorprendían por las dimensiones del ave y preguntaban si realmente existía un animal de ese tamaño.

Para Silva Vignoli, esas conversaciones representaban mucho más que una explicación sobre una especie: eran una oportunidad para hablar de Panamá.
“Me gusta la idea de promover un poco nuestro país. Siempre te preguntan de dónde eres y cuáles son tus influencias. La biodiversidad es uno de nuestros recursos más valiosos y me interesa contar esa historia a través del arte”, afirma.

La residencia en Japón llegó pocos meses después de graduarse de la Maestría en Pintura del Royal College of Art de Londres. Tras completar sus estudios comenzó a postularse a residencias y convocatorias internacionales hasta ser seleccionado para desarrollar este proyecto en Yokohama.
Además de la residencia, recientemente obtuvo uno de los premios del programa de arte de Travers Smith LLP, en Londres, dirigido a artistas recién graduados del Royal College of Art y la Universidad de Westminster. En las próximas semanas también participará con una de sus obras en una subasta benéfica de la Fundación Oír es Vivir, en Panamá.

Mientras prepara una nueva exposición colectiva para septiembre en Japón, Silva Vignoli asegura que su mayor expectativa es seguir construyendo puentes entre ambas culturas y abrir nuevas oportunidades para exponer en Asia, sin perder de vista un objetivo pendiente: presentar una exposición individual en Panamá.
“Uno nunca sabe cuál será la siguiente oportunidad. Lo importante es seguir creando y seguir mostrando el trabajo”, concluye.

