Una pancarta con los nombres de 129 mujeres asesinadas en Francia desde julio de 2021, cuando se celebró el pasado festival de Cannes, fue desplegada por feministas en la alfombra roja ayer, domingo.
La acción coincidió con la presentación de un documental sobre feminicidios.
Nombres como Angélique, Evelyne, Sofya, Nadia, aparecían en negro sobre esa larga y estrecha pancarta, que remontó lentamente los tradicionales peldaños del Palacio de Festivales, sostenida por las activistas del colectivo francés les colleuses.
Algunas de las feministas, vestidas de negro, levantaron en lo alto de la pasarela su puño y encendieron bengalas negras.
La escena fue inmortalizada por el fotógrafo Raymond Depardon, cuyo hijo Simon realizó, con Marie Perennès, el documental Riposte féministe, que muestra a esas activistas pegando carteles durante la noche en los muros de las ciudades francesas, para denunciar la violencia contra las mujeres.
Un día antes fue el turno de una mujer desnuda de la cintura para arriba y manchada con pintura la que irrumpió en la alfombra roja, para gritar eslóganes feministas, antes de ser frenada por los servicios de seguridad.

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Sociedades que asfixian
No fue la única forma de denuncia social en el festival. “Nuestros países son muy bellos pero la gente se asfixia en su interior”, explicó la directora Erige Sehiri que, como otros cineastas del Magreb presentes este año en Cannes, mostró una juventud al borde de la explosión.
En su primer largometraje Les figues, presentado el sábado en la Quincena de Realizadores, la joven cineasta sitúa la acción en un campo de higueras en el Túnez rural, donde trabajan mayoritariamente mujeres.
En contraste con un campo abierto, donde los árboles se pierden en el infinito el espectador recibe una impresión totalmente diferente: una ratonera de la que las mujeres no pueden escapar.
“Tenía ganas de decir: ‘miren es bonito, pero eso es todo’. Nuestros países son así, son muy bellos, pero los jóvenes se asfixian en su interior”, expresó la cineasta.
Es una película coral, en la que las mujeres son perseguidas, acosadas. Algunas escapan por poco a una agresión sexual.
El amor y el sexo está en la mente de todos, pero nadie habla abiertamente.
“Quería abordar el tema del acoso sexual contra las mujeres. Aunque en Túnez la cuestión se toma más bien en serio, en el campo es algo cotidiano para las mujeres, e impera el silencio”, destaca.
Como si se tratara de una alegoría, los cuerpos de las trabajadoras parecen estar listos para ser “cosechados” por los hombres. Hombres que, afirmó la directora, sufren igualmente en silencio la imposibilidad de vivir libremente su sexualidad.
La directora nació en Francia de padres tunecinos, y rechaza que se haya basado en clichés. Sehiri se limitó a imaginar “una minisociedad tunecina, y más globalmente, magrebina”.
En cambio, la marroquí Maryam Touzani aborda en Le bleu du Caftan, presentado en la sección Una Cierta Mirada, la imposibilidad de vivir la homosexualidad en su país.
Para el actor Adam Bessa, que interpreta a Ali en la película Harka, de Lofty Nathan, de lo que se trata es de “la imposibilidad de vivir como uno desearía”.
La película cuestiona el destino de la Primavera Árabe, que trajo la democracia, pero también la guerra civil, a muchos países árabes.
La única posibilidad es escapar a Europa. Es “la desesperanza de una generación que siente que le impiden vivir”, adujo Lotfy Nathan.

