Alcides Rodríguez, uno de los reporteros gráficos más influyentes del país en las últimas décadas, falleció este jueves, en un centro hospitalario, dejando un legado de más de cuatro décadas de crónica visual y habiendo recibido este año el Premio a la Excelencia del Fórum de Periodistas 2026.
Rodríguez, recordado siempre por su calidez humana y esa voz resonante y pausada que evocaba a los grandes locutores, demostró con entusiasmo y pasión su destreza con el lente por más de 40 años, en diarios como La Prensa y El Panamá América, desde donde documentó la memoria histórica, política y cultural de la nación.
Formador y guía
Supo ganarse el afecto genuino de todos los que cruzaron su camino. Su fallecimiento apaga el lente de un cronista visual extraordinario, pero enciende el recuerdo de un ser humano excepcional.
Alcides nació el 13 de abril de 1956, tenía 70 años. Le sobreviven su esposa Esperanza Núñez de Rodríguez y su hija Esperanza Rodríguez Núñez.
En el gremio periodístico, no solo era respetado por su agudeza técnica y su valentía en el campo, sino sobre todo por su rol como formador y guía. Para las nuevas generaciones de reporteros, fue un maestro generoso; para sus contemporáneos, un compañero leal y un amigo incondicional cuya nobleza definió su paso por los medios de comunicación.
Esa calidad humana, combinada con una trayectoria de más de cuatro décadas, es lo que convirtió a Rodríguez en una figura sumamente querida dentro y fuera del ámbito informativo.
Desde sus inicios juveniles con una cámara prestada hasta su reciente consagración con el Premio a la Excelencia 2026, mantuvo intacta la humildad y la vocación de servicio que lo caracterizaban.
Nacido en Colón, con una profunda vocación artística, Rodríguez inició su formación desde la infancia en el dibujo y la pintura, especializándose posteriormente en fotografía artística en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
A la temprana edad de 14 años ya ejercía como fotógrafo independiente en la Lotería Nacional de Beneficencia.
Sin embargo, su entrada definitiva al periodismo ocurrió en 1981, cuando ingresó al diario La Prensa tras la muerte de Omar Torrijos, hace 45 años. En este medio, pasó rápidamente de laboratorista, de esos que revelaba los rollos de las cámaras, a reportero de campo.
Legado y pasión
Rodríguez cubría con igual profesionalismo y entrega un desfile de modas, como una convención política, elecciones o cumbres presidenciales.
A lo largo de su carrera, arriesgó su integridad física en múltiples ocasiones para garantizar el derecho a la información. Durante la dictadura militar, fue encarcelado en la antigua Cárcel Modelo por órdenes de su director tras captar imágenes incómodas para el régimen, sufriendo agresiones y robos dentro del penal.
En otro episodio icónico en la avenida Manuel Espinosa Batista, fue el centro de un forcejeo entre las fuerzas de orden público y estudiantes universitarios, luego de retratar a un guardia disparando perdigones contra un manifestante. Su destreza le permitió escapar y revelar el material que evidenciaba los abusos de la época.
Su archivo fotográfico resguarda momentos que hoy pertenecen a la identidad nacional. Su talento también trascendió las fronteras, logrando reconocimientos internacionales como la selección de su obra ‘Evolución’ en la exposición Foto Iberoamérica 2010 en Oviedo, España.
Como broche de oro a una vida de servicio social a través del arte, el Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información le otorgó este año el Premio Nacional de Periodismo 2026 a la Excelencia en la categoría de Reportero Gráfico.
Hoy, el periodismo nacional no solo lamenta la pérdida de un archivo visual invaluable, sino la ausencia de un caballero del lente cuyo legado de compañerismo y profesionalismo permanecerá vivo en cada rincón de la profesión.


