¡Barrilete cósmico! ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina?
El relato eufórico de Víctor Hugo Morales, uruguayo de nacimiento, te eriza al escucharlo. Parece literatura, porque lo es. Es una construcción perfecta, con furia, con alegría…con pasión.
La literatura y el fútbol van de la mano. Incontables escritores y fanáticos se entregan diariamente a la locura que produce la pelota y las palabras. Es que bien podría ser el fútbol la primera pasión que conocen los escritores.
“Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”, dijo en algún momento el francés Albert Camus, quien fue portero en la juventud que pasó en Argel.
Están los escritores entregados sin recelo, como Roberto Fontanarrosa, hincha de Rosario Central, que dedicó libros, cuentos, historias, ilustraciones y caricaturas al gran amor de su vida, el fútbol. En su historia 19 de diciembre de 1971, por ejemplo, narra el secuestro de una persona mientras se jugaba el clásico de la ciudad, Rosario Central contra Newells Old Boys, que terminó con el triunfo de los canallas con gol de palomita de Aldo Pedro Poy. “Central es prioridad uno. No me vengan con el cumpleaños de mamá. Yo me voy a la cancha. Eso es innegociable”, dijo Fontanarrosa alguna vez.
Están también los que vivieron ambos mundos. Ernesto Sábato, autor de la obra mítica El túnel, no solo fue aficionado de Estudiantes de La Plata, sino que jugó como defensor en sus categorías menores.
Los hay también de tradición, como la española Almudena Grandes, que es fanática del Atlético de Madrid porque su familia también lo es. Decía que cuando veía al equipo, veía a su padre y a su abuelo, y lo veía con sus hijas, para que esa tradición siguiera su debido curso. “El fútbol es como la vida, una educación sentimental. Pretender que sea algo banal sería como trivializar la vida misma. Esa idea de que el fútbol atonta a la gente y aliena a las personas en una sociedad con esta degradación me parece estúpida, hay cosas mucho peores”, dijo Grandes.

Los hay más reflexivos, como Juan Villoro. Durante el Mundial de 2010, él y Martín Caparrós intercambiaron correspondencia sobre lo que pasaba en el torneo. Caparrós veía los partidos mientras viajaba por el mundo recopilando crónicas, mientras que Villoro lo hacía sentado desde su sillón. En otro libro sobre fútbol, Dios es redondo, Villoro intenta escudriñar y explicar lo que pasa en la cabeza del hincha mientras ve a su equipo jugar.
“El fútbol es la parte predecible de nuestra vida. No estamos seguros de encontrar tiempo para ir al dentista o al supermercado, pero sabemos con estratégica anticipación dónde veremos la final de la Champions”, escribió Villoro.
Es casi imposible ver un cuadro o una escultura dedicada a un gol de Ronaldinho, o a la volea de Zidane en una final de Champions (de Maradona sí que hay mucho arte), pero la mayoría de ellos seguro habitan en algún cuento o libro escrito por un enamorado del fútbol.
Quizás sea la épica, la historia del héroe, la batalla entre 22 personas que supone un partido de fútbol. Grandes decía que le recordaba al “Conde de Montecristo, al Capitán Ahab luchando con la ballena blanca, a Dante. (...) Representa valores como la resistencia, la supervivencia o la terquedad”.
¿Cuántas historias saldrán ahora de este Mundial? ¿quiénes serán los héroes? Tocará ver todos y cada uno de los partidos. Como decía Fontanarrosa, yo me voy a la cancha.
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