La música comenzó a sonar incluso antes de que apareciera el protagonista de la tarde.
Poco antes de las 4:00 p.m. del jueves 24 de junio de 2026, la sala América del Panama Convention Center empezó a llenarse para una de las actividades más esperadas de la Cumbre Internacional de Comunicación para el Cambio Social y de Comportamiento (SBCC, en inglés) que reúne esta semana en Panamá a más de 800 participantes de 125 países.
Mientras los asistentes ocupaban sus asientos, los acordes de Amor y Control se escuchaban por los altavoces. Algunos comenzaron a cantar. Otros se levantaron para bailar. La atmósfera era más cercana a un concierto que a una conferencia académica.
Minutos después, la sala estalló en aplausos cuando apareció Rubén Blades para participar en la plenaria Cultura y Cambio Social, moderada por Carlos Chirinos, profesor adjunto y director del Laboratorio de Música y Cambio Social de la Universidad de Nueva York.
Entre gritos de “¡Te amo!”, sonrisas y muestras de afecto, el artista agradeció la presencia del público antes de iniciar una conversación que recorrió algunos de los momentos más personales y significativos de su trayectoria.
La historia detrás de Amor y Control
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó cuando Blades relató el origen de Amor y Control, una de las canciones más emblemáticas de su repertorio.
Explicó que a inicios de la década de 1990 trabajaba en un álbum inspirado en los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América. Sin embargo, sus planes cambiaron cuando el cáncer que padecía su madre, Anoland Díaz, regresó de forma más agresiva.
Las canciones que estaba escribiendo sobre la historia y la realidad latinoamericana pasaron a un segundo plano.
“Traté de enfrentar el dolor que me causó la situación y la sensación de impotencia que uno siente ante algo así”, recordó Blades, quien el próximo 16 de julio cumplirá 78 años de vida.
De esa experiencia surgieron tres composiciones: Canto a la Madre, Canto a la Muerte y Amor y Control, tema que terminaría dando nombre al álbum publicado en 1992.
El artista confesó que la carga emocional era tan intensa que durante los primeros ensayos con la agrupación Son del Solar nadie podía terminar la canción sin romper en llanto.
“Todos conocían a mi mamá. Ella sabía qué comía cada uno de los músicos. Cuando comenzábamos a tocar, de pronto no se escuchaba el bajo, después no se escuchaba el piano. Terminábamos llorando”, contó.
Pasó más de un año antes de que la banda pudiera interpretarla en vivo. La sorpresa llegó cuando finalmente la presentaron en un concierto en América Latina. Apenas sonaron los primeros acordes, el público comenzó a cantar junto a él.
“Eso nos sorprendió muchísimo. Yo no sabía que la gente le había puesto atención al tema”, recordó.
Con el paso del tiempo comprendió que la canción había trascendido su experiencia personal para convertirse en una historia compartida por miles de familias.
“No era solo el problema de mi mamá. Era el problema de todos. Eso fue lo que hizo que la gente sintiera la canción como suya”, explicó.

El éxito es una obra colectiva
Durante la conversación, Blades también reflexionó sobre el éxito y rechazó la idea de que sea el resultado exclusivo del esfuerzo individual.
“Yo no salgo solo. El éxito nunca es de una sola persona”, afirmó. Recordó el papel fundamental que desempeñaron su madre, su padre, su abuela Emma, sus maestros, músicos y colaboradores a lo largo de su carrera.
“Hay gente mejor que yo y más merecedora que yo que no tuvo las oportunidades que yo tuve. El éxito no es mío; es de nosotros”, señaló.
Al hablar de su abuela, evocó una lección que marcó su vida desde la infancia. Contó que una vez le preguntó si eran pobres porque en casa hacían falta muchas cosas. La respuesta quedó grabada para siempre: “Nosotros no somos pobres. Lo que pasa es que no tenemos dinero. Pobre es el que no tiene nada en la cabeza y nada en el alma”, recordó.
Entre la censura y la libertad de expresión
La conversación también abordó los episodios de censura que enfrentó durante su carrera.
Blades aseguró que ha sido cuestionado tanto por sectores de izquierda como de derecha. “Me han censurado los dos lados. Me han prohibido en Cuba y me han prohibido en Miami. Creo que esa es la medalla más grande que me ha dado el mundo”, comentó.
Recordó especialmente el caso de Buscando América durante la dictadura militar panameña.

Según explicó, algunas autoridades consideraron que ciertas canciones −como Decisiones− promovían conductas indebidas y utilizaron esos argumentos para restringir su difusión.
Sin embargo, afirmó que las prohibiciones tuvieron un efecto limitado. “No la tocaban en la radio, pero la gente la ponía a todo volumen en sus casas y en los buses”, relató.
Para el artista, ese respaldo popular ha sido una constante a lo largo de su carrera y una de las razones por las que canciones como Amor y Control o Patria continúan vigentes décadas después de haber sido escritas.
La salsa como espacio de encuentro
Blades también defendió el papel de la salsa como una herramienta de integración social.
Recordó que durante las décadas de 1950 y 1960, en una época marcada por la segregación racial en Estados Unidos, los clubes de baile se convirtieron en espacios donde personas de diferentes orígenes podían convivir en igualdad de condiciones.
“La salsa permite una conexión natural. Dos extraños se encuentran en una pista de baile y establecen una comunicación inmediata a través de la música”, afirmó.
A diferencia de otros ámbitos, como el fútbol, donde existe competencia −dijo− la salsa genera experiencias compartidas. “En la salsa todo el mundo gana”, resumió, ante los aplausos del público.
Un legado que sigue conectando generaciones
La vigencia de su obra quedó reflejada en una anécdota reciente.
En la sesión se recordó la participación del afamado cantautor panameño en la residencia artística de Bad Bunny en Puerto Rico, donde interpretó Patria y Amor y Control ante miles de jóvenes.
Chirinos comentó que una de las cosas que más le impresionó de ese evento fue escuchar a miles de personas corear una canción compuesta antes de que muchas de ellas nacieran.
“Había cerca de 20 mil personas cantando y llorando Amor y Control. Muchos ni siquiera habían nacido”, dijo.
Para Blades, ese es el verdadero valor de la música: su capacidad para acompañar a las personas, conectar generaciones y recordarnos que los problemas, las alegrías y las esperanzas que vivimos rara vez son individuales.
“Lo que le pasa a uno le pasa al otro”, concluyó. “Y la respuesta también puede ser común”, enfatizó.

Al finalizar la conversación, el ambiente festivo que había marcado la antesala de la actividad volvió a apoderarse del auditorio. Mientras los asistentes abandonaban sus asientos, muchos entonaban los versos de Amor y Control, la misma canción que había servido de banda sonora para la espera de su protagonista.
