La ciudad de Buenos Aires ofrece múltiples atractivos turísticos uno de ellos es el llamado circuito verde que agrupa los parques, museos y espacios al aire libre entre Palermo y Recoleta. Son más de 36 lugares que pueden llevarse varios días en recorrer y visitar con detenimiento. Además de que son el epicentro de varias actividades especiales como la noche de los museos y otros eventos culturales y turísticos.
Para esta parada turística en la capital argentina seleccionamos dos lugares, el Jardín Japonés, marcado con el número 23 en el mapa interactivo que señala el sitio web turismo de Buenos Aires, y el 9 que corresponde al centenario Rosedal de Palermo.
Desde Puerto Madero donde nos alojamos, un taxi hasta el jardín nipón puede costar unos cinco dólares (900 pesos argentinos). La entrada al jardín cuesta 416 pesos (2.60 dólares aproximadamente).
El jardín que simboliza los estrechos vínculos entre Japón y la Argentina inaugurado en 1967, es además un remanso de paz para conectarse con la naturaleza en medio del bullicio urbano. Es considerado un pequeño Japón en Argentina y un pulmón de armonía y tranquilidad.
El camino dentro del parque fluye alrededor del lago en el que habita una gran cantidad de peces kois. Está bordeado por pérgolas, cascadas y conectado por varios puentes, además de miradores, faros, campanarios y un sin fin de árboles enormes y otros tipo bonsáis que junto con las flores de azaleas y rosas en distintos colores crean un paisaje de ensueño.

Todo tiene un significado en este jardín: a pocos metros de la entrada y siguiendo la dirección de las manecillas del reloj está el puente de los recuerdos, seguido de un camino de rosas que llevan espina como la vida. Pero si levantamos la mirada tendremos un panorama más claro del parque al igual que de cualquier circunstancia que pasamos.
Siguiendo el circuito alrededor lago, hay varios puentes como el del zig-zag que asemeja las decisiones que constantemente tomamos para seguir el rumbo que no siempre es recto y amplio.
En la mitad del lago el puente curvo de color rojo nos conecta entre dos mundos: el humano y el divino. Esta isla denominada ‘Isla de los dioses’ está justo en el centro del jardín desde donde se obtiene una vista espectacular de todo el lugar.

El jardín cuenta con un edificio principal con salones de exposiciones y justo del 11 al 13 de noviembre festejan el día internacional del origami. Constantemente están presentando colecciones de pinturas, y dan clases de la cultura japonesa. También cuenta con un vivero y un espacio para las artes culinarias.
El Rosedal de Palermo
Con las energías recargadas en el Jardín Japonés, caminamos unos 10 a 15 minutos a paso de turistas descubriendo cada rincón. Pasamos frente al Planetario, pero el objetivo estaba llegar hasta el Rosedal de Palermo que cumple el 24 de noviembre 108 años.
La entrada es libre, tiene más de 18 mil rosas de 93 especies de todos los colores. La reseña de la autoridad de turismo describe que “las especies más comunes son la rosa sevillana, de color rojo brillante, la Johan Strauss, la Charles Aznavour y la Frederic Mistral (las tres de tonalidades rosadas) y la Elina, de color amarillo claro”.

El Rosedal ocupa un espacio de 3,4 hectáreas, cuenta con un puente griego que cruza el lago, un anfiteatro, un patio andaluz y el Jardín de los Poetas que alberga 26 bustos que recuerdan a personajes como Alfonsina Storni, Dante Alighieri, William Shakespeare y Jorge Luis Borges, entre otros.
Este parque obtuvo en 2012 el premio internacional “Garden Excellence Award” (Jardín de excelencia) que otorga anualmente la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas. El Rosedal es obra del paisajista Carlos Thays, el mismo que construyó el Jardín Botánico, el Parque Avellaneda y el Parque Lezama, entre otros en Buenos Aires, y fue terminado este parque por Benito Carrasco, en 1914, quien siguió un estilo francés.
Así entre bonsáis y rosas nos impregnamos de los aromas de Buenos Aires.


