Aunque relacionados de forma estrecha con los dientes, lo cierto es que los dentistas se encargan del cuidado general de la boca. Esto incluye las encías, el tejido periodontal, los maxilares, etc. Por ello la visita a estos especialistas deba comenzar a muy temprana edad.
Incluso antes que le salgan los dientes se debe procurar una correcta limpieza bucal. Se recomienda limpiar los tejidos de la boca cada vez que se le da leche materna al niño, al menos dos veces al día. Puede humedecer con agua limpia, una gasa, toalla suave o pañal de tela destinado exclusivamente para este propósito. Luego, se envuelve un dedo y se le pasa por todos los carrillos bucales, las encías y la lengua, para limpiar y evitar los hongos, o lo que se conoce comúnmente como sapito. En caso de que aparezcan este tipo de afecciones, se debe visitar a su médico y no tratarlos con remedios caseros como la miel, por ejemplo.
La Academia Americana de Odontología Pediátrica (AAPD, por sus siglas en inglés) sugiere acudir al dentista pediátrico cuando le salga el primer diente al niño o antes de su primer cumpleaños.
“Los dientes primarios (o de leche) son importantes por muchas razones. No solo ayudan a los niños a hablar con claridad y masticar con naturalidad; los dientes primarios ayudan al crecimiento normal de las mandíbulas y forman un camino que los dientes permanentes pueden seguir cuando están listos para salir”, explica la AAPD.
Por otro lado, la Asociación Americana de Ortodoncia recomienda que todos los niños se sometan al primer examen de ortodoncia hacia los 7 años de edad. Dicho examen es necesario porque permite obtener valores basales de los dientes y mandíbulas del niño, así como detectar cualquier problema en sus primeras etapas. “Existen varias afecciones que pueden afectar los dientes y mandíbulas durante los años de la infancia. La primera evaluación permite al ortodoncista observar si la erupción dentaria está fuera de lugar, si faltan o sobran dientes, e identificar si hay pérdida prematura de los dientes de leche o retraso en la erupción de los dientes permanentes”, dice el Dr. John Volz, ortodoncista de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.
El examen de ortodoncia permite revisar problemas como si los dientes son de tamaño normal, el apiñamiento dental, o poco espacio entre los dientes. Además, el examen puede poner en evidencia la mala alineación de las mandíbulas, y ofrecer la oportunidad de hablar sobre ciertos hábitos orales, tales como chupar un dedo, o apretar los dientes.
Volz aclara que en la mayoría de casos, el tratamiento de ortodoncia en los niños pequeños no elimina la necesidad de más ortodoncia después. “No obstante, identificar las dificultades durante ese período de la vida y simultáneamente ofrecer un seguimiento adecuado puede reducir la gravedad de los problemas de los dientes y mandíbulas. En algunos niños, eso significa la necesidad de tratamientos menos intensos a medida que crecen y cuando llega el momento de recibir más atención de ortodoncia”.
Una visita agradable
Para muchos padres el problema no radica en sacar tiempo para llevar a su pequeño al dentista, sino la reacción de este al solo escuchar dicha profesión. La psicóloga clínica Ana Elisa Villalaz (@anaelisavillalaz) recomienda comenzar a llevar al niño al odontopediatra desde que es un bebé para que el pequeño comience a conocer el lugar, al doctor, empiece a adaptarse al olor, a los colores, la luz y al médico.
“Es importante llevar al niño en un horario donde no tenga sueño, hambre o esté de mal humor. Por ejemplo, que esté realizando alguna actividad recreativa como jugar o bañarse en la piscina, y lo detengan para llevarlo a la cita. Porque va con rabia, con sueño, miedo o tristeza, entonces va a asociar el lugar con una experiencia desagradable que es justo lo que se quiere evitar”, comenta.
La visita no debe generar estrés. Esto significa que los padres también deben mantenerse relajados.
A partir de alrededor de los dos años es bueno explicarle al niño qué es lo que harán en el odontopediatra, qué hará el doctor y cómo lo hará.
En el caso de tener una mala experiencia durante la cita, debido a alguno de los procedimientos y esto le genere miedo y no quiera ir, la psicóloga recomienda prepararlo para ir a la próxima cita, “ayudarle a que pueda desahogar sus miedos, a que pueda decirlos en voz alta, que pueda compartirlos, para que se pueda acompañar y sostener emocionalmente. De esta forma, el niño sabrá que aunque vaya a una experiencia donde puede pasar algo que le va a doler o se va a asustar, va a estar acompañado de sus cuidadores”.
Un punto importante es premiar al niño al salir de la cita. Esto no quiere decir que se le deba comprar algo, sino felicitarlo, abrazarlo y reconocerle que se portó bien, que fue valiente.

