Tras 556 días de pausa por la pandemia, la Orquesta Filarmónica de Nueva York abrió este viernes la temporada, el “regreso a casa” de unos músicos que se reinventaron dando conciertos online o en el exterior durante más de un año.
Luego de meses de crisis, la Filarmónica neoyorquina, una de las instituciones musicales más antiguas del país, inauguró su temporada con el concierto para piano Nº 4 de Beethoven, la composición En sus Brazos de Anna Clyne, Ciudad tranquila de Aaron Copland y Antifonys de George Walker.
La pandemia obligó a la famosa orquesta a cancelar su temporada 2020-21, lo que le ha acarreado unas pérdidas de más de 21 millones de dólares solo por la venta de entradas.
Cientos de personas hicieron cola en el Alice Tully Hall, en el Upper Westside de Manhattan, en traje de noche y mostrando el certificado de vacunación para poder acceder al concierto.
Catherine Colson llegó con unos amigos a lo que esperaba que fuera “una noche memorable de música fenomenal”.
“Ha sido un año muy largo. Me siento rejuvenecida”, dijo a la AFP. “De cierta forma, es como un renacimiento”.
Otro presente, Adam Baltin, dijo que quería asistir a la noche de apertura para “celebrar la ciudad y las artes”. “Ha pasado mucho tiempo”, afirmó.
‘Se siente como volver a casa’
Pero el desafío mayor para la Filarmónica es que se ha quedado sin casa. Su sede durante largo tiempo en el David Geffen Hall del Lincoln Center está en medio de una costosa reforma de 550 millones de dólares.
La mayoría de la temporada 2021-22 tendrá lugar en otras dos salas que el complejo artístico Lincoln Center posee en Manhattan.
Pese a todo, Chris Martin, el principal trompetista de la orquesta, dice que el inicio de la temporada se siente como “volver a casa”.
“Estoy entusiasmado. Siento que es casi como un renacimiento como músico”, dijo a la AFP durante un ensayo antes del primer concierto oficial.
“Realizamos 130, 140 conciertos al año y no le das importancia. Incluso a veces piensas: ‘Uf, estoy un poco cansado hoy, tengo que volver a tocar’, Nunca más. Estoy muy agradecido”.
Durante la temporada anulada de la Filarmónica, los músicos empezaron a dar pequeños conciertos en lugares sorpresa en la ciudad, respondiendo con creatividad a la sed de música de los neoyorquinos.
“Tocar en el exterior es fantástico”, dice Martin, ya que permite a los artistas “conectar con la ciudad en una forma diferente”.
“Pero regresar a este espacio... tener una audiencia de nuevo. Esto se siente realmente como una vuelta a casa”.

