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El síndrome de Otelo en el cuento ‘La Otra’ de Ela Urriola

El síndrome de Otelo en el cuento ‘La Otra’ de Ela Urriola
Ela Urriola

La otra es uno de los cuentos que componen la obra Agujeros negros con la que Ela Urriola obtiene el Premio Nacional de Cuento José María Sánchez en el año 2015. La trama es manejada a través de una serie de indicios mediante los cuales el narrador-personaje —una mujer— da muestras de una celotipia llevada al máximo nivel, tema manejado a la perfección por Shakespeare en Otelo, cuyo personaje principal, víctima de celos indecibles que le sembró Yago, mata a Desdémona. Después de realizado el hecho, Otelo se arrepiente y se suicida.

En La otra, se emplean argumentos de la sicología y de la lógica para que la protagonista alimente sus dudas al punto de confundirlas con la verdad del mismo modo que Yago envenenó a Otelo con una supuesta infidelidad de Desdémona. Claudia e Irena, íntimas amigas de la protagonista, transforman sus conclusiones en el abono que encuentra, en las dudas del narrador-protagonista, el terreno fértil para el cultivo de las sospechas. Aplican la empatía para incrementar el disgusto del personaje, al explicarle cómo se sintieron ellas después de las infidelidades de sus parejas.

Las tres amigas (Claudia, Irena y el personaje principal) se conocen hasta en los más abisales recovecos de su intimidad, incluso, en sus modos de autosatisfacción para calmar sus inquietudes femeninas. Sin embargo, parten de principios equivocados para aconsejar; Claudia, por ejemplo, les cuenta a sus amigas que su esposo se alejó de ella al grado de que ni siquiera la tocaba, ella dejó de interesarle, elementos que sumados la llevaron a descubrir que él le era infiel.

Para colocarle la cereza al pastel, Eduardo, el esposo de la protagonista, es un escritor, lo que genera un binomio interpretativo en los inicios de la historia, pues mientras la esposa, lo considera inofensivo —entiéndase fiel— las amigas creen que es necesario incrementar la vigilancia sobre él, ya que, por el hecho de ser artista, específicamente escritor, tenía la habilidad de parecer inocuo para disimular sus verdades, puesto que, en esencia, su naturaleza le dota de la capacidad de conocer o imaginar los caminos que conducen a los placeres de la infidelidad.

Todo llega al pensamiento cartesiano de que “dudo de todo menos de que dudo”, o, mejor dicho, tan grandes fueron los celos y las dudas de la protagonista que la llevan a dar por hecho el adulterio de su marido. Solo es asunto de seguirlo y de sorprenderlo, de agarrarlo con las manos en la masa. La protagonista, cansada de su soledad de mujer casada, se pone manos a la obra y sigue al su esposo; no le caben dudas de que está siendo engañada cuando lo ve entrar a un hotel. Seguro allí lo espera la amante. Convence a los empleados del hotel para que le permitan ingresar a la habitación de Eduardo: allí lo encuentra con la otra, lo que la hace sentir muy mal al percatarse de que sus dudas nunca tuvieron razón de ser. La heroína se avergüenza de su conducta al darse cuenta de su inseguridad como persona reflejada en las dudas provocadas por el trabajo de su marido.

Luego, la protagonista vuelve a reunirse con sus amigas para contarles los resultados de su pesquisa. Ante la curiosidad de éstas, les comenta que entró a la habitación de Eduardo, que lo encontró fumando en el balcón, que en el escritorio estaba la resma, ya que, después de meses de trabajo arduo, Eduardo había concluido su novela (la otra), la que tantos celos e inquietudes provocaron en su mujer. El cuento termina ahí sin brindar la oportunidad a las amigas de emitir su opinión en torno a lo ocurrido, dejando un irónico vacío, vaso comunicante del humor que queda a criterio del lector.

Con elaborado acento lúdico, bordado con la más fina ironía, Ela Urriola maneja excelentemente los indicios, los personajes y el tiempo para burlarse del lector (yo fui una de sus víctimas) pues influido por las dudas atizadas por los personajes femeninos, esperaba que Eduardo tuviera en su cuarto de hotel a otra mujer; no se me ocurrió pensar que no era fémina, sino otra obra del autor.

El autor es profesor


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