Cuando la serie televisiva The Boys estrenó en 2019 se sintió como una brisa fresca. Una brisa que traía consigo litros de sangre, partes humanas, un montón de drogas, asesinatos, criminalidad, corrupción, en fin, todo aquello que la gran mayoría de producciones de superhéroes hasta la fecha no se habían atrevido a mostrar. Y ese fue justamente su encanto, y no, no hablamos de la morbosidad de todo lo enlistado, sino de esa mirada más profunda al que podría ser un mundo donde los superhéroes existieran en la realidad.
Esta producción de Prime Video muestra versiones, por ejemplo, de Superman o Wonder Woman embriagados de poder, disfrutando de una vida de excesos, admiración, carente de límite y moralidad, sin aparentes consecuencias. Sumado a eso, ahora sí, todo lo listado al inicio. Esta fue la fórmula de su éxito. Porque The Boys, entre otras cosas, es un reflejo del mundo del entretenimiento, del poder de los medios y de la realidad detrás de los reflectores.
Con un universo tan rico por explorar como el planteado, era lógico que llegasen más historias dentro de él y recientemente se estrenó su spin-off: Gen V.
En esta nueva historia (la cual transcurre entre los sucesos de las temporadas 3 y 4 de la serie original), un grupo de jóvenes asiste a la Escuela de Lucha contra el Crimen de la Universidad de Godolkin, dirigida por Vought International, para convertirse en un superhéroe, o quien sabe, lograr formar parte del grupo de élite Los siete.
Los protagonistas, como es de esperar, están conformados por jóvenes con diversos poderes, preocupaciones, realidades y traumas. Historias que se prestan para profundizar en temas como el de Starlight (de la serie original), sobre una chica que sueña con ser una estrella y una vez que lo logra, descubre el lado oscuro del mundo del entretenimiento. Es una oportunidad para mostrar la transición en la que los jóvenes comienzan a descubrir lo que significa realmente ser un adulto, junto con las responsabilidades, peligros y consecuencias. O como el tipo de entretenimiento que consumen, desde el cine, la televisión o el streaming, afecta su comportamiento o perspectiva de la vida.
Y al inicio parece querer ir por ese camino. Mezcla de forma ingeniosa lo fantasioso de los superpoderes, con distintas problemáticas, como la aceptación, la necesidad de destacar o coloca sobre la mesa temas como la identidad de género. Pero, luego de los primeros cuatro episodios (se estrena uno cada viernes) se queda allí. Solo presenta las ideas sin dedicarle suficiente ahondamiento a cada una y los personajes se sienten planos.
Sí, sabemos que tienen problemas, miedos, aspiraciones y demás, pero, no vemos suficiente de ellos y lo que realmente significan todas estas cosas en la vida de los personajes. Esos huecos en la trama, el espectador debe llenarlos con suposiciones o con escenas que intentan ser profundas, pero, a falta de un fondo, no alcanzan ese nivel de dramatismo necesario.
El tiempo que pueden utilizar para desarrollar mejor a sus personajes, lo usan para mostrar que los jóvenes solo quieren divertirse, drogarse, tener sexo y resolver misterios. Y sí, el sexo, las drogas y la violencia son parte importante de The Boys, casi su sello particular, pero tienen un porqué dentro de la historia. Buscan mostrar la decadencia que hay en el mundo de estas superestrellas y el peligro que cualquier persona corre al cruzarse en sus caminos.
Pero, en Gen V, todos estos elementos solo buscan sorprender o imitar la fórmula de la serie madre, pero con resultados mediocres que se sienten como relleno. Y una forma desesperada de llamar la atención. Lleno de lugares comunes, personajes genéricos y una historia que, hasta el momento, poco o nada afectará que el espectador la vea o no como complemento de The Boys.
Sí, Gen V es entretenida hasta cierto punto, pero solo eso. No hay una gran historia, no hay personajes conflictivos como Butcher, intimidantes como Soldier Boy o desquiciados como Homelander. Al final, es solo una serie para pasar el rato.

