Cuando el Ministerio de Cultura (MiCultura) fue creado en 2019, asumió el reto de convertir la cultura en una política pública con rango ministerial, dejando atrás el modelo de instituto que durante décadas administró este sector.
Siete años después, y al cumplirse los dos primeros años de la administración gubernamental de José Raúl Mulino, la evaluación de su gestión revela un panorama de claroscuros: hay consenso en que la institución ha ganado presencia y dinamismo, pero también en que aún debe consolidar políticas que trasciendan los cambios de gobierno.
Especialistas consultados por La Prensa coinciden en que la gestión encabezada por la ministra Maruja Herrera ha impulsado procesos importantes, especialmente en materia de planificación cultural, infraestructura y proyección internacional.
No obstante, advierten que persisten desafíos estructurales relacionados con el presupuesto, la descentralización de la oferta cultural, el fortalecimiento institucional y el apoyo directo a los trabajadores de la cultura.
Un ministerio que comienza a consolidarse
Para Enrique Noel Mayta, abogado y especialista en derechos culturales, cualquier evaluación debe considerar que se trata de una institución relativamente joven.
A su juicio, uno de los avances más relevantes de esta administración ha sido el inicio del proceso de consultas ciudadanas del Plan Nacional de Culturas, un instrumento contemplado en la legislación que busca definir la política cultural del país con horizonte de largo plazo.
Según explica, las consultas ciudadanas y la instalación del Encuentro Nacional de Culturas representan el cumplimiento de un mandato legal y abren la posibilidad de construir una política pública con participación de la sociedad civil y distintas instituciones del Estado.
Edgar Cedeño, abogado e investigador de la Universidad de Panamá, comparte esa apreciación. Considera que MiCultura ha logrado reposicionar la cultura dentro de la agenda gubernamental mediante iniciativas como el programa Vibra Panamá, el fortalecimiento de la Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y la consolidación de la Ciudad de las Artes, ubicada en Llanos de Curundú, como uno de los principales espacios culturales del país.
Para la académica Margarita Vásquez Quirós, integrante de la Academia Panameña de la Lengua, el principal acierto sigue siendo la propia institucionalización de la política cultural.
A su juicio, desde la creación del ministerio la cultura ha adquirido una mayor visibilidad dentro de las responsabilidades del Estado y se han impulsado esfuerzos por preservar el patrimonio, promover actividades artísticas y reconocer la diversidad cultural panameña.
Presencia internacional
Entre los aspectos mejor valorados también aparece la ampliación de la infraestructura cultural. Mayta destaca tanto la puesta en funcionamiento de la Ciudad de las Artes y del Centro de Arte y Cultura de Colón como espacios que concentran formación artística, exposiciones, conferencias y actividades comunitarias.
Sin embargo, advierte que el reto ahora consiste en extender este tipo de infraestructura hacia las provincias y comunidades con menor acceso a bienes culturales. “Necesitamos más espacios culturales, pero distribuidos en los territorios”, sostiene.
Otro de los puntos positivos señalados por los especialistas es el posicionamiento internacional alcanzado por Panamá durante estos dos años.
Mayta menciona el ingreso del país al programa IberCultura Viva Comunitaria, orientado al fortalecimiento de las culturas comunitarias, así como la participación de Panamá como representante regional de América Latina y el Caribe durante la Conferencia Mundial de Políticas Culturales (Mondiacult), organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
También destaca los avances para la inscripción de la Ruta Colonial Transístmica en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, aunque advierte que este reconocimiento deberá ir acompañado de una estrategia de conservación, financiamiento y participación comunitaria.
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Los desafíos
Aunque las opiniones reconocen avances, las principales observaciones apuntan a problemas que continúan limitando el desarrollo de las políticas culturales.
Para Cedeño, el presupuesto constituye el principal obstáculo. Recuerda que la reducción de los recursos solicitados para funcionamiento podría afectar la contratación de docentes de educación artística y otros programas permanentes.
En su opinión, el respaldo institucional hacia artistas y gestores culturales continúa siendo insuficiente, especialmente desde el punto de vista económico. “Es importante crear más fondos y mecanismos accesibles para apoyar la producción artística”, señala.
Mayta coincide en que el Ministerio debe avanzar hacia un sistema más transparente y permanente de financiamiento mediante la creación del Fondo Nacional de Culturas, previsto en la Ley General de Cultura, que permita evaluar proyectos con criterios técnicos y no dependa exclusivamente de decisiones administrativas.
