La artista israelí Sigalit Landau se interna en las aguas saladas y cálidas del mar Muerto para inspeccionar sus últimas creaciones, objetos cotidianos cubiertos de cristales de sal que brillan en el sol matinal.
El punto más bajo del mundo es también el atelier de Landau, que sumerge allí objetos, desde un vestido de bailarina hasta la estructura metálica de una pantalla de lámpara, durante semanas hasta que quedan mágicamente transformados en esculturas por las capas de sal.
“Estas aguas son como un laboratorio”, explicó.
El mar Muerto, un popular destino turístico flanqueado por acantilados, ofrece sorpresas constantes por la forma en que cambia los objetos, afirmó Landau: “Uno se vuelve muy humilde. Lo que el mar quiere, lo va a conseguir”.
Landau cuelga los objetos en marcos en el lago de sal. Posteriormente, los retira. Algunos se vuelven tan pesados por la sal que se les pega que deben ser cargados por cuatro personas.
La artista, cuya fascinación con el mar Muerto comenzó con el videoarte décadas atrás, dijo que ha presenciado el “desastre creado por el hombre” que amenaza el lago, ubicado entre Israel y Cisjordania ocupada de un lado, y Jordania del otro.
Israel y Jordania han desviado las aguas del río Jordán que alimentan el lago, al tiempo que explotan sus minerales. El nivel del agua ha bajado cerca de un metro por año en las últimas décadas, y el mar Muerto ha perdido un tercio de su área de superficie desde 1960.
Landau teme que va a desaparecer a menos que cambien las políticas gubernamentales. “Está desapareciendo y no debería”, afirmó. “Es importante y hermoso y una maravilla”.
Decenas de las esculturas de Landau del mar Muerto, así como instalaciones antiguas y nuevas de videoarte, estarán exhibidas durante el próximo mes de octubre en el Museo de Israel en la ciudad de Jerusalén.

