La ciudad de Panamá se está calentando. Y el fenómeno no responde únicamente al cambio climático global, sino también a la forma en que se está construyendo la ciudad.
Un análisis desarrollado por el Observatorio de Riesgo Urbano de Florida State University, en conjunto con Esri Panamá y Metromapas, construyó el Índice de Vulnerabilidad Térmica Urbana (IVTU), una herramienta que permite identificar qué barrios presentan mayor exposición al calor urbano y cuáles mantienen mejores condiciones microclimáticas.
A media mañana, esperar un autobús en Don Bosco puede convertirse en una prueba de resistencia. El pavimento y la parada de vidrio irradian calor, la sombra escasea y ni rastro de brisa.
“Hay días en que el calor es tan intenso que prefiero llevar la ropa del trabajo aparte y cambiarme al llegar. Si salgo vestido desde casa, llego con la camisa empapada”, asegura Carlos Figueroa, residente del sector.
Su percepción no es una exageración. El estudio concluye que la temperatura superficial promedio de la ciudad aumentó entre los períodos 2000-2006 y 2019-2025, pasando de 37.9°C a 39.8°C.

A partir de modelos geoestadísticos y técnicas de Machine Learning, el equipo analizó la relación entre temperatura superficial del suelo, superficie construida, cobertura arbórea, altura de los árboles, vigor de la vegetación y disponibilidad de espacio público.
Aunque el incremento parece pequeño, especialistas advierten que representa una señal de alerta. La Dirección de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) explica que la temperatura superficial no es la misma que perciben las personas, pero sí influye directamente en ella. Las superficies urbanas acumulan calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche, dificultando que la ciudad se enfríe.
La entidad recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el calor extremo una de las principales amenazas climáticas para la salud, debido a que aumenta el riesgo de deshidratación, golpes de calor y complicaciones cardiovasculares y respiratorias, especialmente entre adultos mayores, niños y trabajadores expuestos al sol.
El concreto y la falta de árboles dominan el comportamiento térmico
El estudio determinó que las dos variables más importantes para explicar el calor en los suburbios son la cobertura arbórea y la superficie construida.
De acuerdo con el modelo, la cobertura vegetal explica el 27.8% de la variabilidad térmica de la ciudad, mientras que la superficie construida aporta otro 26.7%. En conjunto, ambas variables representan más de la mitad del comportamiento térmico urbano.
La ciudad de Panamá posee aproximadamente 6,383.6 hectáreas de superficie construida (solo edificaciones) equivalentes al 18.8% del área urbana total.
Los 20 barrios con mayor porcentaje de construcción presentan niveles de impermeabilización (técnica que se utiliza para evitar que el agua o la humedad atraviesen una superficie) extremos: sus valores oscilan entre 56.2% y 98.4% de superficie construida, con un promedio de 65.6%.
Entre los casos más críticos destacan:
Rainforest Villas: 98.4% de superficie construida.
Residencial Las Américas: 93.6%
Barriada Los Nogales II: 80%
Parque de Alicante: 72.1%

En estos barrios, la cobertura arbórea es mínima. El promedio de vegetación apenas alcanza el 15.4%, y más de la mitad de los sectores analizados tienen menos de 10% de árboles.
La explicación es sencilla: donde desaparecen los árboles, el calor se acumula.
Según la Dirección Forestal de MiAmbiente, los suelos sin vegetación alcanzan temperaturas mucho más elevadas porque carecen de sombra y de procesos naturales de enfriamiento como la evapotranspiración. Mientras las plantas liberan humedad y ayudan a reducir la temperatura del entorno, superficies como el cemento y el asfalto absorben gran parte de la radiación solar y la convierten en calor.
Advierten además que el asfalto es uno de los materiales urbanos más problemáticos desde el punto de vista térmico. Sus temperaturas superficiales pueden alcanzar entre 65°C y 82°C durante las horas más calurosas del día, acumulando energía que posteriormente es liberada al ambiente durante la noche.
Los barrios más vulnerables al calor
Los 20 barrios con peores indicadores presentan un patrón muy claro: mucha construcción, poca vegetación y árboles bajos o prácticamente inexistentes.
Los valores del índice oscilan entre 79.2 y 86.3 puntos, muy por encima del promedio general de la ciudad, estimado en 63.5.
Los sectores con mayor vulnerabilidad térmica identificados por el estudio son:
Residencial Las Américas
Parque de Alicante
Rainforest Villas
Brisas del Nuevo Hipódromo
Urbanización Don Bosco
Estos barrios registran temperaturas superficiales promedio cercanas a 46°C, superiores al promedio general de la ciudad, que ronda 39.7°C.
Incluso, cuatro sectores superan los 48°C:
Vista Magna
Residencial Olímpico No. 2
Urbanización Don Bosco
Brisas del Nuevo Hipódromo
El estudio advierte que en estos sectores la cobertura arbórea promedio es apenas de 6.2%, mientras que la altura promedio del dosel (capa superior formada por las copas y ramas de los árboles) no supera los 0.32 metros.

