Para José Quintero, mejor conocido como José HD, los diablos rojos son mucho más que autobuses decorados. Son una representación viva de la cultura panameña, una galería ambulante que durante décadas ha recorrido las calles del país mostrando colores, personajes y tradiciones que forman parte de la identidad nacional.
No es casualidad que muchos conozcan la puerta de atrás como el “Salón de la Fama Panameña”. Según explica José, tener el rostro plasmado en la parte trasera de un diablo rojo es un reconocimiento popular reservado para personas admiradas por los dueños de los buses y por la comunidad.
“Se pone siempre un artista, un familiar, una persona querida, alguien que esté ‘pegado’. Por eso se plasma en la puerta de un bus”, cuenta.
Su llegada a este oficio ocurrió de manera inesperada. Aunque se graduó en refrigeración, al ser menor de edad no podía ejercer su profesión. Fue entonces cuando conoció al señor Salazar, un decorador que trabajaba cerca de su casa. Entre conversaciones y pequeños trabajos fue aprendiendo el oficio hasta convertirlo en su forma de vida.
Casi 29 años después, sigue dedicado a transformar autobuses en verdaderas obras de arte.
El proceso, asegura, está lejos de ser sencillo. Antes de aplicar una sola gota de pintura, muchos buses requieren reparaciones de chapistería y preparación de la superficie. Luego llega el momento de diseñar y ejecutar las ideas del propietario.
“La técnica es a mano alzada, aerógrafo, pistola y pincel. Es un proceso largo, pero vale la pena”, explica.
El tiempo de trabajo depende de la complejidad de cada proyecto. Algunos pueden completarse en pocos días, mientras que otros han tardado meses e incluso años debido al nivel de detalle o a las exigencias de los clientes.
Con el paso del tiempo también han cambiado las imágenes más solicitadas. Si antes predominaban los guerreros y referencias culturales tradicionales, hoy abundan figuras urbanas, artistas musicales y personajes vinculados a tendencias modernas.
Design by Infografías La PrensaSin embargo, para José HD, el valor de los diablos rojos sigue siendo el mismo.
“El que es panameño y no conoce un diablo rojo, no es panameño”, afirma.
Considera que estos vehículos representan la alegría, el colorido y la creatividad del país. Aunque su presencia en las calles es cada vez menor, destaca que muchos propietarios han encontrado formas de mantener viva la tradición a través de chivas parranderas, proyectos turísticos, restaurantes y actividades privadas.
A lo largo de los años ha participado en innumerables proyectos, muchos de los cuales guarda con especial cariño.
También reconoce que el trabajo de los decoradores ha ganado respeto dentro del gremio, aunque considera que muchas veces estos vehículos han sido estigmatizados. “Se ha satanizado el mismo bus. Lo ven como algo malo o vulgar, y no es así”, sostiene.
Para José HD, detrás de cada diseño hay arte, esfuerzo y una historia que merece ser contada.
Si tuviera que pintar un último diablo rojo, asegura que elegiría un homenaje a Panamá: artistas nacionales, paisajes icónicos y símbolos patrios que permitan dejar un mensaje imborrable para las futuras generaciones. “Sería una despedida triste, pero basada en temas nacionales, para que el último recuerdo sea algo que no se pueda olvidar nunca”.
La desaparición progresiva de los diablos rojos de las rutas urbanas fue uno de los momentos más difíciles de su carrera. “Fue una experiencia triste. Pensamos que iban a desaparecer por completo”, recuerda.
Aun así, celebra que la tradición haya sobrevivido gracias a quienes decidieron conservar estos autobuses como parte del patrimonio popular.
Aunque la modernización del transporte público desplazó a los tradicionales diablos rojos de gran parte de las rutas urbanas, estas unidades continúan prestando servicio en distintos sectores del área metropolitana.
De acuerdo con la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), hasta el 29 de abril de 2026 permanecen en circulación cerca de 260 autobuses, distribuidos en unas 25 rutas de transporte colectivo en diferentes puntos del país.

Para mantenerse en operación, los propietarios deben cumplir con las disposiciones de la ATTT, entre ellas tener vigentes las pólizas de responsabilidad civil y de pasajeros, la revisión técnica al día y los equipos de seguridad exigidos por la normativa, como extintor, llanta de repuesto y triángulos de señalización.
En el caso de las chivas parranderas que ofrecen servicios comerciales en el distrito de Panamá, sus operadores también deben tramitar un permiso anual ante la Alcaldía. El proceso incluye la presentación de la documentación del vehículo y del negocio, pólizas de seguro vigentes y la aprobación de una inspección que verifica el cumplimiento de las normas relacionadas con el ruido y la iluminación.
Requisitos para las chivas parranderas
Aunque hoy son menos frecuentes en las calles, los diablos rojos siguen siendo parte del transporte en algunas comunidades y conservan un lugar importante en la memoria colectiva como uno de los símbolos más representativos de la movilidad en Panamá.
