Contrapicado: Cine y sociedad

Las señales que seguimos ignorando

Con el estreno en Panamá de ‘Señales’, la nueva película del director José Luis Rodríguez, se abre una conversación urgente sobre la violencia que empieza mucho antes del golpe. Más que una invitación a ver cine nacional, es una invitación a reconocer las señales a tiempo.

“Te salvas porque eres mujer”. Hay frases que no necesitan convertirse en golpes para doler. Escuché esas palabras horas antes de asistir al estreno de Señales.

Todo comenzó con un roce menor entre vehículos, bajo la lluvia. Lo que pudo resolverse como cualquier incidente de tránsito derivó en persecución, golpes contra mi auto, intimidación, gritos y aquella frase: “Te salvas porque eres mujer”.

Como periodista, pero sobre todo como mujer, me quedó resonando una pregunta: ¿qué significa exactamente “salvarse” por ser mujer?

Después llegó otra frase, quizás todavía más reveladora. Esta vez desde quienes debían intervenir: “Pero si no la agredió”.

Sí hubo agresión.

Y allí comprendí que el problema no era únicamente individual. También era institucional y profundamente cultural. Seguimos actuando como si la violencia solo comenzara cuando un puño toca el cuerpo, cuando aparece un moretón, cuando corre sangre. Como si perseguir, intimidar, golpear objetos, gritar, amenazar o provocar miedo no fueran también formas de violencia.

¿Cuántas mujeres han escuchado alguna vez que están exagerando? ¿Cuántas han sido tachadas de conflictivas, histéricas o locas cuando intentan explicar que sienten miedo? ¿Cuántas terminan desistiendo porque denunciar supone atravesar otro interrogatorio sobre si aquello que vivieron fue “suficientemente grave”?

Las señales que seguimos ignorando

Quizás por eso Señales llega en un momento necesario.

Durante cinco años, su director, José Luis Rodríguez, investigó junto con la doctora Gilma de León y Fundagénero historias reales y los patrones que preceden a la violencia extrema. Y la película consigue algo perturbador: no coloca frente a nosotros monstruos de caricatura.

Coloca personas.

Personas que se enamoran. Que sonríen. Que trabajan. Que tienen familia. Relaciones que inicialmente parecen normales y en las que lentamente comienzan a aparecer el control, la manipulación, los celos, la violencia psicológica y esa transformación silenciosa que convierte el afecto en miedo.

La naturalidad de las actuaciones hace todavía más incómoda la experiencia. Porque resulta difícil refugiarse en la idea de que aquello pertenece solamente a la ficción.

Lo hemos visto.

Quizás incluso hemos crecido alrededor de ello.

El tío que gritaba. El padrastro que golpeaba. La pareja que humillaba. La madre que callaba. Los niños que aprendían mirando. El vecino que escuchaba detrás de la pared y decidió subir el volumen del televisor.

Y también está quien observa y no interviene.

Durante el incidente que viví, me impresionó observar a un padre permanecer prácticamente inmóvil frente a la conducta agresiva de su hijo, mientras la madre intentaba intervenir y era apartada. Esa imagen también es una señal. Porque los patrones no solamente sobreviven por quien ejerce violencia. Sobreviven gracias a los silencios que los rodean.

Nos hemos contado, además, otra mentira tranquilizadora: que la violencia pertenece a determinados barrios, niveles educativos o condiciones sociales.

No es cierto.

La violencia también habita oficinas, universidades, laboratorios, empresas e instituciones. Puede hablar varios idiomas, tener títulos universitarios, investigar, enseñar, dirigir organizaciones o exhibir una impecable hoja de vida.

El conocimiento no garantiza humanidad.

Los títulos no enseñan empatía.

Y el privilegio tampoco inmuniza contra la violencia.

Por eso esta conversación tampoco puede descansar únicamente sobre los hombros de las mujeres. Los hombres tienen un papel fundamental. Hay heridas que deben sanar, modelos heredados que necesitan cuestionar y patrones de masculinidad que deben romper antes de transmitirlos nuevamente.

No se trata de demonizar a los hombres. Se trata precisamente de incorporarlos a una conversación de la que demasiadas veces permanecen ausentes hasta que ocurre una tragedia.

Porque el femicidio no comienza con un asesinato.

Empieza mucho antes.

Empieza con el control disfrazado de amor. Con la humillación convertida en broma. Con el primer grito que alguien justificó. Con la amenaza que nadie tomó en serio. Con la mujer a la que llamaron exagerada. Con el vecino que escuchó y prefirió no involucrarse. Con la institución que preguntó: “¿Pero le pegó?”.

El Estado tampoco puede esperar el primer golpe para creer.

Señales nos obliga a mirar precisamente ese territorio incómodo: todo lo que ocurre antes.

La película se exhibe en la Sala de Arte de Cinépolis Multiplaza y cuenta con una sola tanda. Su permanencia en cartelera dependerá, en buena medida, del respaldo del público.

Vale la pena ir.

No solamente porque apoyar Señales significa respaldar al cine panameño, sino porque sentarse frente a esa pantalla puede obligarnos a sostener una conversación que llevamos demasiado tiempo evitando.

Quizás salgamos incómodos.

Mejor.

Hay silencios mucho más peligrosos que la incomodidad.

Porque las señales nunca han faltado.

Lo que nos ha faltado es decidir dejar de ignorarlas.

Las señales que seguimos ignorando

La autora es periodista y docente universitaria.


Última Hora

  • 05:05 Los casos de Barrio Norte y David: sin representantes, en un limbo jurídico y con miles de afectados  Leer más
  • 05:03 Vamos comienza a recoger firmas para constituirse en partido Leer más
  • 05:02 ‘Estamos viviendo con el desastre y tratando de arreglarlo de atrás para adelante’: el Arquiterror Leer más
  • 05:02 Las señales que seguimos ignorando Leer más
  • 05:01 El Niño vuelve a poner a prueba la matriz eléctrica de Panamá Leer más
  • 05:01 El arte conciencia de Víctor Álvarez  Leer más
  • 05:01 PASE-U: fechas y lugares para retirar tarjetas del 31 de agosto al 5 de septiembre Leer más
  • 05:00 Hoy por hoy: La lección de la descentralización Leer más
  • 04:00 La espada de Damocles sobre la libertad de expresión Leer más
  • 03:29 El país que confronta la escasez de agua con sistemas hídricos abandonados Leer más