Las mujeres con síndrome ovárico metabólico poliendocrino −antes llamado síndrome de ovario poliquístico− podrían tener un mayor riesgo de eventos cardiovasculares, específicamente enfermedad cardiovascular aterosclerótica, según un análisis realizado en Estados Unidos que, sin embargo, no demuestra causalidad.
La conclusión se extrae de un estudio longitudinal retrospectivo con datos de 413,450 mujeres entre 18 y 50 años con este síndrome.
Los resultados se detallan en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, en un artículo firmado por investigadoras de la Universidad Rochester y de Pensilvania.
El objetivo −describen las autoras en su artículo− era determinar si el citado síndrome se vincula con un incremento de eventos cardiovasculares ateroscleróticos, independientemente de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales.
Para ello se compararon dos grupos de mujeres, con y sin esta afección y con una edad media de 31 años.
El resultado fue que el riesgo para la mencionada enfermedad cardiovascular fue mayor en el grupo con el síndrome ovárico en comparación con el grupo control, con un cociente de riesgo ajustado de 4.4.
Este mayor riesgo de enfermedad cardíaca se mantuvo incluso después de considerar la obesidad y otros factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial alta, el colesterol alto y la diabetes.
Esto sugiere que otros factores biológicos relacionados con el síndrome podrían contribuir a las enfermedades del corazón.
“Nuestros hallazgos, que muestran que las mujeres con este síndrome presentaron una mayor incidencia de eventos cardiovasculares ateroscleróticos, subrayan la necesidad de educar a los profesionales de la salud y concienciar a las pacientes sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular para mejorar la implementación de intervenciones preventivas tempranas”, resumen las autoras.
Esta detección temprana tiene que ir acompañada de otras medidas como la alimentación saludable y la actividad física regular para ayudar a reducir el riesgo a largo plazo, apuntan las investigadoras, que señalan algunas limitaciones del estudio, especialmente que se basa en datos de registros administrativos (de entre 2000 y 2022).
Esto puede provocar, por ejemplo, errores de clasificación y recopilación incompleta de detalles clínicos.
