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El año por escrito

No se fíen nunca de las listas de más leídos, más vendidos o mejor valorados, suelen ser, como no podía ser de otra forma, una arbitrariedad de los afectos, efectos y trasfondo literario del que las firma, y aunque el valor esté las más de las veces precisamente en ello, no cojan lucha, pero no desprecien tan a la ligera a los prescriptores literarios: en el equilibrio está siempre la sabiduría, el buen gusto y las reflexiones de fin de año.

Este viejo 2022 nos ha dado muy recomendables lecturas panameñas, “los de acá”, les digo yo, empezando con Rogelio Guerra Ávila (Una corona con cantáridas), experimentado escritor y recientemente galardonado con el Miró, y una de las voces a seguir en nuestra literatura, la de Gerardo Bósquez (Postulados contradictorios y Cosas que caen), que junto a Nicolle Alzamora (El temblor), excelente cuentista, y Emiliano Pardo-Tristán (Lo blanco y lo negro), músico y novelista, están dando mucho que esperar en materia literaria. De “los de acá”, no puedo dejar de mencionar a Mónica Miguel y su iluminador poemario Ferrox Lux, ni a Javier Stanziola y su novela Hombres enlodados, un hito de las letras panameña en fondo y forma.

Del grupo de consagrados, este año nos han dado de leer o de hablar, Ela Urriola y su prodigioso El vértigo de los ángeles, y también nuestra Bertalicia Peralta, antologada en Vindictas. Cuentistas latinoamericanas, de la mano de Páginas de Espuma. Benjamín Ramón también nos dio a leer su antología personal, Hombre en la luna, y el poeta Moisés Pascual se pasa a la novela y da un magistral golpe de oficio publicando Las tribulaciones de Johnny Bolas, que deben leer cuanto antes, al igual que los nuevos cuentos de Enrique Jaramillo Levi, sobre todo, Top secret, una excelente rareza dentro de nuestra cuentística nacional.

Hemos celebrado, muy tímidamente (por ignorancia o pura dejadez), el centenario de Ramón H. Jurado, una oportunidad perdida de proyectar a uno de nuestros indiscutibles, y también celebramos los 80 años de la Biblioteca Nacional, que resiste como metáfora de la enfermedad de olvido que padecemos en nuestro país (no olvidemos lo que pasó con la del Instituto Nacional). Y hay que seguir celebrando la publicación de una nueva versión del fundamental Diccionario del español en Panamá, el DEPA, de Margarita

Vásquez, que nos pone en la pista de nuestra identidad desde el idiolecto, y celebrando, no dejemos de hacer lo propio, aunque sea pocos días, los 50 años de Capricornio en gris, libro de cuentos de Justo Arroyo, ganador ese año del Miró.

“Los de allá”, así llamo a los que no viven en Panamá, también nos han dado de leer: Iona Gruia, excelente poeta, Rafael Narbona, crítico y escritor, Wole Soyinka y su Nobel, y Cristina Peri Rosi, nuestra Cervantes, además de mis queridos y excelentes cuentistas Nicolás Melini y Juan Carlos Márquez, sin olvidar a Liliana Colanzi. Y hablando de cuentistas, en el año de los 40 años del Nobel de García Márquez, Álvaro Santana-Acuña nos ha dejado un libro revelador sobre Cien años de soledad: Ascent to glory.

Volvimos a la presencialidad de la Feria del Libro y a la ausencia crónica de la literatura en ella, aunque se agradece el esfuerzo, y nunca diremos lo suficiente que, vender libros no es promover la lectura, y que publicarlos no es hacer literatura. Año de desiertos sonados, discusiones de altura sobre ello, y búsquedas de la pasión por leer y escribir más allá del oropel y el boato de salir por las redes o en los medios diciendo que nos hemos publicado un libro.

“Nos entregamos al afán desventurado no solo de dudar de los empeños constantes y dolorosos de edificar una nacionalidad, sino a la tarea procaz de desfigurar lo propio en homenaje a la proposición extranjera”, dice mi amigo Ramón H. Jurado, y añade que esto es más evidente “en las artes y las letras”. No hemos cambiado mucho desde el 53, pero tenemos por delante un año nuevo para remediar el asunto buscando el criterio literario en la lectura, algo tan obvio que suele olvidarse.

Que el 2023, nos traiga buenas lecturas. Aquí, como siempre, las pondremos por escrito.


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