Ubicación: Cerro Sonsonate, corregimiento Omar Torrijos, distrito de San Miguelito.
Acceso: Entrada gratuita para visitantes de todas las creencias.
Horario: Todos los días de 9:00 a.m. a 6:00 p.m.
Función: Casa de Adoración Bahá’í para América Latina y espacio de oración, reflexión y actividades comunitarias.

Ubicado en el cerro Sonsonate, en San Miguelito, el acceso al Templo Bahá’í se encuentra al lado de la estación de San Isidro, en dirección hacia la ciudad. Tras cruzar un portón negro, inicia un recorrido de aproximadamente dos kilómetros que puede hacerse a pie o en vehículo. A lo largo del ascenso, el paisaje cambia el ritmo de la ciudad por el sonido de los pájaros, la brisa y el verde de los árboles que rodean el camino. Al llegar a la cima, los visitantes son recibidos por amplios jardines y la imponente silueta del templo, que domina el horizonte con una vista panorámica de la capital.
En medio del paisaje urbano de Panamá hay una imagen que muchos reconocen, pero pocos han explorado. Desde el Corredor Norte o la vía Transístmica, una cúpula blanca aparece entre la montaña y la vegetación como una referencia silenciosa del camino. No anuncia un centro comercial, un edificio público ni un mirador: es el Templo Bahá’í de Panamá, un espacio de espiritualidad que lleva más de cinco décadas abierto a quienes buscan un momento de pausa, sin importar su credo.
Inaugurado en 1972, el templo es la Casa de Adoración Bahá’í para América Latina y una de las construcciones más representativas de esta fe en el mundo.
Durante una visita al templo, Daniel Atencio González, creyente de la Fe Bahá’í, explicó que esta tuvo su origen en 1844 y promueve principios como la unidad de la humanidad, la igualdad entre las personas y la búsqueda de la paz entre los pueblos.
“Baha’u’lláh, fundador de la Fe Bahá’í, exhortó a construir templos de belleza inigualable en cada país, dedicados únicamente a la adoración de Dios”, señaló Atencio.
La historia del templo panameño comenzó con la llegada de la Fe Bahá’í al país en 1921. Décadas más tarde, se logró la adquisición del terreno donde se levantaría la Casa de Adoración, este cuenta con un terreno de aproximadamente 11.7 hectáreas y se ha convertido con el tiempo en un punto de referencia espiritual, cultural y turístico.
Atencio destacó que la arquitectura del templo incorpora elementos inspirados en el arte precolombino centroamericano. Sus nueve puertas representan la idea de apertura y simbolizan la unión futura de las grandes religiones del mundo en un mismo acto de adoración.
“Muchas personas llegan por curiosidad o por la tranquilidad del lugar y terminan interesándose por la historia y los principios de la fe”, comentó.
Además de recibir visitantes diariamente, el templo realiza cada sábado un servicio devocional de 30 minutos abierto al público. También desarrolla programas educativos dirigidos a niños, prejóvenes y jóvenes, enfocados en valores, convivencia y servicio a la comunidad.
Para Atencio, uno de los mensajes principales de la Fe Bahá’í es la búsqueda individual de la verdad. “En la Fe Bahá’í no hay sacerdotes ni pastores; cada persona tiene la responsabilidad de investigar y comprender por sí misma”, afirmó.
Abierto a personas de cualquier creencia o sin afiliación religiosa, el templo fue diseñado como un espacio para la oración, el silencio y la contemplación. Sin embargo, su atractivo también reside en el entorno que lo rodea. Los visitantes pueden recorrer sus jardines, leer, meditar o simplemente apreciar el paisaje. Desde la cima del cerro, la vista de los rascacielos, los barrios y las áreas verdes de la capital convierte la visita en un punto de encuentro entre la naturaleza y la ciudad.
Más allá de las creencias religiosas, el Templo Bahá’í de Panamá continúa recibiendo visitantes nacionales y extranjeros que encuentran en su arquitectura, su entorno natural y su ambiente de tranquilidad un espacio para la reflexión y el encuentro entre culturas.