“Esto sugiere que no solo hay pocos árboles, sino que además la vegetación existente tiene poca capacidad de sombra y regulación térmica”, explica el informe.
Los barrios más frescos de la ciudad
El análisis también identificó los sectores con mejores condiciones térmicas.
Los 20 barrios con mayor cobertura arbórea presentan niveles de vegetación entre 74.8% y 92.7%, con un promedio de 81.1%.
Entre ellos destacan:
La Bandera
Villa Isabel
Villa Esperanza
Los Pinos
El Vallecito
Estos sectores muestran un patrón opuesto al de las zonas más calientes: baja urbanización, árboles más altos y menor temperatura superficial.
La temperatura promedio en este grupo se ubica alrededor de 35.1°C, casi cinco grados menos que el promedio de la ciudad.
Además, presentan una altura promedio del dosel arbóreo de 9 metros, muy superior al promedio general de 2.11 metros.
La altura de los árboles sí importa
Uno de los resultados más relevantes del estudio fue el peso que adquirió la altura del canopy urbano (capa de árboles y vegetación que cubre una ciudad vista desde arriba).
Los investigadores explican que los árboles altos generan sombra sobre calles, edificios y pavimentos, reduciendo la acumulación de calor en la superficie urbana.
Incluso en áreas densamente urbanizadas, el estudio detectó que ciertos sectores con edificios altos pueden registrar temperaturas superficiales ligeramente menores debido al llamado “efecto cañón urbano”, que genera sombra parcial sobre las superficies.
La Dirección Forestal señala que no basta con aumentar la cantidad de árboles; también importa dónde están ubicados. La distribución desigual del arbolado puede generar diferencias térmicas importantes entre barrios y afectar de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables.
San Miguelito y el corredor este entre las zonas más afectadas
El análisis identificó algunos de los mayores incrementos de temperatura superficial en zonas de expansión urbana acelerada.
San Miguelito registra aumentos promedio de 3.2°C entre los dos períodos analizados, mientras que áreas entre Brisas del Golf, Rufina Alfaro y Juan Díaz alcanzan incrementos de hasta 3.8°C.
En sectores céntricos como Casco Antiguo, Bella Vista y San Francisco, el aumento ronda 2.1°C.
Implicaciones para la ciudad
El estudio recomienda incorporar criterios térmicos en nuevos desarrollos urbanos, aumentar la arborización efectiva, reducir superficies impermeables y promover infraestructura verde capaz de disminuir la acumulación de calor.
También advierte sobre posibles impactos en salud pública, especialmente para adultos mayores, niños, trabajadores al aire libre y hogares con poca ventilación o sin acceso a aire acondicionado.

MiAmbiente sostiene que las ciudades deberían aspirar a alcanzar entre 30% y 40% de cobertura arbórea, un rango que diversos estudios asocian con reducciones de temperatura de hasta 4°C o 5°C en zonas urbanas.
Además, recomiendan preservar suelos permeables e incorporar soluciones como jardines de lluvia, zanjas de infiltración y pavimentos permeables. Estas medidas permiten que el agua se infiltre en el terreno, favorecen el enfriamiento natural y ayudan a reducir el riesgo de inundaciones.
Un problema que podría agravarse
Según el Atlas de Riesgo Climático de Panamá, elaborado con registros históricos entre 1981 y 2022 y apoyado en 23 modelos climáticos internacionales, varias ciudades del país podrían pasar de registrar pocas o ninguna ola de calor al año a acumular entre 36 y 85 días anuales bajo condiciones de calor extremo hacia 2050 si continúan las tendencias actuales de calentamiento global.
El Ministerio de Ambiente subraya que se trata de proyecciones y no de certezas, pero advierte que el calentamiento ya es observable. Incluso áreas boscosas protegidas, como sectores de la Cuenca del Canal de Panamá, registraron incrementos en la temperatura superficial durante el período analizado, lo que apunta a una señal regional más amplia vinculada al cambio climático.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) concluye con alta confianza que la frecuencia e intensidad de los eventos de calor extremo seguirá aumentando con cada décima de grado adicional de calentamiento global.
Lo que está en juego, advierten los especialistas, no es que las ciudades se vuelvan inhabitables, sino que actividades cotidianas como caminar, esperar un autobús, estudiar en un aula sin ventilación o trabajar al aire libre representen riesgos cada vez mayores para la salud durante más horas del día y durante períodos más largos del año.
“El calor urbano no afecta a todos por igual”, concluye el informe. “La combinación entre urbanización intensa y pérdida de cobertura vegetal está modificando el microclima de la ciudad”.

