El punto de mayor esplendor del Nuevo Periodismo en Estados Unidos ocurrió entre las décadas de 1950 y 1960. Es un movimiento en que periodismo y literatura se vuelven a encontrar las caras, en una unión estrecha que viene de los lejanos tiempos de la imprenta de Gutenberg.
En esta corriente se enriquecieron los hechos comprobables del reportero como las situaciones imaginadas por el narrador de ficción. En ese ejercicio ganaron la crónica, la entrevista y el reportaje, y se enriquecieron el cuento, la novela y el ensayo.
El Nuevo Periodismo tiene como portaestandartes en Estados Unidos a Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe, Gay Talese y a Hunter S. Thompson. En América Latina esta renovada forma de contar tuvo como excelsos representantes al argentino Roberto Arlt y al colombiano Gabriel García Márquez, entre otros.
Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) se siente heredero del Nuevo Periodismo. “El periodismo es mi contacto con el mundo. Luego traigo ese mundo al estudio del novelista”, comenta este autor colombiano que estará en el Hay Fórum Ciudad de Panamá el 23 y 24 de enero de 2024.
Comparte que todas sus novelas comienzan con un acto de periodista. Cada una inicia con un encuentro con alguien cuyo hecho le interesa porque revela un momento histórico o sugiere un conflicto vinculado con la realidad social. “Son estrategias que siempre forman parte de la estructura de una novela”.
En su caso, ese misterio por resolver siempre arranca con una entrevista a una persona o una investigación, parecida al reportaje, sobre lo que desea brindar a sus lectores. “Siempre me ha gustado ser como un periodista. Me gusta entrevistar. Cuando era joven entrevisté a los escritores que admiraba. Fueron conversaciones muy provechosas porque aprendí mucho. Además, siempre me ha gustado hablar de literatura”.
“El periodismo es una gran escuela de escritura de ficción por varias razones. Porque el periodismo enseña control, uno tiene un tiempo y un espacio límite. Esto te obliga a controlar las oraciones, las frases, los párrafos, para hacerlos más eficaces, y el periodismo te enseña a crear títulos atractivos y funcionales”, señala quien conversará sobre su obra con la abogada Olga de Obaldía (Panamá), el miércoles 24 de enero, a las 5:00 p.m., en el Teatro Anita Villalaz (programa completo en www.hayfestival.com/forum/panama).
El oficio periodístico también entrena a desarrollar la curiosidad por los otros. “Curiosidad que espero que todos los escritores tengamos. El periodismo enseña a hacer las preguntas adecuadas, a mirar la realidad con ojos del reportero para reproducir los detalles de una escena para que cobre vida sobre una página”, indica quien por su novela El ruido de las cosas al caer obtuvo el Premio Alfaguara (2011).
El gran Gabo
La presencia del Gabriel García Márquez periodista es inmensa sobre Juan Gabriel Vásquez. “Gabo fue un columnista que yo sigo leyendo y admirando, del cual sigo aprendiendo, en especial el que escribía para el periódico colombiano El Espectador en la década de 1980. Son textos maravillosos. Gabo comenzó como columnista desde muy joven. Después fue reportero y de allí lo aprendió todo”.
“Sus reportajes sobre América Latina o la Cortina de Hierro son prodigios de observación y meticulosidad. Él decía que un cuento es como una crónica en la que todo es ficción y una crónica es un cuento en el que todo es real. Con eso en mente uno puede guiarse en la escritura de ficción”, resalta el autor de la novela La forma de las ruinas (finalista del Man Booker International Prize, 2019).
Como lector ve con absoluta vigencia clásicos de Gabo en los que fusiona periodismo y literatura como Relato de un náufrago (1970), Crónica de una muerte anunciada (1981) y Noticia de un secuestro (1996).
Define como una criatura extraña a Crónica de una muerte anunciada. “No se le ha reconocido lo suficiente. La seguimos leyendo como una novela sin demasiados adjetivos, cuando su estrategia es muy original y novedosa dentro de la literatura latinoamericana: esa inclusión del narrador que habla de sus recuerdos, que reconstruye muchos años después los pormenores de aquel día nefasto”.
Piensa que hay un gran espacio entre Relato de un náufrago y Noticia de un secuestro. “Que es la distancia de la vida de Gabo. Relato fue escrito por un humilde reportero de a pie que se encuentra con esta historia de un náufrago y que, a partir de entrevistas, más terquedad y constancia, logra armar una historia, que ya se había contado en la prensa colombiana, que se convierte en una novedad absoluta”.
Mientras que cuando aparece en las librerías Noticia de un secuestro estamos ante un célebre ganador del Premio Nobel de Literatura. “Ya es un escritor que todos los presidentes del mundo invitan a sus casas. Todos le quieren hablar de lo que él quiera, no tiene que buscar nada. Es como un emperador que se sienta y el mundo viene para decirle lo que él quiere oír”.
El séptimo arte
Con el tiempo, Juan Gabriel Vásquez ha descubierto que le gustan las interpretaciones cinematográficas que son libres, en cuanto a la mirada que ofrecen del libro de ficción en la que se basaron o se inspiraron. Cree más en esas propuestas que distorsionan el texto original, aunque al escritor le disguste el resultado que se ve en la pantalla grande de la mano del director y el guionista.
Las propuestas más fieles, las que más se obsesionan por reproducir las páginas del libro, son las películas más insatisfactorias. “Porque cine y literatura son dos lenguajes distintos. Tratar de reproducir exactamente un libro en imágenes no se puede. Pienso en El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola, que de paso es una de mis películas favoritas. La novela de Mario Puzo se prestaba mucho para adaptarla al cine por su construcción narrativa”.
Otro ejemplo satisfactorio para el colombiano es La naranja mecánica (1971), de Stanley Kubrick, que su autor, Anthony Burgess detestó, pero que a Juan Gabriel Vásquez le encanta. “Las películas que no me agradan son las que se han hecho, por ejemplo, de las novelas de Philip Roth y Gabriel García Márquez, que han tenido poca suerte en ese renglón. Y no por falta de talento de los directores o guionistas, sino que están hechas del buen hacer y de buenas intenciones, pero han sido presuntuosas en su trato con el original. Una adaptación de novelas hechas de lenguaje es terriblemente difícil pasarlas a las pantallas”.

