Lo que para muchos ciudadanos a lo largo del país parece una “invasión” de cocodrilos, para expertos en este reptil semiacuático significa la recuperación de una especie que habría estado al borde de la extinción.
Durante varias décadas, como consecuencia del crecimiento de la población y la consecuente expansión del entorno urbano, la siempre complicada relación entre los seres humanos y la vida silvestre entró en conflicto y Panamá no fue la excepción.
Sin embargo, avistamientos recientes indican que esa realidad ha cambiado. Diversos videos han recorrido las redes sociales y aunque no se puede asegurar que todos esos sucesos con cocodrilos hayan ocurrido en Panamá —algunos caen en la categoría de fake news— es cierto que algunos han aparecido en canales y costas.
Y, para que lo tomen en cuenta si los ven, su presencia cumple un papel ecológico de gran importancia: protegen manglares, larvas de peces y camarones.
Protectores de la vida marina y la seguridad alimentaria
De acuerdo con la veterinaria, investigadora y profesora del Departamento de Investigaciones de la Universidad Tecnológica de Panamá, Miryam Venegas, los cocodrilos “son fundamentales tanto para un medio ambiente saludable, como para la economía y la pesca de nuestro país, incluso para el turismo”.
En cuanto a su función ecológica, ayudan a mantener los manglares saludables y sirven como indicadores de salud ambiental, ya que su presencia refleja calidad en las fuentes de agua donde habitan. Su ausencia o disminución suele sugerir sobrepesca o contaminación.

También poseen un papel que suele pasar desapercibido ante los ojos de la población: son fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria en Panamá. Al consumir carroña y depredar especies en exceso, evitan que proliferen especies que atenten contra la producción de peces y camarones que forman parte del consumo humano y de interés comercial.
“Los cocodrilos son protectores de los ambientes marino-costeros y acuícolas. Los ríos y las desembocaduras de los ríos están protegidos por ellos”, apuntó la especialista.
No existe un censo
La experta afirma que en el país no se puede hablar de una sobrepoblación, ya que, nunca se ha hecho un censo que indique si la población de estos reptiles prehistóricos ha crecido o decrecido.
La doctora cocodrilo, como se le conoce en el país, dijo que detrás de la cantidad de avistamientos que se han visto en los últimos meses hay una historia de destrucción y recuperación.

Indica que durante el período comprendido entre la Segunda Guerra Mundial y mediados de la década de 1970, la población de cocodrilos fue llevada casi a la extinción debido a la comercialización de pieles para producir artículos resistentes para este conflicto.
“La mayoría de los países donde estaba esta especie la llevaron casi a la extinción y, en Panamá, la gran mayoría de las poblaciones fueron diezmadas grandemente”, manifestó.
Venegas manifestó que ahora se ven más cocodrilos en el país debido a que las vedas de caza permitieron que los cocodrilos sobrevivientes crecieran y se reprodujeran. Y no solo ha aumentado el número de animales, también ha aumentado su tamaño, dijo. Los adultos alcanzan la madurez reproductiva a los siete años y pueden vivir entre 50 y 80 años, generando nuevas crías.
De igual forma, Alexander Montero, zoólogo del Ministerio de Ambiente, manifestó que otro factor que contribuye al mayor número de avistamientos es la existencia de las redes sociales. Hay más fotos, videos y reportes circulando en estas plataformas. Esto hace que la ciudadanía perciba que hay más animales, afirmó.
Montero advirtió que también hay muchos videos o fotografías que se comparten que no corresponden a Panamá y que esto distorsiona la información sobre los avistamientos locales. “Tenemos que revisar porque a veces no es una especie de aquí o no es una foto de aquí y dicen: ‘Mira el cocodrilo en Panamá’”.
Vale la pena resaltar que si bien en este momento no hay estadísticas o estimaciones, porque no se había hecho un censo, la profesora Venegas se encuentra trabajando en un estudio para determinar la “densidad relativa” de cocodrilos.
El proyecto “Plan de gestión y administración del conflicto humano-cocodrilo de la Bahía de Panamá” se espera sea publicado a finales de este año y es una colaboración entre el Ministerio de Ambiente y la UTP.
¿Representan un peligro?
Se conoce que los ejemplares de esta especie pueden llegar a medir cuatro metros y, en Panamá, el ejemplar de mayor tamaño conocido reside en la isla Coiba. Se llama Tito y mide aproximadamente 4 metros con 20 centímetros.
Y aunque ver un animal adulto puede causar impresión y nerviosismo, los expertos aseguran que no representan un peligro directo para los humanos.
“El ser humano no es una presa”, aseguró el zoólogo.
Esta aseveración es respaldada por la doctora cocodrilo, quien señaló que, aunque en otras partes del mundo, como algunos países de África o Australia, existen especies que consideran al ser humano una presa, “los nuestros no”. En realidad, “somos los humanos quienes nos ponemos en riesgo”.