Asimismo, plantea la necesidad de desarrollar un estatuto que garantice mejores condiciones laborales para quienes trabajan en el sector cultural, incluyendo acceso a seguridad social y mecanismos de protección económica.
La descentralización aparece como la deuda común
Si existe un punto donde convergen prácticamente todas las voces consultadas es la necesidad de profundizar la descentralización de la política cultural.
Para Pedro Crenes Castro, escritor panameño, aunque MiCultura mantiene una agenda activa, todavía debe lograr que las actividades culturales lleguen de manera sostenida a todo el país.
Considera que la cultura solo podrá proyectarse internacionalmente cuando primero logre recorrer el territorio nacional. “Cuando de verdad la cultura viaja por dentro del país, es el momento de exportarla”, afirma.
Uno de los aspectos que considera necesario fortalecer es el respaldo a la literatura panameña. A su juicio, las letras han perdido protagonismo dentro de las Ferias del Libro y hace falta una estrategia que impulse la circulación internacional de escritores nacionales, incluyendo la creación de una Oficina de Exportación Literaria.
“La literatura no puede depender únicamente del Premio Ricardo Miró; necesita promoción y distribución nacional e internacional”, sostiene Crenes Castro.
La académica Margarita Vásquez también considera que la descentralización debe convertirse en uno de los ejes centrales de la política cultural. En su opinión, las oportunidades culturales deben llegar a provincias, comarcas, bibliotecas, escuelas y centros comunitarios para reducir las brechas territoriales y garantizar el acceso de toda la población a la vida cultural.

Mirar más allá de los eventos
La actriz y gestora cultural Maritza Vernaza considera que, si bien la creación de MiCultura y la aprobación de la Ley General de Cultura representaron avances significativos para la institucionalización del sector, la gestión aún mantiene un enfoque centrado en la organización de actividades y espectáculos.
A su juicio, el desarrollo cultural no debe medirse por la cantidad de eventos realizados, sino por la capacidad del Estado para garantizar los derechos culturales de la población, proteger el patrimonio, fortalecer las identidades y promover una participación activa de la ciudadanía en la vida cultural del país.
En esa línea, sostiene que el ministerio todavía enfrenta limitaciones para consolidarse plenamente como la institución rectora de las políticas culturales. Entre los principales desafíos menciona la ausencia de una cultura de planificación y evaluación permanente, así como la necesidad de comprender la cultura como una política pública estratégica para el desarrollo humano y comunitario, con continuidad más allá de cada administración gubernamental.
Vernaza también plantea la importancia de fortalecer aún más la participación de la sociedad civil en la construcción del Plan Nacional de Culturas, acelerar la implementación del Fondo Nacional de Culturas contemplado en la legislación vigente y asumir una posición más activa en la protección del patrimonio y la memoria colectiva cuando estos se vean afectados por decisiones de otras entidades públicas o gobiernos locales.
Los especialistas coinciden en que uno de los mayores desafíos será consolidar una política cultural que trascienda las actividades puntuales y los periodos gubernamentales.
Para Mayta, el éxito del futuro Plan Nacional de Culturas dependerá de que se convierta en un documento técnicamente sólido, construido con participación ciudadana y con capacidad real de ejecución.
Cedeño considera indispensable fortalecer la gobernanza, ampliar la divulgación de los programas culturales y aprovechar las plataformas digitales para acercar el ministerio a nuevos públicos.
Mayta añade otro reto emergente: incorporar la cultura digital y la inteligencia artificial dentro de las futuras políticas culturales, atendiendo aspectos como los derechos de autor, los sesgos algorítmicos y las nuevas formas de creación y circulación artística.
Cultura como política de desarrollo
Más allá de la programación artística, las voces coinciden en un aspecto de fondo: la cultura debe convertirse en un componente estratégico del desarrollo nacional.
Para Margarita Vásquez, el ministerio tiene la responsabilidad de fortalecer la ciudadanía, la memoria histórica, el sentido crítico y la cohesión social. “La cultura no solo genera desarrollo económico; también construye democracia, identidad, convivencia y sentido de pertenencia”, afirma.

Luego de dos años del inicio del actual gobierno, el balance sobre la gestión del MiCultura muestra una institución que continúa consolidando su papel dentro del Estado y que ha impulsado iniciativas valoradas por distintos sectores del ámbito cultural.
Sin embargo, las mismas voces coinciden en que el verdadero desafío apenas comienza: transformar esos avances en políticas permanentes, con mayor alcance territorial, financiamiento sostenible y mejores condiciones para quienes producen y preservan la cultura panameña.

