Laura Baumeister (Nicaragua, 1983) calcula que su debut es la quinta película de ficción de la historia reciente de su país y apenas la primera en ser firmada por una mujer nacida en la tierra de Sergio Ramírez y Gioconda Belli.
Su ópera prima se titula La hija de todas las rabias (2022). Cuenta la historia de María, una niña de 11 años, quien sobrevive a duras penas junto con su madre Lilibeth en los límites de un enorme basurero en Managua.
El futuro de ambas depende de vender una camada de perros de raza, pero algo se sale de los planes y la pequeña es abandonada a su suerte. La menor de edad queda sola en un centro de reciclaje donde tiene que jugarse la vida y sortear la soledad y la rabia hacia los adultos. Su única compañía en medio del caos es Tadeo, un chico sabio y enfermizo que la ayuda a construir sueños con los que intenta vencer a las adversidades.
Ese es el argumento de este drama social, escrito y dirigido por Laura Baumeister, que forma parte de la programación de la edición 11 del Festival Internacional de Cine de Panamá.
“Una de mis expectativas es mostrar la película con un público relativamente más cercano al mío. La película desafortunadamente aún no se ha podido mostrar en Nicaragua y si bien ya estuvo en festivales como Toronto, Morelia y San Sebastián, mostrarla en Panamá lo acerca a mis raíces”, explica la cineasta sobre su ópera prima, declaraciones que brindó mientras estaba en Buenos Aires, donde participaba en Ventana Sur (el mercado más relevante de contenidos audiovisuales en América Latina).
“Eso de la cercanía me significa mucho en este momento. Ver cómo reacciona un público más afín al mío, caribeño, centroamericano, todo eso me llama la atención”, anota quien desde el principio quería un elenco combinado entre actores profesionales e intérpretes naturales que nunca habían visto de cerca una cámara.
La hija de todas las rabias es una coproducción entre Nicaragua, México, Países Bajos, Alemania, Francia y Noruega.
Antes de embarcarse en este proyecto, Laura Baumeister firmó seis cortometrajes, estrenados entre el 2011 y el 2018 en festivales de cine como Cannes y Rotterdam.
Vínculo de confianza
El pie de arranque de La hija de todas las rabias es un recuerdo de secundaria. Cuando Laura Baumeister tenía unos 16 años y estudiaba en bachillerato, llevó a cabo un trabajo social de alfabetizar a una comunidad que residía en un basurero en Managua, un sitio que además era la casa y el lugar de trabajo de familias de escasos recursos económicos.
Esa experiencia formativa duró tres meses y desde entonces quedó con las ganas de narrar algo en torno a esas verdades que observó, pero en el medio se metió en sus estudios de sociología.
Tiene sus retos enmarcar la trama de un filme en un lugar tan dispar como un vertedero.
“En primer lugar, era el cómo acceder a la comunidad del sitio, y para ello se necesitó crear un vínculo de confianza con las personas del área que solo el tiempo y la constancia lo puede dar”, contó.
Después, al mundo y a la producción le tocó lidiar con los estragos de la pandemia. “Eso agregó otro componente de cuidado y de seguridad para con el equipo y con la comunidad que nos recibía”.
Filmar en un ambiente tan específico se las trae. “La gran virtud de filmar en ambientes ajenos al cine es que la película se vive como una novedad, genera mucha expectativa para todos y en general la gente te recibe con los brazos abiertos. Hay mucha solidaridad, muchas ganas de ser parte, de aportar”.
Una década del IFF Panamá
La edición 11 del Festival Internacional de Cine de Panamá se celebrará desde hoy y hasta el domingo 4 de diciembre, con proyecciones en el Ateneo de la Ciudad del Saber, el Museo del Canal Interoceánico (San Felipe) y La Manzana de Santa Ana. Según la orgaización, en los últimos 10 años, el IFF Panamá ha atraído a más de 170 mil espectadores y 980 invitados de más de 24 países.
“Luego lo más difícil es no tener todas las garantías que te da un ambiente más industrial a nivel cinematográfico. El acceso a equipos, a las casas de reparto, el equipo técnico y artístico con experiencia, etc. Todo eso es un reto”, resalta Baumeister, quien estudió dirección cinematográfica en México (donde reside en la actualidad).
La mirada
En la puesta en escena de La hija de todas las rabias, al momento de plantarse la mirada que tendría la producción, Baumeister se hizo muchas preguntas: “¿cómo acercarme a la gente?, ¿cómo no revictimizar?, ¿cómo humanizar en el amplio sentido de la palabra, en sus complejidades y en sus virtudes a mis protagonistas? De ahí surgieron los sueños como un elemento onírico que amplía el universo de los personajes”.
Una de las tantas lecturas que ofrece su largometraje a los espectadores es que estamos ante una metáfora sobre el frágil universo de la infancia en nuestros países marcados por la desigualdad en la repartición de las riquezas.
A lo largo de toda la realización de esta película, ella tenía presente “que para María, la infancia era esa tierra móvil y vibrante que en cualquier momento se derrumba. Tenía la imagen de que todo por donde ella pasaba se caía después, como un derrumbe. Y de alguna manera, siento que la infancia tiene algo de eso, es tan absoluta y todo lo que pasa es único y el tiempo es tan sostenido que cualquier cosa se experimenta con plena intensidad”.

