Cada día, miles de personas pasan frente al monumento de Vasco Núñez de Balboa en la cinta costera o cruzan la plaza Bolívar en el Casco Antiguo sin imaginar que ambas esculturas están unidas por una misma historia. Lo que casi nadie sabe es que existe una tercera obra del mismo autor, un busto de Simón Bolívar que, tras desaparecer de los registros históricos, reapareció décadas después en un parque de Bocas del Toro con una placa equivocada y una procedencia prácticamente olvidada.
Ese “busto errante”, junto con los dos monumentos más emblemáticos de la capital, conforma el hilo conductor de Benlliure entre Balboa y Bolívar: Escultura e Identidad Panameña, una investigación que redescubre el legado del escultor español Mariano Benlliure y revela cómo estas obras ayudaron a construir la identidad de Panamá en sus inicios como República.
Más que un libro sobre arte, la publicación es un recorrido por el momento en que Panamá buscaba definir quién era. Como explica la licenciada en historia y coautora del libro, Wendy Tribaldos, ese proceso debe entenderse en el contexto de una estrategia cultural impulsada por figuras como Belisario Porras para acercar al país al mundo hispano en medio de la fuerte influencia estadounidense derivada de la construcción del Canal de Panamá. “Básicamente fue una estrategia de acercarnos hacia ese mundo hispano para poder pertenecer”, señala.
Según Tribaldos, la idea surgió cuando el entonces agregado cultural de la Embajada de España propuso elaborar una breve reseña con motivo del centenario del Monumento a Vasco Núñez de Balboa, inaugurado en 1924.
“Comencé a hacer el trabajo de investigación en nuestros archivos y tuve que decirles: realmente hay muy poca información aquí en Panamá”, recuerda.
Esa ausencia motivó la búsqueda en los Archivos Nacionales de España, cuyos documentos diplomáticos permanecían sin consultar y debieron ser digitalizados antes de llegar a manos de la investigadora.
El proceso tomó más de un año y cuando finalmente llegaron, el centenario del monumento a Balboa ya había pasado, pero coincidían con otro aniversario: los cien años del monumento a Simón Bolívar. “Encontramos muy fácil el hilo conductor entre ambos conjuntos escultóricos porque los dos son obra de Mariano Benlliure”, explicó Tribaldos.
La investigación adquirió una dimensión internacional con la incorporación de Lucrecia Enseñat Benlliure, bisnieta del escultor y presidenta de la Fundación Mariano Benlliure en España. Mientras Tribaldos reconstruyó la historia diplomática y política detrás de las obras, Enseñat aportó el proceso creativo del artista e ilustró el libro con bocetos originales.
Uno de los capítulos más curiosos relata la historia del llamado “busto errante” de Bolívar.
La pieza fue un regalo del Gobierno español y originalmente se instaló en Colón en 1931. Sin embargo, con el paso de las décadas terminó en el parque Bolívar, en Bocas del Toro. Cómo llegó hasta allí sigue siendo un misterio.

“Le empezamos a seguir la pista gracias a la información de los archivos españoles”, relata Tribaldos. Los registros permitieron documentar su inauguración en Colón, pero después “perdemos la pista”. La siguiente referencia encontrada aparece décadas más tarde, cuando el busto ya figuraba en Bocas del Toro.
Durante una visita al lugar, los investigadores comprobaron que se trataba efectivamente de una obra de Benlliure gracias a las marcas originales de fundición.
Sin embargo, descubrieron que hoy descansa sobre una base distinta y con una placa que atribuye erróneamente la donación al Gobierno de Venezuela. “Tenemos tres obras de Mariano Benlliure en Panamá. Es una gran cosa porque es uno de los principales escultores de España y, sin embargo, no tenemos mucha conciencia del patrimonio que guardamos aquí”, afirma.
Otro de los hallazgos más llamativos del libro figura la larga y accidentada historia del monumento a Vasco Núñez de Balboa. El proyecto comenzó en 1909 impulsado por el Municipio de Panamá, para conmemorar el IV Centenario del Avistamiento del Mar del Sur.
Aunque inicialmente se pensó en un concurso, en 1915 se decidió encargar la obra directamente a Mariano Benlliure y Miguel Blay.
