Era de las voces más potentes y una de las mentes más ágiles en las populares cantaderas del país. El folclor panameño se vistió de luto este miércoles tras las honras fúnebres de Miguelito Cano, uno de los baluartes más representativos de la décima de la región de Azuero.
Familiares, allegados y personalidades del ámbito cultural se congregaron en Las Tablas para dar el último adiós al trovador, quien falleció la mañana de este lunes 29 de junio de 2026, dejando un vacío profundo en las estructuras de la música típica nacional.
“Con profundo pesar despido a Miguel ‘Miguelito’ Cano, mi ahijado, un ser humano especial y un artista que dejó huellas imborrables en nuestro folklore”, dijo el popular acordeonista Alfredo Escudero, uno de los máximos exponentes de la cumbia en el país.

“Elevo una oración por su eterno descanso y pido a Dios fortaleza y cristiana resignación para toda su familia en este difícil momento. Tu recuerdo, tu alegría y tu legado vivirán siempre en nuestros corazones. Paz a su alma”, señaló Escudero al despedirse de Cano.
Conocido en el ambiente artístico bajo los seudónimos de “El Látigo de Valle Rico” y “El Corazón de Azuero”, Cano destacó en los escenarios folclóricos por su imponente potencia vocal, una destreza singular para la improvisación y un dominio técnico absoluto de la estructura poética de la décima.
Deja su huella en la identidad nacional
A través de un comunicado oficial emitido por la ministra Maruja Herrera, el Ministerio de Cultura expresó sus condolencias y destacó que la trayectoria de Cano constituye una herencia invaluable para la salvaguarda de las expresiones culturales. “Su talento, compromiso y amor por nuestras expresiones culturales contribuyeron a preservar y enriquecer una de las manifestaciones más representativas de nuestra identidad nacional. Su legado permanecerá vivo en cada verso y en las nuevas generaciones que encontrarán inspiración en su obra”.

Nativo del sector de Valle Rico, en la provincia de Los Santos, el artista dedicó gran parte de su vida a la docencia informal de este arte. Los gremios folclóricos recordaron su incansable voluntad para compartir saberes y técnicas con las nuevas generaciones de trovadores, asegurando de este modo el relevo generacional de la décima cantada.
Para Miguelito el don lo da Dios y “uno solo tiene que perfeccionarlo”.
Aunque se destacó en la décima cantada, también le metía al acordeón.
“Hoy recuerdo con respeto al maestro Miguelito Cano. Jamás olvidaré la oportunidad que me dio de tocar en su feria familiar en Santiago; un gran gesto que refleja la linda amistad y las atenciones que siempre ha tenido con mi padre, Dorindo Cárdenas. A nombre propio y del conjunto Orgullo Santeño, un abrazo de fortaleza para toda la familia Cano en este momento difícil. ¡Hasta luego, maestro!“, escribió Adonis Cárdenas, el hijo del ”Poste de Macano Negro", Dorindo Cárdenas.
Adonis compartió un video donde Cano quedó grabado para la historia, ejecutando el acordeón.
Sus allegados manifestaron que, aunque “El Látigo de Valle Rico” ha callado su voz físicamente, su memoria permanecerá vigente en cada verso improvisado y en cada tarima en las cantaderas del país.

