El eco del acordeón regresó hoy a su origen. Ocú, la tierra natal de Dagoberto “Yin” Carrizo, se convirtió este viernes 11 de septiembre en el epicentro del duelo y la identidad nacional durante las honras fúnebres definitivas del legendario músico panameño.
Con la bandera del distrito ondeando a media asta en el parque central, el pueblo herrerano se unió en una masiva manifestación de respeto y folclor para despedir al “Romántico del Acordeón”.
La jornada comenzó en la residencia de la familia Carrizo Cedeño, en la calle Paraíso, donde la noche anterior se había rezado el Santo Rosario. En el recinto, convertido en una galería de su vida con pinturas de su propia inspiración y reconocimientos, reposaban sus cenizas junto a flores blancas, uno de sus últimos acordeones y el emblemático disco de larga duración (LP) Yin Carrizo el Cantor de la Patria.
Desde allí partió una emotiva romería a pie que trasladó las cenizas unas tres cuadras hasta la Parroquia San Sebastián, acompañada por gente del pueblo ataviada en su mayoría de blanco.
La misa solemne fue presidida por el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, en compañía del obispo de Chitré, monseñor Rafael Valdivieso Miranda; y el párroco Orlando González. La música estuvo marcada por las notas tradicionales de los violinistas Rubén Almanza, Enrique Carrizo y Edwin Martínez.
Previo a una emotiva homilía dirigida especialmente a los músicos creadores de la cultura popular, monseñor Ulloa describió a Carrizo como “la esencia de nuestra nacionalidad”.
“Su acordeón calla, pero su música sigue viva. Viva Panamá remueve las fibras de lo que somos”, manifestó la autoridad eclesiástica.
Ulloa lanzó además un fuerte llamado al gremio artístico: “Ustedes no solamente animan una fiesta o una tarima, ustedes custodian memoria. En sus manos hay un pedacito del alma de nuestra patria... cuando ustedes ejercen este arte... un anciano vuelve por unos instantes a su aventura. Alguien recuerda a sus padres o a sus abuelos. Un niño descubre algo de la tierra donde nació. Y un panameño que vive lejos puede cerrar los ojos y por un instante volver a estar en casa.Una patria entera puede caber dentro de una melodía”. dijo Ulloa.
“El mejor homenaje es que podamos educar a los niños amando el folclor, que nuestros grandes artistas no tengan solamente admiradores, sino discípulos”, manifestó monseñor.
Al concluir el oficio religioso, el templo rompió el silencio con un tributo cultural interpretado por cinco acordeonistas folclóricos, todos galardonados en el pasado con el premio nacional que lleva el nombre de Yin Carrizo.
Tras el homenaje musicalizado por himnos generacionales como Julia, Lucy y La inspiración de mi acordeón, el cortejo fúnebre avanzó hacia el Cementerio Municipal de Ocú, donde las cenizas del maestro Carrizo fueron depositadas, consolidando su transición definitiva de la presencia física al patrimonio eterno de la música panameña.

