Una guitarra rota cambió el rumbo de la vida de Elvia Atencio. Lo que comenzó como un regalo inesperado para su padre terminó despertando una vocación que hoy la ha convertido en una de las principales promotoras de la musicografía braille en Panamá, un sistema que permite a las personas con discapacidad visual leer y escribir música mediante el braille.
“Mi papá trabajaba haciendo jardinería en una casa y le regalaron una guitarra partida. Él la mandó a arreglar y todos empezamos a tocarla, pero al final quedé yo tocándola a los 10 años en una parroquia. Y el resto es historia”, recordó en entrevista con ELLAS la profesora de música, quien nació con retinosis pigmentaria, una condición que la dejó sin visión desde su nacimiento y con la que también nacieron dos de sus ocho hermanos.
Interesada en desarrollarse profesionalmente en la música y como en Panamá no existía formación en musicografía braille, escribió a distintas instituciones en el extranjero hasta recibir una respuesta positiva desde Argentina, donde cursó sus estudios de Educación Musical.
Leer la música con las manos

La profesora, quien es secretaria de Educación de la Unión Latinoamericana de Ciegos, explicó que el braille es un sistema de lectoescritura inventado por Louis Braille hace 200 años. Este sistema no solo incluye el alfabeto que permite a las personas ciegas leer y escribir, sino también la musicografía, la cual representa la escritura musical.
Atencio aprendió primero el sistema braille en una escuela para personas ciegas durante su infancia y, años más tarde, estudió la musicografía como parte de su formación en Sudamérica.
“Nosotros no usamos un pentagrama, sino que leemos la música como si fuera un texto, de izquierda a derecha”, detalló sobre el funcionamiento del sistema.
Aunque en Panamá las personas con discapacidad visual pueden acceder a estudios musicales, no siempre cuentan con las mismas herramientas que sus compañeros. Para Atencio, lo principal sigue siendo la escasa enseñanza de la musicografía braille, la cual les permitiría a los estudiantes ciegos acceder a una formación en igualdad de condiciones.
Atencio explicó que en el país la mayoría de las personas con discapacidad visual aprenden música únicamente “de oído”, debido a que pocos docentes conocen este sistema de escritura musical.
“El chico entra a la universidad a estudiar, pero de oído. Él no sabe cómo escribir esos signos porque su profesor tampoco conoce el braille. Entonces, al no tener una persona especializada, se pierde esa parte y su conocimiento no va a la par de su compañero”, reflexionó.
La docente considera que esto genera una desventaja académica que se mantiene incluso después de graduarse.
“Sí se le está dando la oportunidad a la persona, pero no con todos los conocimientos que necesita. Cuando se gradúa, no tiene las mismas competencias que su compañero que ve y ahí es donde viene la dificultad”, señaló.
Un conocimiento que aún no se enseña lo suficiente
Atencio asegura que actualmente es la única panameña que domina la musicografía braille en profundidad.
“Aquí en Panamá no se está enseñando porque no se sabe. Han existido algunos cursos virtuales a nivel internacional, pero esto se hace ‘persona a persona’. No es aprender los signos por aprender; hay que hacerlo junto con los conceptos musicales”, explicó.
Recientemente, junto con el Ministerio de Cultura, impartió el taller de musicografía braille “Porque la música se puede tocar”, un programa de 12 sesiones diseñado para introducir este sistema de lectura y escritura musical en Panamá. Sin embargo, considera que esta iniciativa apenas representa el primer paso de un proceso que debe tener continuidad.
“Esto que estuvimos haciendo es un pinino y creemos que tenemos que continuar, que se sigan abriendo las oportunidades para avanzar con los chicos que estuvieron en el curso”, comentó.
Aprender en igualdad de condiciones

Durante sus años de estudio en el Conservatorio Manuel de Falla, en Buenos Aires, Atencio recordó que sus compañeros le dictaban las partituras escritas en el tablero para que ella pudiera transcribirlas al braille. Después, ella preparaba los ejercicios y volvía a reunirse con ellos para transcribir sus trabajos al formato convencional que revisaban los profesores.
“Yo estaba en igualdad de condiciones. No era de oídos”, mencionó.
Por esa razón, considera que los docentes no necesitan dominar toda la musicografía braille para favorecer la inclusión, sino conocer las bases que les permitan transmitir correctamente una partitura a un estudiante ciego.
“Desde el Ministerio de Cultura también se pueden formar algunos profesores para que sepan, por ejemplo, cómo dictarle una partitura a un estudiante ciego”, propuso.
Su mayor aspiración, concluyó, es que las futuras generaciones puedan acceder a una educación musical en igualdad de oportunidades.
