Las luces y sombras del cáncer de cerebro

A pesar de su peligrosidad, para el neurocirujano Alfredo Quiñones-Hinojosa algo más fuerte que el cáncer de cerebro es la esperanza.

Las luces y sombras del cáncer de cerebro
Neurocirujano de Mayo Clinic, Alfredo Quiñones-Hinojosa.

Siguen habiendo límites en los temas relacionados al cerebro que son desconocidos para el hombre. Y si a esto se le agrega una enfermedad como el cáncer, aquella oscuridad se vuelve aterradora.

Pero algunas personas se adentran en dichas fronteras en busca de respuestas, nuevos caminos y la luz necesaria para salvar vidas. Una de ellas es el neurocirujano de Mayo Clinic, Alfredo Quiñones-Hinojosa, quien a través de los años ha logrado estudiar, conocer y desvelar algunos de los misterios del cerebro, conociendo sus dolencias, necesidades y sobre todo sus posibilidades médicas.

Actualmente, Quiñones-Hinojosa dirige una investigación financiada por la National Institutes of Health para encontrar una cura para el cáncer de cerebro, y en una entrevista para La Prensa, habló un poco sobre esta enfermedad, como médico, pero sobre todo como ser humano.

¿Cuáles son los retos que tiene la medicina en este tema?

El reto que tenemos es que no los entendemos todavía. No sabemos cómo crecen, cómo se desarrollan o porqué invaden el cerebro. Y el no saber la ideología y la patofisiología nos impiden encontrar las curas adecuadas.

Además, las medicinas no entran al cerebro, porque el cerebro tiene una barrera muy fuerte que no permite que la droga entre. Y es por parte de la evolución, porque lógicamente hay muchas cosas que podrían entrar al cerebro y te podrían enfermar.

¿Cuál es la situación actual de la enfermedad?

Primero hay que definir y entender bien. Hay tumores que son cancerosos y muchos de ellos no lo son. Pero aunque son benignos, pueden ser peligrosos por su localización.

Aquellos que son cancerosos se dividen en dos partes: los que nacen en el cerebro y aquellos que nacen en otras partes del cuerpo y se van al cerebro.

Los tumores que nacen en el cerebro no son muy comunes, por ejemplo, en Estados Unidos hay unos 30 mil casos al año. Tenemos pacientes que han sobrevivido varios años con el tumor.

¿Puede hablarnos un poco de su investigación?

Estudiamos el cáncer. Cómo se desarrolla, cómo se mueve, cómo invade, cómo se duplica. Hemos hecho unos descubrimientos muy hermosos, como esos motorcitos moleculares que permiten que las células cancerosas se sigan duplicando a pesar de los tratamientos. Y hemos encontrado algunos frenos que les podemos poner.

Algunos de esos descubrimientos han sido motores moleculares y proteínas pequeñitas. Proteínas que se pegan a la pared de las células y que permiten que las células se vayan y se dupliquen. Hemos descubierto que algunas drogas pueden entrar y poner frenos, es decir, no permitir que las proteínas hagan su función en el cáncer.

Hemos logrado llevar drogas al cerebro, con nanopartículas que sí pueden entrar al cerebro. Las ponemos en células madres mesenquimales que obtenemos del tejido adiposo, las cuales sí pueden entrar al cerebro porque el sistema las reconoce.

De esta forma encontramos una forma de ponerle frenos a estas proteínas, que permiten que las células sigan invadiendo y multiplicándose.

¿Ya se está utilizando en humanos?

Tenemos dos estudios a fases tempranas, todavía no podemos decir que funcionan. Pero ya la estamos poniendo en seres humanos. Son trabajos de los últimos 20 años.

Eso nos permite tener los siguientes tratamientos y descubrimientos que nuestra siguiente generación va a estar utilizando para encontrar curas de esta enfermedad. Ya estamos reprogramando nuestro futuro.

Al escucharlo hablar se ve muy lleno de esperanza, ¿cómo el paciente se puede contagiar de esa esperanza que usted refleja?

Yo pensaba que mi rol en este mundo era encontrar la cura para esta enfermedad. Pero, en los últimos cinco años me he dado cuenta de que mi objetivo principal es darle esperanza al paciente. Las curas a veces llevan años en encontrarla y ejecutarlas. Pero eso no quiere decir que ahora mismo no pueda darle esperanza al paciente, porque la esperanza es la única emoción que es más grande que el miedo. Cuando le haces sentir al paciente que ellos son parte de la historia, que sus enfermedades no son en vano, que cuando obtenemos el tejido del quirófano, los pones en ratones y les hacemos sus avatars, así como la película, para así poder encontrar curas a lo mejor que no para ellos sino para sus hijos y nietos. Les das una esperanza increíble. Les hace sentir que son parte importante de la historia.

¿Cuáles son los retos más próximos a vencer?

Número uno: Encontrar esos motorcitos, las proteínas, que permiten que las células se muevan y se dupliquen. Y va a haber más de una, porque los tumores, los cánceres, son diversos, se mutan, han sabido cómo evadir la evolución.

Número dos: Una vez que se descubren los motores, saber cuáles son los pacientes que se van a beneficiar.

Número tres: Saber cómo le das los medicamentos, porque muchos de ellos no entran al cerebro. Tenemos que ser muy creativos, en mi caso utilizando nanopartículas, utilizando células madre. Es la forma en cómo vamos a sobresalir estos retos en el futuro.


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