Originalmente, se aspiraba a que el monumento fuera una estatua situada en un lugar “imponente” para ser vista por los barcos que cruzaban el Canal. La entrada del Canal por el Pacífico era el deseo principal del presidente Porras, quien quería una estatua similar a la de la Libertad en Nueva York.
Sin embargo, la obra atravesó retrasos, tensiones diplomáticas, restricciones territoriales impuestas por Estados Unidos e incluso los efectos económicos de la Primera Guerra Mundial antes de ser inaugurado.
Finalmente, el texto explica que el monumento fue inaugurado frente a un entonces nuevo Hospital Santo Tomás, en una rotonda en un área urbanizada próxima a los terrenos de “La Exposición”, el 29 de septiembre de 1924, un día antes de que Belisario Porras concluyera su mandato.
La investigación también rescata del olvido al taller barcelonés de Gabriel Bechini, cuya participación en la elaboración de las piezas de piedra y mármol había permanecido prácticamente invisibilizada durante un siglo, además de revelar que la figura de Balboa no fue fundida en bronce, como comúnmente se cree, sino en latón.
Según el libro, ese taller fue el encargado de esculpir el grupo de los cuatro atlantes (Las Razas) que sostienen el globo terráqueo, así como el basamento de piedra caliza y el hemisferio de mármol de color.
También labraron los escudos de los países en el basamento, una labor que realizaron con gran premura debido a los retrasos diplomáticos, lo que resultó en un relieve menos profundo de lo planeado originalmente.
La participación de Bechini generó preocupación inicial en Miguel Blay, ya que su presupuesto (216,000 pesetas) superaba ampliamente las estimaciones de los artistas.
En noviembre de 1923, la situación en el taller se tornó crítica. Bechini suspendió los trabajos en mármol porque no recibía los pagos correspondientes, ya que estos dependían de que se terminara la fundición de la estatua de Balboa en Madrid, proceso que estaba estancado.
El texto rescata que el nombre del taller Bechini fue omitido en la cartela del basamento y en los discursos oficiales de la época.
El monumento a Simón Bolívar, inaugurado en 1926 frente a la Cancillería, siguió un camino muy distinto.
Fue encargado para celebrar el primer centenario del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826-1926) y a diferencia del accidentado proceso del monumento a Balboa, este fue un encargo directo a Benlliure en 1925, tras solicitarse un permiso especial para omitir el concurso internacional y así cumplir con la fecha de inauguración.
El texto relata que la obra tuvo un costo aproximado de 700,000 pesetas, más del doble de lo que costó el monumento a Balboa.
Además, explica que Benlliure decidió representarlo como un estadista y no como un militar: chaqueta de frac, botas de jinete y pañuelo al cuello.
Este monumento fue develado el 22 de junio de 1926 por el presidente Rodolfo Chiari. Sin embargo, en ese momento faltaban los cuatro relieves y el grupo posterior de los abanderados, que llegaron a Panamá hasta 1928 debido a retrasos en los pagos por parte del Gobierno panameño.
Una ciudad que aprendió a dejar de mirar
Más allá de las revelaciones históricas, Tribaldos considera que el libro es también una invitación a reconciliarse con el patrimonio.
“Los panameños viajamos a otros países y admiramos sus monumentos, pero muchas veces nos cuesta abrir los ojos y valorar los que tenemos aquí”, reflexiona.
Además sostiene que el país ha desarrollado una especie de “amnesia local” respecto a su legado artístico.
Ese llamado cobra especial relevancia en el caso del monumento a Balboa. La cercanía con el mar, la salinidad y las constantes vibraciones provocadas por el intenso tráfico de la Cinta Costera han acelerado su deterioro. Aunque muchos pasan frente a él cada día, pocos perciben las huellas que el tiempo ha ido dejando sobre la piedra y el metal.
Con el objetivo de conocer su verdadero estado de conservación, el pasado 7 de julio se realizó una evaluación técnica del conjunto monumental. El Centro de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Culturales - AIP Panamá (CIHAC-AIP), gestionó la participación, de manera ad honorem, de los conservadores Mario Omar Fernández y David Cohen, del Laboratorio de Estudios de Artes y Patrimonio de la Universidad de Los Andes (Colombia), y Cristina Guerrero, del Ministerio de Cultura de España.

El estudio busca elaborar un diagnóstico que permita entregar al Gobierno una hoja de ruta con criterios técnicos para su mantenimiento y restauración. Los resultados se esperan en aproximadamente cuatro meses.