“El hecho de que los alimentemos, botemos los desechos de los barcos o nos pongamos en riesgo frente a estos animales causa un problema para nosotros como seres humanos y para el animal”, manifestó. Añadió que “si un cocodrilo me ataca o me agrede porque yo estoy invadiendo su espacio, el que va a pagar es el cocodrilo porque es al que quieren matar”.
Los especialistas dicen que es importante recordar que los cocodrilos son extremadamente territoriales, sobre todo cuando están protegiendo el área donde tienen sus huevos.
Los cocodrilos ponen sus huevos de manera similar a las tortugas, enterrados en la arena, y durante los meses de abril y mayo nacen sus crías, por lo que son épocas en las que se muestran mucho más agresivos, detalló Venegas.
¿Cuál especie hay en Panamá?
En nuestro país existen dos tipos: el cocodrilo aguja o americano, que es el de mayor tamaño. Puede llegar a medir hasta cuatro metros, tiene la cabeza estrecha y larga, una mandíbula curvada de la que sobresalen dientes cuando la boca está cerrada, patas cortas y una cola muy desarrollada.
También están los caimanes o babillos, que son más pequeños. Tienen la cabeza corta y no llegan a medir más de tres metros en edad adulta. Poseen un cuerpo robusto y prefieren el agua dulce, aunque resisten el agua salada; sin embargo, son menos resistentes que el cocodrilo americano.
En cuanto a la cantidad de ejemplares en nuestro país, no existen estudios ni censos actualizados, pero, de acuerdo con el funcionario de Miambiente, se les puede encontrar en áreas costeras, desembocaduras de ríos y manglares.

En cuanto a zonas específicas con mayor concentración, los expertos mencionaron el río Grande, en Coclé, donde de forma preliminar se han identificado hasta 46 adultos en la desembocadura, en menos de un kilómetro de recorrido.
En Herrera y Los Santos, si bien no se tiene una cantidad exacta, se ha reportado el avistamiento de ejemplares de gran tamaño.
En la ciudad de Panamá y comunidades aledañas se localizaron cerca de 11 individuos en el río Juan Díaz, en tres kilómetros de recorrido. Además, en el río Coquira en el distrito de Chepo y en el puerto de Mensabé, en Las Tablas, provincia de Los Santos, se reportan unos 30 animales por kilómetro. Esta zona, explica Venegas, tiene condiciones muy específicas, ya que hay embarcaciones de pesca industrial, los barcos se lavan en el río y los desechos de los barcos van a dar al agua.
Otros puntos donde pueden verse cocodrilos son la bahía de Panamá, el río Abajo, el río Matías Hernández, en los corregimientos de Don Bosco, Tocumen y el distrito de Chepo.
En puertos y desembocaduras de ríos grandes de la cuenca del Canal se han reportado hasta 36 individuos de ambas especies por recorrido.

